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jueves, 7 de junio de 2018

DIOSES (a la manera griega)

¿Dudas de la existencia de los dioses?
¿No notas su fuerza en el sol
que este día empuja?
¿dirías que no es una fortuna
de su capricho
haber sido expulsado
al campo donde crece
las espigas ?
¿Acaso crees que no existe
ese impulso que hace la belleza?,
¿ese enmarañarse  de lo perfecto,  de la armonía prodigiosa? 

¿Son tus obras 
tus perfecciones?

Ten piedad  y sé  un hombre verdadero.
Los dioses te atraviesan, 
hacen para tu alegría los milagros,
juegan con tu fuerza
y con tu arte, crean, completando.

Reman en el océano de los días.

Mira qué  audaces flechas disparan 
para marcar el periplo de esta vida.

martes, 8 de mayo de 2018

VAMOS A PEOR


Visito estos días Cerdeña, en Italia, y no puedo evitar constatar que comparando la situación italiana y sarda actual con la Española, España obvia y clarísimamente VA A PEOR. Se ve, por ejemplo, en el equivocadísimo modelo de desarrollo, insostenible, injusto y destructivo de todo futuro y de todo recurso del país. Se ve en el ambiente que se vive de crispación constante, constante escandalera, violencia estructural y mal rollo ambiental, dentro del que nos movemos y nadamos como peces en el agua. Se ve en el clima de denuncia y total criticismo impotente que no genera ningún cambio de actitudes generales, y solo sirve para crear griteríos en las redes sociales mientras la sociedad española va dando cada día un paso atrás en su desarrollo humano. Se ve, y esto solamente es un muestrario, en la suciedad, la falta de educación, la agresividad, la miseria general con la que todo se trata y que todos debemos sufrir, en el trabajo, en la calle, ante los animales y la naturaleza. España va a peor. Decididamente sí.

Cerdeña es una isla del sur de Italia, aparentemente afectada por las diferencias económicas y sociales del norte y del sur del país, aparentemente golpeada por la crisis como nadie y por otros problemas históricos. Y sin embargo, VAN A MEJOR. Es una sociedad serena y pacífica, que está formada por los sardos, gente que sobre todo y por encima de todo ama su país y su tierra. A diferencia de los españoles actuales, que están siempre enmierdando física y psicológicamente a su país, aquí los sardos dedican toda su ganancia y riqueza al país mismo, a sus casas, al bien común. Gente no afectada por la crispación, disfrutan de su clima -muy similar al nuestro-, de su historia, han sabido no abandonar sus tradiciones y no enloquecer con el turismo. Más pobres en industria que España, sin embargo los sardos son más ricos en sabiduría y en verdaderos bienes y valores: el cuidado de la agricultura tradicional y las formas artesanales de trabajo, el respeto y hasta adoración por las cosas antiguas, que les hace, por ejemplo, respetar un árbol enorme aunque esté levantando con sus raíces el hormigón de un paseo urbano. En España ni uno de los árboles que abomban a decenas los paseos habría subsistido a las ansias de los "jardineros" y de los "expertos" en jardines españoles. Habrían arramplado con todos. Y así nos va: nuestras ciudades tienen árboles enfermos, raquíticos, o muñones que han quedado ensangrentando el suelo. Vamos a peor.

 Los sardos se han tomado con calma, cuando han visto sus efectos, la turistificación de la isla. Aunque el norte de la misma está degenerado, no dejarán que eso ocurra en el sur ni en las otras costas. Han entendido que hacer "Ibizas" de las islas mediterráneas es un suicido social, moral, económico y ecológico. El dinero destroza la tierra. Destruye paisajes, ahuyenta a los pájaros -aquí vives y duermes constantemente acompañado de los pájaros, en una ciudad como Cagliari-. El ansia de desarollo desaforado, o quizás el terror a la crisis, llevan a una sociedad crispada, atontada, desorientada, que adopta un estilo de vida suicida, y al mismo tiempo, agresivo. Una ceguera total está destruyendo los recursos en España para generar dinero a espuertas que no redunda en verdadero beneficio común. Ignorante en grado sumo, el país ha abrazado el nuevorriquismo y el culto al dólar, destruyendo su único patrimonio ambiental verdadero. 

En España vamos a peor porque no hay un sentido constructivo de la vida: se sobrevive, con pánico a la crisis, con odio a los causantes, con inconsciencia hacia sus efectos. Estamos generando una sociedad atontolinada con las nuevas tecnologías, amante del consumo, y con un pésimo sentido del desarrollo humano, que todo lo cifra en la masa media, el consumo desaforado y los fenómenos virales más estúpidos. Ahora mismo el España no se construye nada: se destruye, como modo de vida. Eso es fatal para nuestra sociedad.

La capacidad creativa y de iniciativa está agotada y amordazada por unos medios sociales que tienen una función fundamentalmente laxante y destructiva. La sociedad española se debate en la impotencia, porque no es capaz de desbancar a un partido corrupto en el poder, por pánico a que ello haga volver los peores años de la crisis. Esta sociedad no apuesta por su crecimiento, ni por un cambio. Es cobarde y negativa. Sabe denunciar, pero no sabe ensalzar lo nuevo ni detener los fenómenos de odio. Vive en un hábitat de conflicto constante. Todo es deleznable, todo es mentira. Y nuestra historia es objeto, en las redes sociales, del mismo ataque al entorno, que no construye nada nuevo.  

