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miércoles, 18 de octubre de 2017

Trabajo y pasión

Simone  Weil  afirmaba que había  en el ejercicio  de un trabajo un fondo siempre difícil y complejo, que lo ataba al mal, porque trabajar supone a menudo luchar por arrebatar para nuestro provecho o subsistencia la riqueza, el bien o la vida a nuestro entorno, por lo que algo esencial ponía siempre  en inconciliable enfrentamiento nuestra moral y ética y el trabajo.

Esta concepción profunda y triste del trabajo como algo negativo, se acompaña más comúnmente de la concepción más religiosa del trabajo como tortura o castigo personal, algo ligado también  a la falta de libertad y a la lucha por la subsistencia. Sabemos por Weber  que el concepto del trabajo como castigo generó  estructuras  sociales completas,  economías y filosofías de vida. También  suscitó revoluciones  sociales y económicas que dieron al traste con esa idea profunda pero oscura o penosa del trabajo.

Más allá  de todo esto, yo quiero defender aquí  el trabajo como algo más profundo  todavía,  ligado a la poesía esencial de la existencia, como la misma Simone Weil  supo ver, buscando su sentido más allá.  El trabajo debe enlazarse con el amor, la pasión y con la creación del bien de manera que se descubra su bien absoluto.

El trabajo no solamente no es una esclavitud  sino una liberación. Cuando trabajamos a un suficiente nivel de calidad y cumplimos  nuestros deberes o tareas,  sentimos rápidamente  esa libertad que mana directamente con él para el alma, cuando se trabaja. En el desempeño y cumplimiento de un trabajo no hay, en profundidad, ni condena  ni esclavitud, ni tortura ni desamparo, sino la posibilidad de encontrarse y realizarse, de echar raíces y de volar más allá  de todo límite.

Pero todavía más profundamente hay en el trabajo realizado con pasión, es decir, con total  entrega y libertad, una aventura en la que  superando  el tiempo y el espacio, más allá de uno mismo y de lo sido o hecho  hasta el momento, se crea un nueva realidad. Intervenir en lo real mediante el trabajo  es trasformar el impulso
vital de la lucha y de la ausencia colectiva de libertad, hacia la creación  y evolución simbiótica  con el entorno,  para la preservación  y cuidado de la vida  colectiva.

Trabajar es y debe ser un placer. Algo que nos responde y nos libera. Donde nos alineamos con el mundo  y bajamos a su esencial  dinamismo para recrear la vida y descubrir su sentido. Más allá  de las terribles condiciones en que parece nacer, el trabajo debe descubrir, mediante  su gentil ofrecerse, el provecho de todos, y la alegría profunda  de ser en este mundo.








jueves, 12 de octubre de 2017

Auto foto

Mi madre y mi padre:
Amalgama de su luz y alegría
son mi rostro. 

Soy su futuro
un cielo hecho carne
un nacimiento en cuerpo 
de su sueño. 

La mirada llena de futuro
el alma fulgurante
la ternura de un cielo hecho cuna
y un viaje a la claridad realizado.

Mi madre y mi padre
Soy.

martes, 3 de octubre de 2017

ENFRIAR UN PAÍS

Los humanos somos animales mucho más limitados de lo que nos creemos.  Pensamos que razonamos más de lo que lo hacemos.  Pensamos que tenemos juicios exactos de la realidad y que lo que nos rodea es una realidad diáfana y clara.  Y sin embargo no captamos nunca o casi nunca la inmensa realidad en que existimos y reafirmamos con emociones primitivas el cuadro que nos hacemos de ella y que nos conduce a actuar como por un resorte.

Nuestros errores solamente los corrige una buena comunicación con el entorno,  una limpieza constante de nuestra mente y una constante gimnasia espiritual que adapte el limitado cerebro humano a los fundamentos de la vida.  Y cuando no es posible hacer esas tres cosas,  el animal humano enloquece y arrasa  con todo.  Las guerras son ese fenómeno.

Este país está hoy aquejado de una gravísima perturbación colectiva generada por una pérdida del sentido de lo real y una comunicación deforme y envenenada.  Se suma además la ausencia de un control de la situación por la suciedad mental reinante, fruto de esa malísima comunicación dominada por voces y dirigentes ineptos y ambiciosos,  alejados de cualquier espiritualidad o valor elevado.

España está entrando en un infierno propio por su escasa espiritualidad.  Los nacionalismos materialistas y  mezquinos son  el motor de toda la actividad política y la ansias de poder y el interés han podrido la vida política,  por lo que es imposible adaptarse a las situaciones,  comprender lo que ocurre y mucho menos aceptarlo.  Todo esto redunda en una locura colectiva sin freno a la medida de nuestra labrada y trabajada mediocridad.

El único modo de escapar de una locura emocional agresiva que nos lleve a aniquilarnos a nosotros mismos en violencia y en guerra es enfriar la situación y la comunicación que vivimos a diario.  Meter en la nevera,  individual y colectivamente nuestra propia cabeza y suspender los juicios y los exabruptos. Poner flema en el país,  poner silencio y calma.  Tomar todo con fría distancia y rebajar el estúpido tono del cerebro colectivo en  la comunicación que vivimos.

Las redes tienen que desconectar del bucle agresivo  y alarmista.  Los líderes y dirigentes cerrar la espita de las exageraciones y condenas,  de las impugnaciones y victimismo.  Los chats de  amigos deben dejar de despotricar y exagerar en las pantallas. Los medios de masas  dejar  de distorsionar y comerciar con la emoción desbocada. La gente en las calles debe dejar de alimentar con odio el aire seco y desabrido  que generamos.

El país tiene, por su propia salud mental y conociendo su triste historia,  que meterse en la nevera y con un poco de sensatez,  dejar de hostigarse a sí mismo como un pobre animal desbocado.  Sólo si elevamos al silencio,  la calma y el desinterés nuestra mente colectiva podremos ver qué está ocurriendo y entendiendo su realidad, crecer  hacia ella. 

lunes, 18 de septiembre de 2017

En Memoria de ANTONIO MAURO VICO PUERTAS

A los cuarenta y pocos años ha muerto por sorpresa mi primo hermano Antonio  Vico,  dejando dos niños y a su mujer Elena  y a sus padres y hermano sumidos  en una inmensa  y dolorosa perplejidad. No podemos creerlo porque Antonio era la ternura  y la energía bondadosa en persona.  Un ser bellísimo por fuera y por dentro.  Una buenísima persona a la que no pensamos  jamás tener que llorar en la muerte.  

El golpe ha sido brutal para todos los que le conocieron porque hay algo indignante  y vil en dejar de ver a alguien como Antonio, que hacía  la vida más hermosa  para todos. 

No es necesario conocer en detalle su historia y su vida para sentir la bondad que este chico emanaba. El alma de una persona es más que su historia .  Se siente en cada gesto,  en cada hecho aislado. Su vida ha sido ejemplar,  estuvo rodeado de amor y cariño  de su madre,  de su mujer,  de sus hijos y todos los amigos y familia.  Antonio era una riqueza para todos y en él  todos pudimos sentir la bondad de la existencia hecha un ser concreto,  una vida que crecía y se hacía plena. 

Cuando la muerte recorta temible la figura de la vida y señala con su incomprensible azar a una persona, se proyecta de repente la fuerza y el alma de ese alguien con un valor y forma nuevas. A veces esa forma es menos de lo que quien muere parecería que era.  Y a veces quien muere experimenta un inmenso poder en nuestra alma.  

