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sábado, 7 de septiembre de 2013

LIBERTAD: GENUINA FELICIDAD

 

 

Hace dos años publiqué un poemario titulado “40 Poemas a la Libertad”, inaugurando una etapa en la que me dedico a elogiar como valor supremo de la consagración humana la Libertad. Cuantos más poemas preparo, más claro tengo que aquellos en los que el alma de los escritores canta auténticamente, emitiendo una voz que es profunda y completa, es en los que la libertad alienta, y el escritor o creador siente la libertad corriendo por sus venas.

Efectivamente, creo que la felicidad más absoluta, la que no tiene fin, la que nos da pulmones, y músculo, y nos cambia la vida, es el sentimiento de Libertad. Cuando veo decálogos sobre cómo alcanzar la felicidad o cómo llegar al colmo de la existencia, siempre me parecen parciales, como si llegar a culminar la vida en felicidad fuera algo imposible, inconmensurable, y eso implica un sinsentido.

Ahora bien, la prueba de la libertad pasa con muchísima holgura el test de felicidad que siempre obsesiona a las personas. Uno es profunda, inmensamente feliz desde el momento en que alberga libertad en el alma. parece una cosa tan simple que pocos se dan cuenta de ella.

Es una especie profunda de propiedad, este sentimiento. Uno se siente dueño de la vida cuando puede sentir la libertad en vivir. Y luego cuando es posible otearla, vislumbrarla bien lejos, discernir sus muchas formas de cuadrar en la vida cotidiana, de hacer aparición, cuando la libertad cura todas las heridas y las obsesiones producidas por ellas, cuando adormece y palía todos los traumas, genera una felicidad a la que abandonar la cabeza que es una forma de aliento vital único, grandioso, convirtiendo la vida en una epopeya, y provocando una ebriedad que vuelve al ser creador, fructífero, simpático. El sentimiento de la libertad en la vida es como un fuego intenso que arde en el alma. Sin nombre, sin origen ni causa, sin razón,  con él llega uno a sentirse un rey. Realmente quien siente la libertad en la vida es coronado en su alma como un emperador de la misma.

No hablo, por supuesto, de condiciones físicas, de circunstancias vitales corporales o sociales. La libertad anímica nada tiene que ver con todas las condiciones materiales de la existencia. Al contrario, a menudo se siente uno libérrimo en medio de la más espantosa constricción. A menudo el sentimiento de ser libre llega tras aceptar la esclavitud, paradójicamente, o el dolor, o tras un acto de aceptación de cualquier merma en el alma. Lo que sí es cierto es que cuando el viento de la Libertad sopla una vez en la vida, tiende a instalarse y a no cejar, a teñir todo de su matiz y a cambiarlo todo. No hay fuerza activa más energética para el individuo, tras ella siempre hay acciones y decisiones que renuevan la vida y refrescan la dimensión de la existencia del ser humano. Y una vez que se respira dentro de su traje, la felicidad absoluta y absolvedora que genera te levanta literalmente por encima de la condición humana para que puedas volar, sin tener propiamente alas.

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