A 7 años del 15-M vamos a muchísimo peor que por entonces.  Nuestra revolución se ha quedado en una caricatura que vocea en las redes y cada cierto tiempo se adormece. Tenemos una España cruel, insensible y violenta, en todos los sectores. Una España quemada y estresada en su propia opción política y económica, que es incapaz de saludar al sol o a la primavera salvo para sentir cómo puede sacarle un partido personal. Una sociedad crispada y negra, sucia y poco empática. Donde todo el trabajo de generar una democracia y un sistema económico justo está abocando a un país de gente loca y mala. Donde los políticos, del primero al último, están por beneficio personal y no tienen personalidad ninguna.

Yo espero que toda esta miseria tenga un punto final. Necesitamos un cambio político y líderes que recuperen la sabiduría, la serenidad, que orienten hacia los verdaderos valores de la sociedad: la paz, la tranquilidad, el bien repartido entre clases y entre géneros y especies, la justicia y dignidad de la vida humana, el cuidado de la riqueza esencial del país: su clima, su tierra, sus frutos, su alegría. Necesitamos salir de ese clima de terror y de sometimiento a la miseria, hacia un país de valientes que arrostren la crisis sin miedo, que echen a los corruptos sin pensar en lo que pierden con ello. Necesitamos amanecer a cuál es el verdadero sentido de una nación, de una comunidad en una tierra, porque hoy por hoy vamos completamente equivocados de camino.



lunes, 30 de abril de 2018

LA TRADICIÓN OCULTA

Leyendo el fabuloso y sagaz texto sobre Mitología Creativa de Joseph Campbell, puede una asombrarse de la capacidad de captar lo esencial que hay en los autores de esa tradición oculta de conocimiento superior que caracteriza, saltando nacionalidades, generaciones o idiomas, a los grandes investigadores de todos los tiempos. Y es que hay una línea de estudiosos en literatura, mitología, filosofía, religiones,ciencia o arte, y en todos los otros sectores del pensamiento, que nos permite rescatar los hitos esenciales, y a fondo, de la tradición oculta de nuestros propios países.,recuperando para el futuro la historia verdadera de cada cultura.


Campbell no solo se hace eco, sino que restaura en todo su esplendor, la tradición creativa en España.  Esa misma tradición que es tan desconocida a los mismos historiadores comunes del país, que ni han oído ni quieren saber de la incidencia y el poder que en nuestra cultura tiene la fuerza creativa auténtica. Arranca, ni más ni menos, de una secretísima línea simbológica en las culturas megalíticas del territorio español, en las que encuentra, sin duda guiado por Marija Gimbutas, formas del culto a la Diosa que son paralelas a las que se dan en el Mediterráneo oriental y en el norte de África, y halla una primera conexión entre los cultos agrarios y los misterios de la Edad de Bronce en España y los que se dieron, refinadísimos, en áreas del Egeo, en Egipto y en Persia, milenios antes del nacimiento de Cristo. En esa línea de tradición secreta continuaron las culturas hispánicas centradas en los suaves símbolos megalíticos, lunares. matriarcales y unidos a la resurrección, que, según Campbell, pasaron desde España y Portugal hacia Gales y que constituyen un creciente lunar de desarrollo cultural en Europa, enfrentado directamente con los aspectos masculinos, cazadores y unidos al culto al dios poderoso que llegaron con los indoarios al centro de Europa.
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Pero Campbell continúa su dibujo cultural mostrando cómo el corpus de las tradiciones de oriente no dejó de conectarse con la cultura europea mediante la española, durante muchos milenios posteriores. Así, en la misma tierra que conocía los cultos a las grandes damas y la tradición de los dólmenes y las cuevas pintadas con animales sagrados, surgió una civilización en el primer milenio después de Cristo capaz de recuperar, desarrollar y potenciar la unión con el mundo de oriente próximo. Hablamos de cómo, como narra Campbell, en 1143 el abad de Cluny visitó los monasterios españoles y conoció a un obispo español llamado Ramón de Sauverat, bajo cuya dirección se traducían en España, del árabe, no solo cientos de textos griegos, sino los comentarios a las grandes obras de los filósofos clásicos desconocidos en Europa, realizados por los pensadores árabes, gracias a quienes este legado llegó a las universidades europeas.
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Es una tradición oculta que España fue esencial en la conformación del pensamiento occidental. Mediante las traducciones españolas, directamente del árabe, de autores como Aristóteles, Plotino, Euclides, Ptolomeo o Galeno, la ciencia entró en Centroeuropa, habiendo salido de Grecia y Roma hacia el sur, donde había sido cuidadosamente custodiada por los árabes. La cultura europea no es nada sin la influencia literaria, fabulística, de costumbres y saberes, de la España musulmana y de la España multicultural a la que se llegó en la era de Alfonso X el Sabio, con su esplendorosa Escuela de Traductores de Toledo, que es un milagro cultural hoy todavía muy lejos de superarse. En la España del siglo XIII, y como dice Campbell, por su conducto, en las nacientes universidades europeas, se imitaba, se admiraba la cultura simbiótica del país hispano en la que los conocimientos de los orientales eran asimilados, traducidos, comentados, y retraducidos, por una ingente generación de eruditos, como Gerardo de Cremona (114-1187), a quien nadie conoce hoy quizá (en la wikipedia lo describen como italiano), pero que fue un creador y compilador de no menos de 70 obras, muchas de ellas de gran volumen, y que contribuyó, como tantos otros, a la formación de nuestro pensamiento básico, de las ideas que conformaron la Europa moderna.


Pocos autores de la historia del pensamiento conocen la influencia pasmosa que la cultura mosáica española generó en las universidades, igual que pocos conocen, por ejemplo, que los libros que los árabes traían, del Pachatantra hindú a las obras de Aristóteles, fueron primero traducidas al castellano, en fechas tan tempranas como el año 1080, y de ahí, siglos después, al aleman o al inglés, y que los pensadores del siglo XI, XII y XIII bebieron de las fuentes españolas porque en ellas se conservaba la tradición oculta que inspiró, por supuesto, La divina comedia  a Dante y la Summa Theologica al mismo Santo Tomás, influidos ambos, profundamente, por Ibn Arabi de Murcia o por Averroes de Córdoba. Como los españoles no somos proclives a rescatar nuestra influencia oculta, perdemos el sentido de quiénes somos fácilmente.