Es lo que nos ha ocurrido con Antonio.  Su peso es inmenso. Su luz ha crecido enorme cuando ya no lo tenemos. Este niño que siempre fue lindísimo  ha sido un hombre fabuloso,  bueno.  Y nada más hay que ser en la vida.

Quiero usar mis palabras para que se recuerde a Antonio Vico Puertas  como un ser bondadoso,  de vida perfecta,  que nos dejó  su simpatía y su sonrisa a todos y por cuyo corazón precioso hemos llorado todos.  
Cuando alguien se aleja es posible ver su tamaño en detalle, y Antonio en esta terrible distancia no deja de crecer  para nosotros.  Una persona pura, simpática y bondadosa es lo que sigue y sigue viviendo de él. No podemos  creer que haya muerto porque su bondad surge aquí viva. 

 No hay nada como ser, y seguir siendo,  por haber sido importante en los corazones humanos.   Para eso nacemos  y vivimos,  para dejar en los demás esa huella de bondad.  Nada más memorable que esto. Estoy muy orgullosa de formar parte de su familia. De este Antonio Vico de dulce bondad bellísima. 

In memoriam

miércoles, 13 de septiembre de 2017

La comunicación y la guerra

Habitualmente no somos conscientes de hasta qué punto están  intrincadas las grandes guerras y conflictos,  en fenómenos de comunicación, particularmente en fenómenos de distorsión  comunicativa. La actual crisis  política en España nos da una imagen muy significativa de esta relación trágica entre  la comunicación  y la guerra. Hoy presenciamos  cómo se construye día a día el edificio de la incomprensión entre grupos humanos con motivo del secesionismo catalán, de manera que dos espirales de mutua exclusión amenazan con pasar a la directa violencia, ofuscadas como están  en sus procesos de escalada de odio y descalificación  mutua. Presenciamos cómo sobre la base de errores,  azares y malversación se va desviando la comprensión mutua impidiendo cada vez más la pacífica aceptación del adversario y cómo  el sinsentido va conformando  el código de comportamiento descerebrado que unos se exigen a otros.

Y es que al igual que entre dos individuos en escalada de agresividad se dan importantes deformaciones de lo real que les impiden entender al otro y los encierran en un túnel de odio y condenación del enemigo, lo mismo y mucho más intensamente se da en grupos numerosos o entre países. Cada gesto del contrario es interpretado en un marco dinámicamente agresivo que pugna por definirlo como un demonio del mal y por desproveerle de humanidad. Y al mismo tiempo la escalada en comunicación va enterrando
 al individuo o grupo en su visión estrecha y cada vez más deforme de lo real que apunta a la condena y a la eliminación total  del oponente. Las escaladas de pelea y de guerra son auténticos psicotrópicos personales y colectivos que niegan por completo la posibilidad de escapar a la violencia y de evadirse de ella. Pero como distorsiones mentales son siempre transitorias y coyunturales, y a pesar de su tragedia carecen de sentido ni de valor.

Lo que más nos interesa de este fenómeno es su esencia de comunicación.  Las guerras y las escaladas agresivas nacionalistas que hoy presenciamos son procesos de desviación comunicativa cuya efervescencia obedece a esa misma inflación semántica.

 El odio mortífero es un efecto de sentido. La gran escalada bélica no podria darse sin el poder alienante de la propaganda y la malversación  de los marcos de sentido humano que generan la comunicación agresiva. Podemos verlo cada día en las redes sociales y en la trama de tergiversaciones de lo real en las que caen los medios  al servicio de las ideologías fanáticas, generando  respuestas intensas y enroscando la serpiente del odio de unos a otros sin tregua. No deja de ser un estúpido sinsentido generado ciegamente, pero  por ello, sus consecuencias tampoco tienen límites ni razones que las detengan.

En una guerra encarnizada lo más derruido  es la visión humana del enemigo.  Lo que se derrumba bajo las agresiones es la sensibilidad,  la simpatía,  la afinidad y la igualdad entre comunidades y personas que son vecinas y familiares,   y en cuya similitud se funda la civilización misma.  Lo que se aniquila irrecuperable es la comunicación con el otro.  No hay nada más silencioso y frío que  la agresión y el desastre de la guerra. El ser humano se vacía a sí mismo al mismo tiempo que vacía su cargador sobre su prójimo.  Nada más vacío de sentido que el ataque verbal qye anuncia el descalabro mental colectivo.

El único modo de acabar con la guerra es efectivamente  la comunicación y la fuerza semántica inversa a la de su eje. La paz debe ejercerse como una especie de mensaje constante y consistente que rompa las espirales simbólicas de la demente violencia. La guerra de la comunicación debe combatirse con insistente comunicación pacífica  y ello sólo está en manos de personas y entidades dotadas de fuerza simbólica y capacidad expresiva únicas. Ellos pueden quebrar el espejo infernal en el que se ciega un país entero. Ellos pueden devolver la inteligencia a un país  que se vacía de inteligencia en la comunicación agresiva.

Es urgente comprender que  somos esclavos de nuestras palabras y que estas nos amenazan en sus redes mentales. Sólo un sentido profundo de la realidad puede borrar el lavado de cerebro generado por la comunicacion en guerra.



sábado, 2 de septiembre de 2017

Saborear la Vida

El saborear la vida es una detención en el puro presente en el que nada parece trascender ni dejar huella.  El inmenso placer de ver detenerse todo en la insignificancia y la nada.  Contemplar la nada de tanto afán amenazante o avasallador, la pura nada de tanto famoso estruendo que cesa vacío. La nada que impera en el mundo en tanto  no es lo pequeño, que sabemos inmenso. 

Que ninguna esclavitud persiste y toda desaparece en cuanto se medita algo sobre ella. La cesación del dolor es uno de los milagros que sorprende uno en la vida diaria y reconfirma con delicia, si lo busca. 

Que la libertad riega con alegría profunda el alma y es lo que más enseña.  Que manteniendo la calma se sabe cómo y cuándo bailar para conseguirla, urdirla y organizarse sin demasiada solemnidad ni dramatismo. En un dulce baile en que predomina la paz se puede cesar el empuje para dejar que ruede la propia  rueda del mundo. 
La pizarra nuestra es otra, la que escribimos y con la que escuchamos las coincidencias musicales del tiempo en  que vivimos.  Y sólo el sol dulce nos acompaña fuera.

Esa tranquilidad que proviene de saber lo que hay que hacer y es vital.  Que eso es lo que  importa y con lo que se mantiene uno. Que los liantes pasan y se alejan.  Y las historietas largas de histéricos o ansiosos son viento que se aleja por su propio soplo. 

Que estando tranquilo se oye el sutil paso cambiante del ritmo de la suficiencia y la saciedad,  de la deficiencia y el desborde y se puede presenciar su alternancia como un mensaje al oído, de la vida a su confidente sabio y viejo. 

viernes, 25 de agosto de 2017

El universo del mal

Tras los atentados de Barcelona estamos asistiendo a las reacciones que  mediante las redes sociales se producen de forma masiva gracias al poder difusor de los nuevos medios.  Y lo que nos llega es la infame constitución de un universo de cotillas, morboso, maledicente, más pernicioso si cabe que un episodio de violencia  física porque  nos llega de grupos de amigos o en el amigable y confidente chat.

Un universo de racismo,  fascismo e intolerancia  vomita por las redes sandeces y sandeces envenenando la opinión pública y atacando el  ágora social con perversiones interpretativas propias del más bajo patio de vecindario en la era nazi. El atentado es la excusa para inventar las peores visiones de los oponentes políticos o de las comunidades que conviven.