Ahí están, sin embargo, puntales del pensamiento y la investigación en nuestro país que como Campbell, no olvidan y reconocen esa tradición secreta que nos coloca en el epicentro cultural europeo en tantos momentos clave de la historia. Uno de ellos, muy olvidado y escodido por nuestra cultura oficial, es el arabista y experto en la España musulmana Miguel Asín Palacios, profesor y sacerdote cuyas obras siguen y seguirán siendo una clave de bóveda para construir el verdadero edificio de la tradición científica española.

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Asín fue experto en la época de convivencia entre la cultura musulmana y la católica, y sobre todo, mostró la belleza, poder e influencia de algunos de los maestros pensadores andaluces y murcianos, como Ibn Arabí o como Avicena sobre la cultura europea. Asín descubrió cómo La Divina Comedia, obra cumbre de la literatura medieval y europea de todos los tiempos, se inspira directamente en la obra del sabio murciano y a su vez en el llamado Viaje o Escala de Mahoma. La influencia de la cultura árabe llegó a Dante por su maesto, Bruno Latini, quien visitó España en pleno apogeo cultural de Toledo, como hacían muchísimos maestros europeos porque era en España donde se sabía y conocían las obras fundamentales del pensamiento, que entonces eran árabes.

También Asín Palacios descubre cómo Santo Tomás de Aquino, influido por su maestro Maimónides, también se inspiró e imitó flagrantemente las obras y comentarios de Averroes en su obra teológica esencial, y cómo se inspiró en las fundamentaciones lógicas y místicas complementarias de los sabios árabes sufíes para escribir su Summa, sencillamente porque estas obras eran esenciales, eran la clave del desarrollo intelectual necesario en el mundo del siglo XIII. La tradición de riqueza de conocimientos que España trasladaba, y seguiría trasladando, en una tradición secreta, porque se ignoró por la escritura oficial de la historia europea de la cultira, es inmensa.

Una vez que en la reconstrucción del relato cultural ni la propia España ni Europa tuvieron en consideración el legado mediterráneo esencial, ni el papel de ligazón que nuestro país tuvo y tendría posteriormente frente al mundo de riquezas espirituales de Oriente, la tradición quedó oculta y secreta.  Nada explica la potencia filosófica y mística española como conocer esta tradición oculta: no se explica ni la mística, ni la literatura española posterior de sus siglos de oro, ni la hondura y profundidad de un Ortega, de una Zambrano, de una Santa Teresa o de un Machado, sin remitirnos a la tradición oculta cultural española.

Hoy oímos a muchos comentaristas sin lectura, a historiadores sorbidos por la tradición anglosajona, a muchos ignorantes también, hablar de la incuria cultural española y la barbarie de este territorio, afirmando que nunca se distinguió por el refinamiento ni por las raíces profundas en la ciencia o la cultura y que en España las creaciones culturales son sorpresas inesperadas. Nada más falso ni más inculto. La tradición a la que los grandes autores nos remiten está ahí, escondida en nuestra propia desmemoria.

viernes, 23 de marzo de 2018

PROFESORA DE UNIVERSIDAD (RETRATO)

Hace muy pocos días estuive presente en una lectura de poemas con motivo del Día de la Poesía en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense. Esta Facultad tiene siempre un aura entrañable de verdadera vocación universitaria, pues sus alumnos, en muchos casos, aman profundamente lo que estudian y acuden allí por pulsiones bien profundas, lo que le da ese carácter tan especial al Centro.

La profesora Fanny Rubio, que es Catedrática allí, hizo la Introducción, y luego leyó algunos versos de los autores homenajeados en el acto, como eran Vicente Aleixandre y Miguel Hernández. Es habitual, que en los entornos filológicos, y por la tendencia de moda académica, los expertos hagan grandes exposiciones muy completas y ricas, pero infatuadas o relamidas, y a veces hasta competitivas o blindadas de erudición, en las que se pierde completamente la experiencia poética, digamos que por exceso de celo.

Pero la profesora Fanny Rubio mostró una simplicidad en su modo de transmitir y mostrar una sabiduría profunda, centrada, y  exacta, que me impresionó profundamente. Sobre todo, por su tono, su actitud y por esa capacidad erudita pero libre,  amiga y enseñante, que transmitía a los estudiantes, completamente desnuda de todo ripio,  de solemnidad o cursilería, la experiencia poética.

En un buen profesor, sea de poesía o de los contenidos que sean, no hay impostación ni autoridad infatuada, no hay falsedad y sí un rasgo muy característico, que yo llamo simpatía universitaria, o compañerismo universitario. Es una capacidad solar de extender la complicidad con el conocimiento, la apertura hacia el universo y sus secretos, y al mismo tiempo, una sencillez, una humildad incluso, que son rasgos propios del auténtico profesor de universidad, que pone todo al servicio de la comunicación.

En una auténtica profesora, como Fanny Rubio, la sabiduría se expande como se expande el agua fluida. Introduce a los estudiantes en un medio, en una atmósfera, en un universo, de manera libre, como se va uno de paseo, como se aventura uno en un jardín. Como si invitara uno a los estudiantes a conocer el jardín del conocimiento y la creación humanas, visita apasionante que solamente alguien que la comparta con nosotros nos puede permitir. Ese saber hacer, esa gentileza, es el rasgo del profesor de universidad. Y no otras memeces acreditadas o indexadas.

Hay una necesidad de que los profesores sepan adentrar con naturalidad a los alumnos en el conocimiento, y eso se consigue con la sencillez o simplicidad. Hay incluso, en el fondo, una relación infantil o juvenil,  hasta maternal, que se basa en ayudar a hacer surgir experiencias brindadas a una comunidad de iguales, que permite transmitir espíritu e ideas a la nueva generación.  Para mí, eso es la Universidad: el mundo donde la libertad se convierte en la atmósfera que transmite el verdadero conocimiento.

En la verdadera universidad se crea un auténtico milagro. La libertad de pensamiento, el libre acceso al conocimiento, el largo tiempo cedido a la formación, constituyen una atmósfera, un campo. La universidad es un campo en el que se aprende la esencia de lo que es la vida. Y por eso tiene todas las características del campus, en el sentido de mundo donde se ofrecen con amistad los frutos del conocimiento humano a sus verdaderos poseedores que son los jóvenes, y para ello, hay que crear amistad, hay que crear una relajación primaveral de las tensiones, peligros y amenazas de la vida, para poder sembrar una actitud que es clave, la valentía y el coraje de cambiar el mundo, de abrazar las tareas, de progresar.

Eso solo se consigue en un mundo que protege la libertad, camaradería de iguales, por medio de auténticos profesores como Fanny Rubio. Incluso en un mundo muy formalizado, muy ensalzado en sus bellezas, como el de la poesía, hay que tener la libertad, la simplicidad, la familiaridad, que nos pone a la misma altura de sus grandes creadores y de la naturaleza que plasmaron.

Así, un profesor universitario es un valor social único y maravilloso: en realidad es un raro especímen que abandona la impostación erudita o la pompa del sabio para comunicar a los chicos, en una verde extensión de libertad e igualdad de trato, las raíces profundas del conocimiento, la acción y el compromiso, que son la verdadera formación. Con esa anchura regalada para que, desde ese alma máter, se permita nacer, con la necesaria suavidad, seres libres y comprometidos.

martes, 13 de marzo de 2018

CONEXIÓN HOMBRE Y PERRO

Los que tienen perro y comparten la vida con estos animales tienen una conexión con estos animales que dista mucho de ser simple y de poder entenderse sin más. El tipo de relación, de mutuo entendimiento y sacrificio, de identificación y de dependencia, es lo que los hindúes considerarían kármica, o lo que para los griegos sería un destino.

Tener un perro es una decisión que aparentemente no implica ningún proceso excesivamente complicado psicológicamente. Sin embargo, abrir la ligazón con un animal, compartir su tiempo vital y que él comparta el tiempo humano, entrelazar las situaciones de plena euforia pero también de angustia y dolor, que inevitablemenete se darán en la vida del conjunto hombre-perro, es algo muy profundo y valioso. Creo que esa pulsión profunda con el animal, que llega a vincular ambos corazones en un entrelazamiento de vivencias completamente excepcional -se trata de dos especies distintas- es un logro humano especial y único.

Los perros y los hombres que unen su existencia en pares o conjuntos, destinados a vivir las experiencias el uno del otro, a sentir el trascurso de la vida del animal como algo paralelo y muy cercano, a lo que hemos decidido atender con nuestro corazón, viven otra vida diferente a los que solamente conviven con seres humanos. La vida interespecie es muy traumática porque los ciclos vitales y las peripecias de dos especies diferentes que se ayudan o conviven o trabajan juntas es desigual y está llena de complicaciones, aunque también, de alegrías únicas y de sentimientos fortísimos de comunicación más allá de las fronteras de lo humano.

Tener un perro, para los habitantes de las ciudades modernas, es sin duda un trenzado de sentimientos muy profundos que surcan el mundo de lo suprarracional, de lo que va más allá de tiempo y espacio o de interés y lógica, y vinculan al humano en lo hondo de su corazón con otra vida separada por un abismo de circunstancias y características diferentes. Al poner, como un puente de amor y de empatía, una conexión ante ese abismo, el ser humano no solamente siente a su perro, sino que siente el ser de otro modo, siente la existencia en su recortada definición que se escapa a toda mirada, siente el ser físico, limitado, particular, en el espacio y en el ciclo de la duración de una vida, de formas únicas. Eso sí, todo ello está envuelto en cariño y amor hacia el animal, y aparece como oscura percepción profunda, que muchas veces no se puede explicar.

La conexión entre animales y humanos está lejos de ser, todavía, comprendida en su hondura mayor. Porque se trata de una conexión kármica, que nos marca definitivamente, y que tiene que ver con el ofrecimiento de una existencia ligada a lo diferente, a lo que desaparece y se va en otro tiempo. Es también una ligazón que hace sentir al hombre un amor desconocido, que le revela parte de su propio alma. Es como la otra cara de la existencia, a la que tendemos un lazo, un vínculo de carne viva, cuando nos atamos o atamos a un perro.

sábado, 10 de febrero de 2018

EGO Y CREACIÓN VITAL



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Para el budismo, el único modo de ser feliz es buscar no únicamente el bienestar propio o de los seres amados, sino de todo el mundo. La imagen de Buda bajo el árbol de la vida, en completa armonía con el ser vegetal dadivoso que genera tantos bienes al hombre, es una buena simbolización del ser entregado a dar y recibir como un auténtico mediador, y la sonrisa tranquila del Despierto es muestra de que ése es el camino a la felicidad.