Hay una batalla mortal entre los que emiten mensajes e imágenes constructivas,  que son  los menos, y los que largan basura para intoxicar y llevar los temas al más zafio debate religioso,  racista o nacionalista de todo tipo.  Y los medios tradicionales  a los que nunca hay que esperar demasiado cuando se trata de bajar el nivel de ética  informativa se han sumado al morbo,  al cotilleo barato y a la información de ciénaga.

Lo peor de todo esto no se ve.  Lo peor es  la información que nos falta en este universo imbécil de odios e ideologías infantiles,  y que es suplantada por la intrascendencia cotilla  y por la insensibilidad.  Poquísimas excepciones  de profesionales o medios trabajan  de verdad en saber las causas de raíz de lo ocurrido.  Se sustituye el periodismo por la mala lengua de barrio, por el partidismo burdo, animado por las redes sociales.

Un periodista extranjero se marcha de una rueda de prensa porque no entiende el idioma y este simple acto se convierte en una tergiversada ola viral de exabruptos de todo tipo. Todos los despropósitos se basan en un hecho mal interpretado. Pero en el griterío organizado eso es lo de menos. Las incompetencias se convierten en aviesas intenciones y todos los humanos errores en motivos  de guerra justa. Cuanto más sube el tono de agresión más se divierten todos. Pero al mismo tiempo bajan más al sótano del comportamiento gregario.

Es cierto que en este universo hay también geniales zascas y mensajes penetrantes e n medio del barrizal.   Pero en información una sobrecarga de elementos  negativos anula el conjunto. La era de la información,  triste paradoja,  parece  derivar a un siglo de manipulación y embuste  en el que intoxicar y favorecer las posiciones violentas es patrimonio no solamente  del terrorismo islamista.

En este patio de viejas brujas a nadie  le importa lo ocurrido y todos están pendientes de quién va o no va al funeral o si la culpa es de inos u otros parientes  de una mafiosa familia. Finalmente las redes se anulan a si mismas como potenciales elementos revolucionarios pasando a ser por la ley de la reversión comunicativa lo peor para educar y favorecer la paz social. 

miércoles, 23 de agosto de 2017

Otra infancia más

Otra infancia con los colores
Que tenemos aquí
Con los amores que aquí crecieron
Culminantes

Otra infancia  con iguales cielos
Con fundamentos igual de profundos
Miradas igual de perfectas
Llenas del amor de estar vivo

Haremos otra infancia
Con las criaturas nuevas
Que nos miran con el mismo fuego negro
Y vienen empapadas en ternura
Dando todo por hoy
Con las ideas cromáticas y con la intuición
Haremos un mundo nacido
De nuestra perfecta pasión vieja.

Otra infancia cada día
Espera a ser nacida
Por tu corazón que pinta.

sábado, 19 de agosto de 2017

Lo que dice el atentado de Barcelona

Estos días trágicos leemos a muchos que  dicen  cosas sobre los atentados de Barcelona. Pero muy pocos realmente escuchan  lo que el suceso está diciendo a gritos,  lo que el terrorismo islamista está diciendo en su terrible lenguaje de crueldad inhumana.  Y lo que el atentado nos traslada es precisamente la inhumana deriva  de la sociedad actual en la que  perecen a diario cientos y miles de personas sin que haya ni un lamento por ellos. Igual que mueren  a manos de los terroristas cientos de inocentes,  en su mayoría musulmanes,  también hay niños y jóvenes inocentes arrojados al mar por traficantes de los que nada oímos ni nada se piensa.  Y hay intentos fundamentales de expertos y de organizaciones por acabar con la estructural violencia generada en Oriente  Medio por los intereses capitalistas y de poder a los que  los periodistas no dedican  ni una frase. Hemos creado un infierno en la orilla de enfrente y nos tapamos  los oídos,  no queremos ver el humo  de sus crematorios ni el dolor de sus niños.  Como en un equilibrio macabro ese infierno se reproduce aquí para decirnos que  no tendremos paz si no lo reconocemos  y acabamos con él.

Esta sencilla verdad nos dicen  los atentados.  Que unos muchachos ciegos de violencia y propaganda sean capaces de organizar  una masacre humana en Barcelona no puede justificarse jamás.  La violencia directa que mana de sus acciones es absolutamente brutal y absurda y el único modo de combatirla  es mediante el rechazo moral y la resistencia pacífica. Pero esos niños asesinos no son sensibles a la lucha  moral porque son resultado de una sociedad estructuralmente violenta que ha generado un mundo insensible a la moral,  ciego y sordo al mal que él  mismo genera.

El terrorismo habla a la sociedad y hay que escuchar lo que nos dice en esta ocasión,  porque nos habla de infiernos permanentes y de crueldad ilimitada como una nueva realidad que amanece para quedarse.  El horror que comunica no se combate con resistencia pacífica ni moral solamente. Los conflictos subyacentes y los traumas abiertos son un volcán en erupción que no se detendrá si no lo asumimos como el gravísimo problema social que supondrá de si en adelante. Las guerrillas no se vencen con ejércitos.   Hay que restaurar la integridad moral de nuestra sociedad y limpiar de mal profundo nuestras propias manos. Esas que  han dado a luz a una criatura negra que asesina y cuya sombra es tan parecida a nosotros mismos. 

lunes, 14 de agosto de 2017

CREACIÓN Y SIMPLICIDAD


Las grandes creaciones humanas, y las más humildes aportaciones producidas por todo tipo de personas, aparecen siempre regidas por el Principio de Simplicidad. Este principio nos dice que siempre es preferible, se percibe mejor, y es más perfecto, lo más Simple. El principio de simplicidad rige las leyes de la composición artística, impera en ciencia bajo la forma del lecho de Procusto aconsejando reducir lo complejo y abstruso, y es la cortesía del filósofo, que decía Ortega. La simplificación genera información, en una ley paradójica de esta materia. Lo simple es, muy a menudo, lo más grande. La simplificación es la acción positiva más característica del genio creativo. Podemos reconocer a los grandes creadores en la simplicidad con la que trabajan y que les aporta ese algo único y fabuloso de una auténtica totalidad innovadora. Un gran creador es alguien que desprende las formas únicas de una masa barroca de elementos que se anulan unos a otros, y extrayéndolas y puliéndolas en su simplicidad, decanta formas que cobran vida propia.

No hay grandiosa aportación humana que no sea una simplificación. Una reducción de lo complejo. Un trazo claro. Lo que los antiguos llamaban una forma. También es aquello que vemos de un golpe, lo que llamaban los griegos una idea. Cuando apreciamos la capacidad definitoria de un gran pensador, o la genialidad de un artista en cualquier campo, se nos vuelve asombrosa esta característica, que hace que la obra o pieza en cuestión no parezca surgir del cuerno de la abundancia de la inteligencia o el talento. Así es, nos parece milagroso el surgir de una creación de la nada misma, rodeada del vacío que la hace más contundente y especial, desnuda en toda su pureza. El gran genio  tiene el asombroso poder de reducción y de recorte. El genio es fundamentalmente el que elige, selecciona, extrae, resume, en los elementos esenciales, lo que para otros no se arregla más que añadiendo y añadiendo cosas. El principio de Simplicidad, fundamental en todo, en la creación es absoluto.