Esta es la única religión que ha mostrado el camino a la felicidad y el consuelo a todos los males, en la búsqueda de la felicidad ajena. Es la única creencia en la que se reconoce el carácter anegóico del alma humana, es decir, el hecho de que no somos egos, y que nuestro ser es en realidad un mediador, un medio. Nuestra capacidad de amor, empatía y completa simbiosis con lo amado es una buena prueba del fondo anegóico del alma humana, que puede sentir absoluta felicidad viendo la de otro ser, y negando la propia. Esta profunda verdad es también la explicación del ciclo de la vida y la muerte, y hasta de la felicidad y la desgracia en el mundo, que no son sino resultado de las disoluciones y de las concentraciones de energía creadora en los seres de la Tierra.

La paradoja está en que cuanto más mediamos en la extensión de la vitalidad y la energía bondadosa, más crecemos, y cuanto más acumulamos solo en nosotros esa vitalidad y energía, más disminuimos. La naturaleza humana, de acuerdo con el budismo, y con todos aquellos que han percibido esa increíble extensión del yo en los otros, es algo parecido a un fluido en un vaso comunicante. Cuanto más da, más se extiende, y crece en su capacidad de disfrutar lo que comparte. Cuanto más acumula, más se encoge y decrece en sentimiento. Esto explica la infelicidad supina de los que lo tienen todo y acumulan de más,la infinita tristeza de los que ven a su lado la pobreza y miseria sin acudir a ayudar, y la suprema felicidad de los que no tienen nada, pero se han dado en todos los sentidos a un universo con el que están en simbiosis y que alienta en su espíritu.

Esto que es un principio de felicidad espiritual, es igualmente cierto en el mundo del arte. Así, en la creación, el ego del artista es uno de los más temibles impedimentos para conseguir una expresión armoniosa, porque actúa como una barrera que limita la conexión con la energía creadora que fluye a través del artista. Dicha energía no es él, ni su talento, ni radica en su persona. Es algo impersonal, que está en el entorno o que fluye desde otros artistas o formas creadas, con lo que el artista conecta y a lo que aporta la forma y el aspecto individual de la creación.  Pero el artista o creador desconoce adónde le va  a llevar la expresión que acoge, ni qué destino tiene como creador. Su ceguera en este sentido es absoluta y providencial, porque de ella depende la grandeza infinita que puede llegar a hacer y sentir. El artista tiene en sus manos el universo mismo, si se hace tal. Tiene que generar una obra poniéndose al servicio de la misma, y no poner la obra de arte al servicio de su ego de creador, en cuyo caso la obra se encastra y encajona en un nicho.

Podemos imaginar que esta teoría choca frontalmente con el culto al ego creador, al inventor o al autor, en el que estamos tan engolfados en la cultura moderna. Y realmente, cuando abrazamos la idea anegóica de la creación esta se hace mucho más vital en todos los campos. Un profesor atento solamente a enseñar aquello que sabe que es esencial, y no al efecto que causa, es triplemente eficaz. Un escritor centrado en su escritura y descuidado de su imagen de tal, es mucho más auténtico que esos otros que empiezan por crearse una imagen pública y luego se ponen a escribir, sin llegar nunca a satisfacer sus propias exigencias. Todos los creadores son comunicadores, y por ello, deben respetar la ley de la atrofia comunicativa que explica cómo cuando un medio se adhiere a un mensaje debe suprimirse como elemento y asociarse muy generosamente al contenido para dejar fluir el mensaje a través de él, y si no es así, no transmitirá el mensaje.

El ego del ser individual es un medio. Si no se adhiere a otros individuos transportando a través suya la energía vital y la creación, empezará a ser su impedimento. Cada persona debe disolverse en la transmisión del bien, para permitir la creación social de ese bien. Cada ser se deshace literalmente en una vida que va a otros seres, a otras vidas, Ese es nuestro destino. El bien literalmente desaparece en el horizonte de todo lo creado, y ésa es también la explicación de la muerte y la desgracia. Es la otra cara de la mediación del bien hacia el universo, aquello que genera el movimiento de la carencia. La obra de arte que no permanece encerrada en una vitrina de museo, y se disuelve, transmite y deshace en la manifestación de la belleza por el mundo, no es sin duda algo fabulosamente delicado y bello, sino más bien algo que ha contribuido a la belleza universal, inmensa y más allá de todo artista creador, más allá de nuestro mismo criterio como creadores, y se ha destruido en esa fusión. La expansión de la belleza, la creación vital y el bien, renace en forma de vida en el propio universo.

Si se bloquea esa disolución en la vida de un individuo, entonces tenemos la infelicidad, la tristeza y la frustración. Nadie es más desgraciado que el vanidoso, el egoísta, el avaricioso, que retienen y reprimen el libre huir de la fama, la importancia, las riquezas, la misma fortuna, y con ello, la pierden en sus vidas. Por eso quienes calculan muy detalladamente sus esfuerzos para no desparramar energía vital siempre estarán inquietos sospechando el vacío de lo que no sienten, y los que se mezclan con auténtico desvarío con los corazones ajenos siempre tienen esa media sonrisa de la plenitud cuando duermen. 

miércoles, 27 de diciembre de 2017

LA PODREDUMBRE

Recientemente se publicaba en medios españoles que, de acuerdo con los criterios de evaluación investigadora aprobados por la Agencia Nacional de este sector, un premio Nóbel actual no podría llegar a acreditarse como catedrático en nuestro docto país. Así, el descubridor del célebre "bosón de Higgs", que tan sólo tiene 18 artículos científicos en publicaciones indexadas -pero ¡qué artículos!- no soñaría con aspirar ni a profesor de nuestra egregia academia, donde se exigen 150 publicaciones para llegar a optar a dicho título. 