Cuando leemos, o vemos, o admiramos las grandes obras, y comprobamos su fuerza, no nos damos cuenta de que gran parte de la misma radica en un saber reductivo. En generar categorías nítidas, ideas que tengan color y forma únicos, en enumerar rasgos que por su profundidad sean pocos y subsuman en su densidad semántica otros muchos factores. Cuando componemos una obra pensando en centrar en rasgos simples sus principales fundamentos, estamos creando verdaderamente algo nuevo. La sensación creadora más crucial está en eliminar elementos y factores, en ver con toda claridad cómo los rasgos simplificados se armonizan entre ellos creando la totalidad.

Hablo de composición y es precisamente por esto. Lo que los griegos significaban con el verbo "Sinzetó" σινθετώ, es a la vez simplificar y componer. Porque en las creaciones profundas, hallar los núcleos de profunda belleza o verdad y ponerlos en conexión, en su absoluta limpieza, en una síntesis creadora, genera una totalidad que surge de la combinación armoniosa de lo escaso. Esta es una gran paradoja. Se produce porque los elementos extraídos y simplificados al máximo que se ponen en relación tienen en ellos la misma calidad de belleza, y al integrarse, generan juntos un cuadro que  en su contracción creativa produce un valor mayor, como si se tratara de un rostro, con personalidad propia y profunda, que es único en su ser.

Resultado de imagen de calblanque flor
Toda creación en todos los campos es al fin y al cabo una pintura. Cuando elegimos los vórtices de la pintura, y los constelamos y ponemos en relación, eliminando toda distracción y aquilatando el peso de cada uno de los pies de la composición, se produce un fenómeno mágico de aumento de la belleza y del poder formativo del conjunto. La simplicidad nos afina el pincel, lo hace más preciso, nos acerca más a la perfección. Desnudándonos de nuestra misma capacidad recargadora, de nuestro ego interpuesto, para que no estorbemos el poder mismo de las ideas o fuerzas vectoriales encontradas, de generar una visión nueva de lo real. Finalmente, una vez que elegimos esos vórtices, categorías, elementos compositivos, argumentos o medios, y los despojamos de todo lo que el ego artístico o creativo, el cerebro pensador o investigador añade sin querer, desdibujando su propia capacidad de ver, entonces la obra creada en cuestión se transparenta y se convierte ella misma en algo vivo, con capacidad de formar nuestra visión, con energía propia que la desplaza en tiempo y espacio. se produce la auténtica creación de forma. 

Mucho de lo que hay que hacer, para crear algo nuevo, es no hacer. Es desembarazarse de elementos. Es eliminar rollos de película, como hacía Capra. Es renunciar a un color completo, como Rembrandt. Cuando elegimos con verdadera austeridad unos cuantos rasgos esenciales, y los enumeramos, con plena sinceridad y pureza de gusto, generamos una energía, un poder atractor, que sintetiza y compone verdadera atracción creativa. De ella salen, como ondas similares, otras formas. Pero el rasgo con el que decidimos simplificar toda una labor de composición y trabajo arduo es muchas veces lo que lo purifica y hace expresivo.

El misterio de la creación armoniosa es insondable, pero a él nos acerca el hecho de que cuando usamos la humildad generativa y la economía expresiva somos más potentes y más capaces, comunicamos mejor y transmitimos con más fuerza ese algo único que intuimos en aquello que hemos captado por primera vez. El arte creativo más profundo es mera disposición. Y para regir esa disposición, la única y más sublime ley es la de la simplicidad.





martes, 1 de agosto de 2017

CIENCIA BASURA

Cuando se leen en estos días contribuciones académicas y científicas de muy distintos sectores, y se adentra uno en el aparataje sustentatorio de un discurso o tema científico actual, en la mente del lector intuitivo sobrevuela de inmediato la impresión de que mucho de lo que lee, prácticamente todo, es pura Basura. Y el asunto merece un post porque oigo ya a muchísimos investigadores y científicos diciendo que No Creen en la Ciencia tal como está organizada en el último siglo, y que lo que hoy se tramita académicamente es en su conjunto Basura.  Los sistemas académicos no funcionan y estamos ante un siglo de lentitud en el desarrollo científico. Vamos a dar unos trazos generales del problema, que afecta gravemente al desarrollo humano.

Por motivos muy sorprendentes el conocimiento científico se está autodestruyendo a sí mismo en una auténtica jaula de hierro sometida a los peores impulsos de poder y de dominio, cuando no de interés económico y especulativo. Desde hace décadas y en completa contradicción consigo mismo, el supuestamente perfecto sistema de investigación y ciencia, que se auto-examina y refuerza con constantes validaciones y pruebas, no produce una mierda. No da resultados. LLevamos un  siglo de estrictos sistemas de competitividad en la vigilancia de las investigaciones, de férreros chequeos en la metodología conducidos por los organismos y agencias evaluadoras, de minuciosísimas y malvadas vigilancias de cada aportación en las publicaciones prestigiosas. En este siglo han aumentado inmensamente los sistemas de garantía de calidad de la ciencia. ¿Y qué se produce? Mierda. Mierda insignificante. Artículos hechos para ser evaluados positivamente que no valen para nada. Repeticiones e iteraciones de las metodologías con las que se compara, retrospectivamente, al nuevo aporte. Inmensas cantidades de caca reiterativa e inútil, que no genera avances ni desarrollos comparables a los de los siglos anteriores. Glosas y glosas de todo el pensamiento anterior, de todos los aportes anteriores. Ningún científico actual osa ponerse a su altura y lanzar ideas nuevas, osadas, grandiosas.  ¿Por qué?

 Estamos a un siglo de la última gran revolución física, la cuántica. Los científicos cuánticos no podrían hoy publicar ni difundir sus resultados porque se los consideraría una peligrosa secta mística cuyas conclusiones no están probadas positivamente. La ciencia experimental, y no digamos la ciencia social actual, es positivista como en el siglo XVII y completamente escolástica en su radical negación de toda innovación. En ciencias sociales, en filosofía, en lingüística o en filología el más rancio dogmatismo impide impulsar las ideas nuevas, las hipótesis innovadoras. Lee uno a un Chomsky que avanzó tantísimo en la lingüística a mediados del siglo pasado, y hoy está enmarañado en recorregir y reformular sus hipótesis para terminar afirmando estupideces de grueso tamaño, porque su teoría fue sometida a tal ejército de revisiones que ni él mismo se defiende ya contra su propio rigor mortis académico. Y el rigor mortis en todos los sectores y autores va poniendo la mordaza a cada uno de los autores y pensadores de valor de nuestro tiempo, que están todos ellos matizando y rebajando el tono de sus aportaciones hasta convertirlas en simples matices al discurso general, el discurso de la monótona calidad vacía de avances.

 Todo debe ser validado por publicaciones y agencias que son extrañas al propio entorno de investigación y que a pesar de que controlan la difusión y validación de los contenidos, no se rigen por su conocimiento sino por supuestos métodos objetivos de revisión. Estos métodos exigen, por ejemplo, que dos expertos actuales dén crédito a lo que se afirma en la investigación. Es decir, se somete a la visión retrovisora el avance del que innova. Pero además, y por los propios sistemas de competitividad creados para asegurar una vigilancia incoherente y neurótica de lo más estúpida -como si los innovadores científicos fueran especies peligrosas que controlar en sus movimientos como a locos manipuladores de armas químicas- es prácticamente imposible generar una revolución de pensamiento en ningún campo hoy en día. En ningún campo. Se ha creado un sistema que anula desde su raíz el pensamiento innovador mismo. Lo condena a la marginalidad y al ostracismo.

En un sistema que a Kuhn le hubiera resultado irrisorio, los paradigmas científicos están todos con el frenillo puesto en torno a cuanto ocurrió en 1900. La ingente producción de mierda en la ciencia y el conocimiento humanos crecen exponencialmente sin cambiar el paradigma kuhniano de 1900. Se acabaron las revoluciones científicas desde entonces. Uno lee los autores de ciencias y de letras de ese momento y son mucho más innovadores y valientes que los actuales. Aporta más un Lippman, un Jung, un Ortega, un Jaeger o un Heisenberg de 1900 que quinientos cientifiquillos premiados hoy en día con la máxima distinción internacional. 

Desde hace décadas la ciencia y el conocimiento están en la mierda de su propio sistema de medición y de selección que se ha convertido en una jaula planificadora que premia a los más mediocres y castiga a los innovadores y creativos. Buscamos en los libros científicos actuales autores que no se traicionen a sí mismos rindiendo culto a la cuantificación imbécil o a la hipermoderación alambicada e incomprensible. NO hay por supuesto comunicación de la ciencia a la sociedad, como es lógico, porque no hay nada que comunicar que merezca la pena. Y así los científicos e investigadores no saben enseñar ni son capaces de generar en los jóvenes el impulso innovador. Este proceso se produce al margen del sistema, contra el sistema mismo, escondiendo al joven innovador para que pueda entrar oculto bajo la capa de un acreditado loro repetidor de las mismas memeces de siempre en un campo científico cualquiera.

La muerte del conocimiento y la ciencia -no la aplicación técnica, que esa se nos da de maravilla y es la que ha prostituido toda capacidad de reconocimiento del saber humano, comprándolo por miserables servicios a la estupidez y el egoísmo humanos- tienen un precio inmenso. No hay un conocimiento real de cómo solucionar los problemas humanos. La ciencia no sirve para paliar los dramas mentales ni materiales, y la humanidad sigue su caótico rumbo sin que haya corrección del mismo por ningún saber. Por no saber, no sabemos ni vivir en paz y en felicidad. La ciencia, es sin duda, hoy por hoy, otra basura más de las muchas que el humano ha generado como consecuencia de su presencia en el planeta, algo como un debate de grillos y loros locos que nadie escucha, en el que se batalla por dinero, poder y fama, pero que no genera más que toneladas de mierda mental, y digital.

domingo, 30 de julio de 2017

ESCRIBIR EN LA ARENA


Leyendo estos días al increíble Carl Jaspers, y su texto Origen y meta de la Historia se hace clara una idea de la existencia mucho más fina y profunda de la que habitualmente oímos en nuestra época. Jaspers tiene la idea de que la Historia la hacen verdaderamente personas excepcionales, especialmente desarrolladas en su humanidad, que literalmente hacen escalar al resto hasta el nivel de sus actos y creaciones e innovaciones, de manera que terminan tirando de los demás. El espíritu que desarrollan genera una capacidad comunicadora que finalmente influye en la sociedad de su momento. Muchos grandes hombres no llegan a comunicar su espíritu a la sociedad y no se convierten en historia en acción. El proceso es complejo y está marcado por la individualidad del ser auténtico de cada uno que entra en sintonía en esa inmensa escalera hacia lo real. Pero lo que sí es cierto, asegura el genial alemán-suizo, es que la Historia humana que es y existe la han generado y escrito los grandes espíritus de la humanidad.

Como se ve no se trata de una concepción comptiana o puramente fisiológica de la historia. La historia humana es la de los avances hacia el futuro. El tiempo no es simplemente el crónos, la linealidad aparente que deviene, sino el kairós, la oportunidad realizada, lo que llega a ser a partir de la influencia del espíritu en el mundo. Estamos en una absoluta indefinición del futuro, porque nada está asegurado que sea y la historia está abierta, como el espíritu: se define por los actos que la libertad profunda del espíritu dibuja en el mundo.

Esta teoría puede interpretarse de muchas y muy provechosas maneras. Una de ellas es pensar que mucho de lo que acontece a diario no es historia e incluso, no es. Al carecer de espíritu, al no estar dictado por la libertad, es escritura en la arena. Algo que desaparecerá con la ola que llega inesperada en unos instantes. 

Y así es efectivamente. Cuando tienes muchos años te das cuenta de la cantidad de cosas, de carreras personales, de ambiciones, de intentos de conservar control y poder, son simplemente trazos en la arena: no tienen un espíritu que los haya dilatado hasta convertir en actos auténticos, no son historia. Y en muchos casos, estos hechos, cronológicamente, se desdicen a sí mismos de maneras tan dramáticas que nos dejan sorprendidos: la flecha lacerante del kairós se hunde en el pecho del financiero en la cumbre del mundo que en realidad estaba bajando a los infiernos, la guerra eterna se vuelve contra el país que invade y quiere ocupar terrenos por la fuerza y detentar un poder eterno, o incluso, la manipulación del totalitario se convierte en la señal inequívoca de que nunca conseguirá lo que pretende para su país. Todos ellos escriben en la arena. No llegarán a ser, e incluso, el ser que tienen se borrará con el oleaje que ellos mismos generan en su locura.

Saber ver esto y vislumbrar cómo centenares, miles o millones de locos escriben afanosamente en la arena de nuestros días es algo que hacen los espíritus visionarios, los que aconsejan a aquellos locos que abandonen su intento inútil preguntándoles si no ven que van hacia el desastre y que todo cuanto hacen conspira en contra de su mismo ser. De su misma consistencia como seres reales.

Está el mundo lleno de personas y sus cosas que son hechas y emprendidas con ansias y ambiciones desmedidas, con intenciones aviesas y manipuladoras, con deseos de control de las apariencias y de dominio de las circunstancias. Sin embargo lo que planifican, lo que planean, es una entelequia, una quimera. Es fruto de una locura posesora que les ha robado el sentido de lo que realmente quieren, y los ha situado en un mundo imposible. Como Jaspers dice, ninguna de esas personas y cosas existen realmente, no llegan a ser. Se les podría preguntar ¿dónde vas? porque la dirección de sus flechas está envenenada por la confusión y el ansia desorientada, y se volverá contra ellos.

Muchos conflictos actuales, muchas injusticias palmarias o incomprensibles carreras fulgurantes o burbujas de éxito están en medio de una ola que los deshará en vacío y limpia arena. Basta ver las señales que llegan de sus incoherencias, del daño que ocasionan, de lo infructuoso de sus empeños, de los años que llevan mintiéndose a sí mismos y a lo que los rodea. Son mentiras a gritos que pueblan con sus supuestos "actos" y hechos nuestras noticias, y los medios se hacen eco de tanta insignificancia sin pensar y ver un poco más allá de las intenciones del manipulador y sus quimeras planificadoras.

Con los suficientes años vemos muchas flechas volver, desde el futuro, a borrar a sus arqueros de nuestra memoria y de nuestra historia. A veces esa reescritura del destino es muy cruel y genera una debacle que arrasa a víctimas inocentes del despropósito o la planificación incapaz que se quería causar. Entonces nos lamentamos, como hacían los griegos, de la catástrofe creada por esa hibris, desmesura, que ha recompuesto la historia de una manera tan ciega. Pero es que ciegos fueron los causantes que en sus estúpidas ambiciones las causaron. 

De tal manera que el consejo de Jaspers es sencillo. Que los espíritus insuflen la historia a su ser. Que los que realmente están inspirados, no por el hacer y el dominar, sino por  el simple crear e innovar, conserven su libertad profunda para saber cuándo hay que actuar y cuándo simplemente dejar que el tiempo pase, a la espera de que en su acción limpie la hibris de nuestro fondo de alma, que está siempre confundido con extrañas fantasmagorías y manías, pero que puede, si sabe esperar y dejar madurar las cosas, llegar a ver en el horizonte el ser que realmente es.