A los pocos días se publica otra información, esta vez internacional, en la que se explican algunas de las "retractaciones" y retiradas de artículos en dichas revistas internacionales indexadas, las más reputadas en el sector de las ciencias experimentales. Hay equipos de autores que han tenido que levantar de la publicación hasta cien artículos porque sus resultados son "fabricados", es decir, se han inventado. En la larga lista de retractaciones hay investigaciones copiadas, inventadas de la nada, con datos forzados, maquillados. Hay citas de autores que no existen, y hasta un artículo firmado y lleno de referencias de personajes de la serie Seinfield que fue aceptado para su publicación aunque era un total cúmulo de memeces y que, una vez se pagó la alta cantidad de dinero para ser editado, pasó sin más las evaluaciones.

Las condiciones de trabajo investigador y docente -las dos cosas deben ir necesariamente unidas para evitar su podredumbre- en países de todo el mundo están como indican estas dos noticias, al borde del colapso total. La podredumbre efectivamente está en todo el sistema de acceso y desarrollo de la profesión de investigador profesor. Hemos dejado que los exámenes a la carrera de un docente queden en manos de esas revistas indexadas de editoriales con un interés marcadamente comercial y completamente incapaces de evaluar los contenidos.  Los profesores son sus víctimas y sus esclavos, evalúan para ellas y sufren su escaso criterio. En las Agencias de evaluación, los evaluadores son en muchos casos mediocres profesionales que han llegado a la cima de una carrera podrida, que suplanta el valor académico real con la gestión de poder y de intereses. Si el sistema de publicación está podrido, el sistema de acreditación y examen del profesorado lo está más aún porque traga con el estado de la cuestión más vergonzoso. Muchos de los evaluadores no pasarían jamás los exámenes que ellos ponen a los solicitantes. Pero en el podrido sistema, todos callan sus vergüenzas. Los dos artículos citados son como la bandera roja que indica que algo va muy mal en nuestros sistemas docentes e investigadores. Pero si fuera solamente en ese sector, no nos importaría demasiado. 

El problema es que la podredumbre está por todas partes. En todos los sectores, la falta de vergüenza silencia e inmoviliza todo. Igual que los impostores y los falsificadores se han hecho con el control de la carrera docente, los impostores se han apoderado de la política. Completos falsificadores controlan la gestión de los asuntos públicos, es decir, pudren desde su base cualquier posible desarrollo o encauce de las cosas comunes. Esto hace que en la cima del poder político estén ineptos absolutos,  que tapan su incapacidad unos a otros, y que alimentan, bajo su égira, a otros impostores y trepadores, y esto tampoco nos importaría nada, si no es porque cuando surgen problemas graves estos falsificadores son por supuesto incapaces de solucionar nada, y la nave política va a la absoluta deriva. Un país como el nuestro, con un gravísimo problema nacional, que no tiene ni un sólo profesional político capacitado para solucionar, solventar o al menos poner freno a la situación, es un claro ejemplo de podredumbre institucionalizada.

La podredumbre se encardina de un ámbito a otro de manera consecutiva. Los malos profesores hacen a muy malos graduados, que con su trepa, llegan al poder económico, o al poder político. Estos desastrosos profesionales llenan de incapacidad y de falsía los mundos donde orbitan, premiando lo mediocre y hundiendo cualquier valor, sencillamente porque su modo de conseguir sostenerse se basa en los manejos externos al contenido del trabajo, en las apariencias ajenas al auténtico valor de todas las cosas. La vergüenza, nuevamente, labra su negra trama y en las clases sociales los sonsos y los tontísimos ascienden por cualquier motivo, por pertenecer a una familia con poder, por salir en la TV. Y así, un gestor universitario impostor se asocia con un consejero educativo mediocre y tramposo, para favorecer a un cargo nuevo que es otro socio en el club de los inexplicablemente en ascenso. Todos ellos cooperan con un periodista incapaz que los entrevista, o favorecen a la empresa hidroeléctrica de otro amigo incapaz. 

El mundo de lo podrido ha invadido nuestro país, como está invadiendo el resto del mundo. Los peores son los que están en la cumbre, y lo están porque otros peores los aplauden y aúpan con el fin de perpetuar la podredumbre porque es lo único que conocen. En las vastas llanuras del poder financiero, los idiotas son los que gestionan. En las estepas políticas, los fraudes humanos tienen todo el poder de decisión. Como modelos humanos, se nos ofrecen contrahechuras y ejemplos de cáscara vacía y de éxito incomprensible en todos los campos.

Todo esto no tendría la menor importancia si no existieran corazones jóvenes. Si no existieran corazones puros, a los que el daño causado por la podredumbre puede retirarles toda su energía creativa y su capacidad de conservar el tuétano indispensable para el futuro humano. Porque la podredumbre en sí no vale nada, ni es nada en sí misma. Pero la podredumbre suplanta, falsifica. El lugar que correspondería al político capaz, al mediador auténtico, lo ocupa un guiñapo. El lugar del verdadero profesor lo ocupa un cantamañanas ambicioso al que nadie le mira el cerebro. El lugar del financiero ingenioso lo ocupa el bobo nacido en una buena familia. La podredumbre tapona el espíritu innovador, creativo, capaz, de toda la nueva generación, pero sobre todo, los ahoga en el vacío y en la nada que son en sí.

El problema es gravísimo no por lo que físicamente causa, que es mucho, sino por lo que psicológicamente resta a la autoestima del país. Aunque pensemos que no es importante, la vergüenza corroe los cimientos de nuestra sociedad. Quita todo el ánimo a los que buscan justicia. Y un país donde no hay justicia, un mundo donde da lo mismo lo bueno que lo malo, lo útil que lo inútil, donde los valores están invertidos, es un mundo enclenque e inmóvil, incapaz de luchar por su futuro.