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viernes, 7 de julio de 2017

La casa Vicente Aleixandre

Esta casa sostenida por la raíz de un inmenso cedro.  La fuerza poética que lo plantó sigue viva porque las raíces que sujetan los imperios de la vida son las esencias que siguen llamando a la vida.

Al llegar al fresco jardín salvaje y ante los muros desvaídos  de tanto sol de nuestra casa regresamos a lo que somos, invitados por el poeta década tras década.

Y es una fiesta de intensa  emoción y alegría unirnos a la tierra fértil,  a la fuerza de los versos,  a los pájaros que llegan y a la estrella Sirio arriba, velando para  que toda muerte no sea sino un camino en el campo de la noche,  del perro aún presente, hacia la vida.

La sencilla eternidad de una vida dedicada a la poesía.  La historia pasada que mueve a una multitud de luchadores por esta casa. La simplicidad de una memoria fiel a sí misma.  Pobre,  simple,  eterna,  auténtica.  Una raiz de árbol que sustenta una casa .

miércoles, 28 de junio de 2017

Tres Clásicos





Tres clásicos

Acompañado de dioses he pasado toda mi infancia y sin saberlo. 
Entre sus mafias y milagros me he criado como un amor requerido y satisfecho hasta el infinito.
Las umbrías de sus moradas, la bendición de sus aromas y efluvios de aguas y flores, el tiempo represado en sus templos y el cielo como escuela de mi tierna mirada.  
De allí procedo. 


Con la libertad de la mano saldremos adelante, esa mano de madre de amor que conduce en la noche, esa dulce directora que al pensar castiga y más allá de su corazón yergue cuerpos, esa vidente magistral que hace cantar al alma su verdadera canción más allá de todas las angustias y todas las estrecheces, y pisar por fin la tierra de los vivos, amarilla y seca. 


Libertad gamberra y atlética cómo te gusta bañarte en agua pura de un arroyo de la sierra donde soñar verdes poemas, cómo te gusta rasgar y romper la estupidez y llamar con tu voz negra a tu reino por su nombre hecho sólo de sol y sólo de pobres piedras, cómo te gusta tu carácter y que te dejen sola y que el tañido metal de tu garganta se vaya y vaya templando para tener el oro de música cuando quiera el tiempo, cuando madure su cuerno, cuando se curta el acento o su verdad se haga neta.....

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martes, 23 de mayo de 2017

Musgo sobre el musgo



Un perro duerme su sueño
sobre  la piel  del mundo
sueño sobre sueño, musgo sb re el musgo
y llega la muerte y borra su dibujo
y queda el dormir  solo,
raiz negra que entra al fondo de la tierra
como una oscura garra, y al alma llega
y levanta un árbol oscuro al cielo azul
un junco negro en la acuarela gris
que cruje en el pantano de la paz mas fria.

Deshecho en hebras doradas y guedejas
el perro precioso que dormía,
se lleva el viento en su dolor de hálito
toda su esencia.
docilmente dormía sobre el dócil lomo
de este animal mundo.
Sueño  sobre sueño,
musgo sobre el musgo.

sábado, 13 de mayo de 2017

La Gran Conexión


Visitando estos días Creta y su fabulosa cultura minóica de más de  5000 años de antigüedad una ve con claridad hasta qué punto las culturas no son sino grandes conexiones de formas simbólicas que de vez en cuando en la trágica historia humana consiguen pasar fronteras y generaciones, para legar construcciones de sensibilidad y experiencia a las siguientes almas en busca de elevación. 

Muchas civilizaciones no son culturas, no son resultado de conexión ninguna.  Cada vez que una civilización  consigue unirse con una tradición cultural previa y llegar a una síntesis hay un paso de gigante para esa civilización.  Creta realizó, a partir de la cultura egipcia y de la cicládica  una conexión riquísima que dio luz al desarrollo total de la belleza griega, inmensa y conectada a la vez con la naturaleza y la humanidad.

Deberíamos entender que la cultura, mecanismo de conexión y cultivo de un tesoro previo de forma y significado para la vida, es algo raro de encontrar en el mundo.  Formas de vivir y de detentar poder hay muchas.  Pero grandes conexiones con  hallazgos profundos que progresen sin imponerse y sin aplastarlos, hay poquísimas. Podemos entonces ver cómo  las grandes conexiones entre mundos o  territorios  están en el origen de los desarrollos de cultura.  Solo la conexión y la continuidad  facilitan el fluir de energía creativa que en las formas y su cuidado implica y entraña una ética, un refinamiento humano. Eso es una cultura.  El sincretismo es necesariamente educado y culto. Y si la tradición cultural que se suma es profunda y múltiple entonces crecen exponenciales los frutos de esa cultura.

Esto es lo que se ve y se saborea en Creta.  El origen de la gran simbiosis cultural que formó  la cultura incompleta de ese mundo llamado Europa, donde  como sabemos no es oro cultural todo lo que reluce.  Creta es la unión de la cultura egipcia y la oriental en un mundo nuevo. Ese mundo irradia su florecimiento a Europa, pero nace al sur. Constituye  un ciclo completo hasta Alejandro,  un trimilenario esfuerzo  conector que poco a poco se ve suplantado por el ansia de poder hasta sucumbir en el imperio romano.

Conociendo Grecia salta a la vista que en Europa hay mucho poder y poca cultura,  actualmente.  Y la prueba de ello es la incapacidad de conexión.  El drama económico y político de los  refugiados y la soledad de los cultísimos países pobres lo prueban.

Hoy las cosas siguen igual. Pese a que a nuestras manos ha llegado una tecnología de conexiones que  debería crear una nueva cultura, falta algo esencial que nos lo impide.  Algo que acompañaba las conexiones por el mar de las culturas minóica y cicládica con las formas asirias y persas y con otros pueblos mediterraneos que crearon la cultura griega profunda. En aquellas milenarias  culturas había capacidad para absorber formas religiosas y para traspasar tesoros únicos en misterios guardados en los palacios rituales.  Las conexiones transportaban y cultivaban a las almas. 

Nuestras conexiones hoy transmiten a menudo guerra, angustia, dolor y cierre de fronteras.  Son raíces secas de un arbol cultural podrido, hoy convertido en un gráfico bursátil.No hay conexión mas allá del poder, y nuestra comunicación es una farsa especular y alienante . Ello implica que no hay cultura ni ética. Solo las formas del poder y la violencia malviven. Una era garrula y sin formación, sufriente, es la nuestra.

Mirando las bellísimas formas de este cultīsimo y paupérrimo  mundo griego se comprende muy bien que  hoy se haya perdido completamente el norte de lo que es cultura y su confusión con imperios de poder . Un cretense hereda hoy tal riqueza cultural que si pudiéramos verla  y compararla con los rústicos  y garrulos potentados del norte nos quedaríamos sorprendidos. Pues en el viaje de los milenios sólo escriben los países cultos en su inmensa traduccion del lenguaje de las diosas y dioses. Los demás  nada nos dicen.


sábado, 15 de abril de 2017

Silencio

Silenciosamente llegaste,
silenciosamente te has ido
dejando los delicados ruidos
lejos de mi realidad vacia;

la vida de un perro está  envuelta
en delicado silencio y paz
y en medio, una mirada densa y negra:
ancla y garra de amor
que sonríe al amo, como latido vivo.

La vida no continúa  después,
es un retroceder adonde no hay ya nada
desde donde no queda nada.