La podredumbre es realmente el mayor problema de nuestro país, de nuestra actividad, en el presente. Porque lo que nos quita no son recursos físicos, sino sobre todo, recursos anímicos. Nos quita capacidad de oponernos a la injusticia y a la desigualdad. Nos quita fuerza para luchar por los demás, para ser solidarios. Nos resta ánimos para componer un mejor país, una mejor ciudad. Nos deja sin capacidad para considerarnos dignos de vivir. Y esa situación es lo peor que le puede ocurrir a nadie. 

Cuando reclamamos contenido en los sistemas de evaluación y riqueza en la capacidad de los profesores, de los políticos, de los empresarios, cuando queremos que todos los sistemas de gestión y de organización tengan conciencias y mentes preparadas al mando, no es simplemente porque los locos o los tontos no deben llevar el mando. Es porque de la justa distribución en la vida social depende algo mucho más importante incluso que el futuro material: depende la salud del alma humana, la verdadera potencia para crear el mundo cada día. Y esta es atacada temiblemente por la podredumbre.

sábado, 23 de diciembre de 2017

DORIS SALCEDO Y EL ARTE DEL SIGLO XXI


Como un auténtico lujo, y riqueza inmensa, disfruta Madrid estas semanas de la exposición "PALIMPSESTO" en el Palacio de Cristal de El Retiro, en Madrid. El lugar, un palacio de vidrio, en pleno corazón del parque, con la luz de diciembre y su sol finísimo también laminado como el cristal, ha encontrado su resonancia como en ningún sitio y podemos disfrutar de la belleza, el mensaje y la delicadísima experiencia de PALIMPSESTO.

La artista colombiana rinde un homenaje y cumple con un deber humano en esta exposición en la que se traen a la luz de la memoria los nombres de inmigrantes ahogados en el mar Mediterráneo. Pero lo que vemos en PALIMPSESTO es una celebración de luz en torno a este necesario renombrar a las personas fallecidas por querer huir de la guerra y la violencia. El festival de armonía que Salcedo ha sabido organizar es arte del siglo que viene: enraizado en lo social, global en su dimensión, profundamente humano en su factura, sutilísimo y a la vez claro y simple. Una riqueza inmensa que se ofrece a nuestros pies, gratuita.

PALIMPSESTO es una superación del arte de la escultura que trabaja aquí con agua cristalina, que titila y destella, en el Palacio, su brillo increíble, al servicio de nuestra memoria. El agua, esencia fluida, esculpe aquí memoria. Escribe y borra nombres de personas olvidadas, sumergidas en el mar de la desmemoria y el olvido doloroso. Gracias a un mecanismo hidraúlico y a tecnología de gran complejidad, Salcedo literalmente resucita esos nombres con agua, y vuelve a enterrarlos como agua que se hunde en el suelo, con un ritmo que recuerda las olas del mar o quizás los impulsos del llanto humano. Las palabras escritas con agua son lágrimas, son llanto. Pero son también raíces que se hunden y presencias que brotan como arroyos de vida, diamantina celebración y honor a los desaparecidos, y la belleza con la que estos nombres se adornan los hace presentes en forma de luz en nuestra experiencia. Solamente eso es necesario para que no sigan pudriendo nuestros basamentos sociales que se hunden en la falta de sensibilidad y en el desamor. Doris Salcedo rescata mediante su arte el basamento de la ética humana en Europa.

Para este proyecto colabora una treintena de ingenieros, artistas, arquitectos, programadores. En el arte del futuro de Salcedo es preciso que todo el conocimiento humano más complejo se ponga al servicio de la experiencia artística. La finalidad, como decimos, no es puramente estética: es artivista y es moral, y cumple funciones de restauración del alma social mediante la correcta restitución de la memoria de los olvidados, de los desaparecidos. En el arte del siglo XXI, todas las profesiones sirven a este fin. Como dice la autora, al servicio de la fragilidad de la vida está la perfección de una obra de arte. Sin duda etamos ante una de las grandes maestras del arte del siglo XXI.
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Pero Palimpsesto es además un objeto estético, en el que la belleza se halla vinculada con el mensaje y con el revulsivo social, y también, con la múltiple armonía de los significados del obrar humano. Con esta  obra cercana a la performance, quienes nos acercamos a ella participamos en el surgir de los significados que van de la maravilla estética sensible al duelo funerario profundo, de la representación de la vida en su profundo ir y venir, surgir y ser olvidada, al juego con los elementos prístinos que en definitiva son la materia del arte y del sentimiento. Todo rima en la obra de Salcedo. La escritura de agua en la tierra es una metáfora de la vida y la muerte. Las páginas, las lápidas del suelo, son también playas de luz, y tierras que se alimentan y alimentan la vida. Los pasos y el sonido plagado de trinos del palacio de Cristal crean con el presente una bóveda sonora que hace eco a la obra de arte en el suelo, de modo que conecta perfectamente el presente y todo el mensaje de la obra. Poesía pura en todos sus aspectos, y conexión total. No en vano la autora, de una inteligencia proverbial, se hace eco d elas palabras de Deleuze según el cual un artista es un "conector de ideas". En su caso, la conexión es absoluta, orgánica y global.

Es auténticamente una fortuna tener PALIMPSESTO en Madrid en esta temporada. Si pudiéramos describir las riquezas de los grandes tesoros, las más finas joyas de imperios o reyes, nunca podríamos con ellas ni rozar la riquísima pureza de este arte esplendoroso, que se da a manos llenas, gratuito, en la obra de un creador como Doris Salcedo. Ni el rey Salomón en todo su esplendor se vistió jamás como se han vestido aquí las figuras humanas que pueblan y participan en la joya del palacio de Cristal del Retiro madrileño.
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viernes, 15 de diciembre de 2017

La ruindad de Dios (elegía)

 En una primavera apenas anunciada,
fragor de humedad y hierba negra,
en las sombras salía nueva vida;
asomaba el final del invierno
pero no se te permitió visitar la primavera
y quedaste privado de la vida.