Es un eco de lo que fue,
que no comprende
dónde ha ido el oro de la piel,
cómo se ha deshecho en pelusilla
que el viento arranca a un seco cuerpo
sin vida.

El ser se pregunta qué  es la vida.
La máxima belleza, armonía
y amor,
se quedan en silencio. 

miércoles, 12 de abril de 2017

CLARITAS, INTEGRITAS Y CONSONANTIA EN PATERSON, DE JARMUSCH



He visto, algo tarde ya en la cartelera, la película Paterson de Jim Jarmusch, director siempre personal y peculiar. No había podido leer ninguna crítica a esta peli, a pesar de que el tema me interesaba de antemano. La película es una maravilla, como se ha repetido. Este año está siendo un año de buenas pelis, como Hidden Figures. No siempre ocurre, y muchos éxitos cacareados son auténtica porquería desde el punto de vista de la creación.

Paterson es una rareza cinematográfica, la primera película que traslada la creación poética a la narración fílmica con total acompasamiento y claridad. Ha habido mil intentos de películas por recrear la poesía verbal en el lenguaje del cine, sin éxito, desde intentos como el muy fallido de este año de Terence Davis sobre la poetisa Emily Dickinson hasta los incapaces esfuerzos por trasladar el poema clásico en obras como El perro del hortelano. Algunos directores notables, como Kenneth Branagh, han emulado la poesía shakespeariana con un espíritu fílmico que recuerda a Shakespeare. Otros con menor fortuna lo han intentado con el poema clásico francés, de Arianne Mnouschine a Jean Paul Rappenau. En todos los casos el cine tiende a fracasar a la hora de verter la poesía verbal a su lenguaje. Salvo en este caso. de ahí que esta película sea tan magistral.

El cine tiene su poesía visual, su exaltación poética mediante la narración verbovisual y musical, mediante sus tempos y espacios. El cine por supuesto genera universos poéticos, como los de directores como Kurosawa, Kieslowski o Zang Jimou. Pero el cine es particularmente incapaz de reproducir la creación poética verbal registrándola tal cual. Puede hacer perífrasis del lenguaje poético, puede traducirlo a su universo magistralmente, como han hecho tantos autores geniales de películas, pero no puede literalmente mostrarlo, porque se trata de otro modo creativo. Podemos traducir un modo creativo a otro modo sin problemas, y exhortar la belleza de uno en el otro, con particular gracia o exaltación. Pero hasta ahora, ningún director ha podido filmar la creación poética verbal. Hasta Jarmusch.Resultado de imagen

Ese algo especial, único, que los críticos de cine no aciertan a describir del todo, en la película, y que definen como "simplicidad" " trasparencia", "capacidad narrativa", "sencillez narrativa", es la presencia ni más ni menos del impulso creativo puro de la poesía que se manifiesta en esta película de una manera totalmente nueva. Hasta ahora ningún cineasta ha retratado la creación en la mente de un poeta de una manera directa. Aquí lo podemos ver. Podemos comprobar que efectivamente no hay un hilo narrativo cinematográfico que parafrasee el proceso. No hay una consecución de funciones narrativas, sino que la poesía es la que vertebra la narración, desde su emergencia, desde su brote.

Jarmusch ha hecho un ejercicio de  espartana rigurosidad a la hora de mostrar cómo se genera un poema en la mente del poeta. Quizás Von Trotta sea otra directora con la misma capacidad de empatizar y sincronizar su mirada fílmica con la voz de un creador, escritor o artista. Jarmusch consigue algo único, empero: se mete en la mente del poeta, mostrando su universo dotado de aquellos rasgos que Santo Tomás, Joyce y Joseph Campbell aislaron en toda obra magistral: claritas, consonantia, e integritas.

Si analizamos Paterson veremos que efectivamente esta película está dotada  de una peculiar claridad, consonancia o armonía, y completud o integridad.  La claridad emana de cada imagen, de ese acercamiento único a la mente del poeta que se trasluce más en los silencios y situaciones serenas y pausadas que en las peripecias. La poesía acontece al poeta, y es toda su peripecia, su recorrido de tiempo está en ese acaecer de la creación que rapta el tiempo y lo traslada a otra forma de vivir, a otro modo de sentir. La absoluta armonía y consonantia en la película es la correspondencia entre sus partes integrantes que encajan sin que sepamos cómo ni por qué, como dicen muchas críticas, no existe una trama pero todo el ciclo temporal del filme sigue una concordia absoluta guiado por el ritmo de la creación poética, que es la que marca el estado de humor de todo el filme, como digo, armonizando todo, incluidos los silencios, espacios en blanco y elementos asemánticos, que son esenciales en su creación armoniosa. Existe un homenaje constante a los ritmos que emanan de la misma rutina, para edificar con ellos algo más que simple estructura, una armonía que reviste de belleza lo real más rutinario y repetitivo. La identificación entre armonía creativa y concordancia de la realidad cotidiana y rutinaria nos permite deslumbrarnos ante el mundo: eso es puro sentimiento poético, esa es la función poética, que bautiza y se genera en lo real.Nada que pueda producir emociones desaforadas ni ningún tipo de catarsis, porque estamos ante el modo poético, y no el dramático ni trágico, ni el épico. ES escasísimo el número de creadores que pueden generar obras en este modo hoy en día. Vivimos engolfados en géneros inferiores de recepción artística.

La integritas de Paterson se manifiesta en la sensación de plenitud narrativa en una película que apenas admite peripecia ni nudo dramático, y en la que todo surte de la generación de poemas que marcan el ánimo de la película y que enredan en torno suyo toda la aparición de personajes, absolutamente vitales y únicos, a manera de una pequeña divina comedia, entre los que existen consonancias y rimas constantes, pero cuyo carácter coral se reúne en total para darnos una visión de lo real fresca y nueva como ninguna: la vida de un conductor de autobús en una pequeña ciudad, se convierte en un fresco poético de una armonía y capacidad de resonancia increíble. La belleza toca los aspectos más absolutamente convencionales y manidos de nuestra realidad urbana, dotándolos de resplandor. Se produce un auténtico arresto artístico, una detención total de las maneras convencionales de entender y enfocar la narración, y se descubren otras, simplemente acercándose el director a la fuente misma de la inspiración del poeta. Esa frescura creativa está en todos los personajes, en todos los instantes de Paterson. Si Jarmusch ya había mostrado su talento de retratista humano en sus películas anteriores, ahora vemos un ejercicio único de capacidad pintora, desde el perro Marvin, -por fin un perro con personalidad en el cine, un auténtico actor canino- a Everett el amante frustrado que parece sacado de un fancine de los setenta o Laura, la mujer del poeta, encarnado también genialmente por el actor Adam Driver, con su preciosa voz declamando los auténticos poemas de Ron Padgett que son el filme en realidad y fueron creados durante el mismo.

Sin duda Jarmusch ama mucho la poesía y conoce su esencia bien. Lo que aquí vemos es un ejercicio de verdadero clasicismo artístico, eso único que nos muestra bajo el prisma de la gran belleza la mayor sencillez del mundo restaurada en su total integridad: claritas, integritas, consonantia. Un universo irrepetible, completo y nuevo. El de la creación poética en estado puro.

sábado, 18 de marzo de 2017

Instrumentos

Siempre  me  ha interresado la relación  entre hombres e instrumentos.  Filósofos primero, y luego otros pensadores sociales o artísticos han caído en la cuenta de que la relación del hombre con sus herramientas es trascendental.  Es así porque la esencia humana es fluida  y comunicativa: solamente en ensamblaje con un medio, herramienta o instrumento, del lenguaje a la cizalla, de la guitarra al baile, podemos llegar a ser y paradójicamente, completarnos.