Era un oscuro mundo de madera yerta
de mojado desapego de un sol dulce
era el prolongarse de canciones
de una niñez entera
de un amor usado y largo,
un corredor de casa, hogar de huesos,

estos trazos borrosos de amor,
firmemente grabados  en muesca de mi alma,
fueron a morir a una dormida primavera
entre llantos sin flor ni tierna yema
y no alzamos la mirada sobre el hielo
ni pudimos suspirar la dulce pena
entre las flores de tu corazón tierno;


privado de más primaveras
sin sospecha
de que el camino de luz no llegó a tiempo
quedaste sin derecho de vivir
deshonrado a las puertas del cielo;

como todos los muertos, ofendidos,
insultados de Dios en el alma
saltando de impotencia,
enmudeciste y se voló tu imagen
y gritando sin sonar por el degüello
explotó el alma en infancia y mil retazos de destellos

pero hay algo más
que la ruindad de Dios o la infame muerte aquí:
está mi palpitante espíritu en tu memoria
que siempre, eternamente, te restaura.




viernes, 1 de diciembre de 2017

LA BELLEZA Y SUS SUCEDÁNEOS

Muy frecuentemente lo que adoramos como Belleza es un sucedáneo de la auténtica belleza que envuelve cada ser que emerge en este mundo. Hay una armonía profunda que acompaña el nacimiento y la aparición de cada ser vivo y cada presencia orgánica e inorgánica en esta tierra. Esa sensación de que cada cosa es completa y acabada, perfecta, por ser, es en verdad la Belleza.

Es muy difícil definir esa profunda Belleza que se detiene un instante para mostrarnos el haz y el envés de lo que existe en esta vida. Sabemos que es inefable, que nos arrebata, que nos inquieta y que irradia una especie de paz profunda, una especie de loca consecución de tiempo y de forma, y que con ella se lleva todo el desenvolverse de la vida, raptándonos, enamorándonos.

Pero por extensión, nosotros rendimos culto a otras formas menores, de la Belleza, que tienen que ver con la particular armonía o rima de formas de alguien o algo determinado. En realidad la Belleza no es un rasgo distintivo, sino un misterio común. Y su rareza no es algo que haga destacar a una mujer o a un caballo, o a un lienzo pintado. Eso son derivaciones, sucedáneos, ecos, de la Belleza que emana  directamente del misterio de cada criatura. Esa Belleza está hasta en el silencio en que se paraliza una mirada, en cómo interroga un corazón que sufre, en cómo duerme como una obra perfumada y única, todavía reciente, el recién nacido, o en cómo irrumpe un niño con toda su luz en medio del enigma de la vida.

Para captar la Belleza real, y no dejarnos simplemente en la superficie de su sucedáneo, es necesario ciertamente cultivar el silencio y el vacío, observar con atención la superficie en la que las cosas cesan, dejan de sonar, o desaparecen. En el silencio es posible percibir la intensa belleza de todas las palabras pronunciadas, y en el vacío y soledad, la huella de todo el ser bellísimo del mundo, erguido en su mole. Para apreciar todo esto, es necesario fijarse con detalle, y lo raro, lo ignaro de la Belleza profunda de existir, surge a la vista, inexplicable e inaudito. Eso es realmente sentir lo bello.

Desgraciadamente hemos convertido la Belleza en un eco de todo esto, y como por extensión, adoramos formas superficiales del fenómeno, cosas raras en su combinación, o armonías exteriores que recuerdan en algo la estructura de profunda Belleza de todas las existencias. Creamos la Estética, que es la cosa más banal y superficial del mundo, un eco lejano, la costra misma, de la impresión de Belleza que sólo puede cultivarse en su misterio. En realidad los creadores de auténtica Belleza, los artistas, son los seres humanos que más se asemejan al divino poder creador de este mundo, porque se acercan al hecho esencial en el que todo absolutamente está producido como una Belleza.

Pero que algo desborde significado, que nos supere y nos trascienda, no significa que solamente podemos sentirlo y adorar su forma. Así, por extensión, y por analogía, rendimos adoración a la Estética como si fuera algo asemántico, sin significado, agradable a nuestras sensaciones, y raro en el sentido de exclusivo y elitista. Los artistas más superficiales generan belleza como un bien escaso y caro. La sociedad busca lo único  y su armonía poco común, en los objetos, productos y obras, en lugar de intentar apreciar lo común de la rareza en la que todo surge y brota, la Belleza esencial que como un perfume aromatiza milagrosamente cada instante.

También hemos sustituido la pasión por el misterio de la Belleza con la obsesiva persecución de lo perfecto, de lo raro y exótico o de lo rítmico. Una emoción muy abundante tapa y disfraza la verdadera emoción estética, que nada tiene que ver con ese juego con el deleite que se enamora de su propio poder, de su propia fascinación enigmática. La Belleza profunda es inefable y no admite academias ni cultos esmerados y complejos. Los estetas son, en el fondo, también, impostores del culto a la verdadera Belleza.

Es necesario recuperar una idea de la Belleza como Ser del mundo, como Ser de todos los seres que están presentes. Contemplar la asombrosa armonía de todo y dejar que su impresión profundamente estética sea el camino a la consciencia. Una vez que emprendemos ese camino, es imposible no recibir el impacto increíble de todo este misterio que es la vida, y eso, y no otra cosa barata, es la Belleza.


HACER ALGO CON LAS MANOS Blog de creación y comunicación de Eva Aladro Vico