Ahora con las tecnologías, aún es más aparente cómo  los humanos formamos sistemas  ensamblados. Unidos a una herramienta o instrumento, se produce una conexión con el centro de uno mismo o con la energía vital.  El misterio está  en que  la herramienta o instrumento pasa a ser parte de uno mismo y la asumimos como propia al comprenderla, adaptarla, empatizar con ella, o transformarnos en ella.  Y al llevar a cabo esa operación nos realizanos individualmente también.  Es decir, en conexión con lo otro, encontramos el yo. 

 Nuestro cerebro plástico puede extender su sensible esencia para prolongarse y favorecer esa simbiosis que es también la que genera la expresión artística, unida siempre a lo material externo, o la que genera la misma evolución vital cuando nos extendemos  a nuestras criaturas mediante ensamblajes afectivos, biológicos o educativos. 

Cuando un artista trabaja mediante un instrumento el sistema ensamblado que surge hace crear algo nuevo.  En esa creación están volcados igualmente hombre y herramienta, artista y medio.  La fusión que se genera parte de la capacidad humana de prestarse a la comunicación con el medio y el entorno y de extenderse en ellos.  Pero también parte de la capacidad de lo real en todas sus formas para hablar por el ser humano, para ser su corazón o sus manos, su mente o su espiritu.  El individuo, y el individuo humano en particular,  no es el fin de la existencia ni su culminación.  Es tan sólo  un instrumento, que ensamblado y empático con otros, fluye y así llega a realizarse. 

Los instrumentos nos dicen lo que somos. Son  nuestros espejos, aquello que se puede blandir o empuñar para llegar más lejos.  Eso somos los humanos también.  Energía que solamente existe cuando fluye. Y para eso existe solamente.

Crear es siempre usar herramientas e instrumentos que  son más yo que  nuestro yo. Con ellas crecemos y nos extendemos. Generamos,  en contacto con su disimilitud esencial a nosotros, un ser más completo.  A través de ese ser que fluye en el intercambio, se traspasa la vida. Somos lo que  fluye, no el sujeto ni el objeto.  Somos lo que se deshace creando y comprendiendo al instrumento. 

Nuestro lenguaje, nuestra comunicación con seres iguales, la esencial armonía con los animales,  nuestra capacidad de sentir más allá y pensar más allá  con todos ellos, proviene exactamente de la misma capacidad que hace que un obrero sienta su herramienta como su propio brazo, o la que hace que el ciego sienta  su bastón  como la punta de su mano.  Es la misma que hace sentir al guitarrista su guitarra como si sus sonidos fueran emitidos directamente por su alma . Y la misma que ensambla al esquiador con la loma nevada . El sistema creado trabaja junto para generar armonía entre lo disímil.

Nuestra cultura debiera ser más humilde reconociendo que fundamentalmente no somos sino instrumentistas o trabajadores manuales de la creación.  Nuestra relación con la vida es laboral. El manejo de nuestras herramientas nos da un alma, nos ennoblece y nos libera.  Y solamente  somos en la medida en que, reconectados con ellas, liberamos de un exceso de ego nuestro espíritu hecho para simpatizar.  Sólo en tanto salimos de nosotros mismos nos hallamos, y eso se lo debemos, fundamente, a los demás  instrumentos de la vida. 




sábado, 11 de marzo de 2017

Educación para una sociedad violenta

Estos dias se movilizan estudiantes y profesores en defensa de la educación  pública. Por una curiosa coincidencia los mismos dias se ha celebrado el dia de la mujer trabajadora, y hemos visto una respuesta importante de los jóvenes en este asunto también. No es una casualidad, porque  ambas cosas están  profundamente unidas.

Viviendo como vivimos una época  de comodidad y desarrollo, en la que existe riqueza social, aunque no repartida y no distribuida desde luego , estamos sin embargo en una crisis  profunda de la educación.  Y la trágica prueba de ello es que las cifras de violencia de género  no  paran de crecer. Pero no solamente la violencia  de género sorprende por su extensión . También  crece la violencia  estructural entre clases sociales con la desigualdad inmensa que se dispara, crece la violencia o maltrato  entre los niños y adolescentes, y no baja la crueldad contra  los animales.

Todas estas formas de violencia están  hablando de una profunda crisis educativa. Hay un nexo entre el desastre educativo en nuestro país  y el clima de corrupción, desigualdad,  agresión  social y falta de empatia, que crece sin cesar.

Lo único  que sirve al ser humano para elevarse  de su propia demencia  y para reconducir su espiritu despiadado  es la educación. Cuando un sistema educativo  funciona, el ser humano se amolda a la dulzura y  busca su paz interior. La educación  auténtica, no la simple  apariencia de una disciplina seca e inútil, sino  la imparticion  profunda del sentido de la existencia, reconduce a los humanos hacia su perdido centro y los vuelve conscientes de su papel en el mundo.

 Cuando se pastorea al alma con esa educación  auténtica  que nos pone en unión con lo que amamos, nos enseña nuestro fondo y nos templa la rebelde avaricia con la visión de la belleza, la armonía  y la verdad, entonces nos acercamos a ser una especie animal digna, moderada y pacifica. No antes. La educación no es un adorno  para el humano. Es la necesidad esencial para llegar a merecer la pena como ser. El hombre necesita la educación  para domar su fondo.

Por desgracia hoy en dia la educación va hacia superficiales disciplinas de la consciencia. Se educa en estupideces y con valores que los docentes no saben enraizar en los estudiantes. Por desgracia, se pone la educación al  servicio de la avaricia y la ambición, de la competitividad y la violencia estructural. Una total confusión  reina en el diseño educativo actual, victima de memas modas y de desorientadas ideas

Asi, verdaderos desalmados imparten clase a alumnos que heredan la impiedad y que serán conformistas, cobardes o crueles.  Cuando sus vidas corran riesgo venderán  al otro. Cuando se desquicien recurrirán a la violencia. Poco han sido educados en el eje de su consciencia. Y si, en el milagro de la Educación auténtica no topan con un maestro de verdad, esos que son una inmensa minoría y que luchan contra una sociedad que los desprecia  y aplasta, serán  seres sin consciencia dispuestos a lo peor, al impulso simple del humano sin cabeza.

La violencia y el mal que nos  rodea solamente se pueden combatir con la educación  profunda. No con campañitas ni lemas estupidos. No  con publicidad ni con razonamiento simple. Hay que tocar profundamente al humano para que genere su eje diamantino, que le impedirá  dañar al otro en situación de  daño. La forja  de un alma sensible a  los demás no se aprende de cualquier modo ni se consigue con anuncios en la tele. Es trabajo  de un educador.

Así que  si queremos ver cómo arreglar esta sociedad malvada y agresiva solo podemos hacer una cosa. Proteger la educación. Proteger  la rara especie del verdadero profesor  y aislarlo de las amenazas continuas  que sufre. Evitar y expulsar al impostor educativo, al criminal que daña un alma en germen en el secreto espacio de una clase. Huir de un sistema educativo banal y superficial que es competitivo y agresivo en sufondo.

Quizá  asi consigamos algun día que la educación realmente forme a personas y las amolde a su dignidad colectivamente. De momento  se trata tan solo de un sueño.

sábado, 28 de enero de 2017

NO DEL TODO YO



Ayer pude escuchar el discurso de aceptación del Doctorado Honoris Causa por la Universidad Complutense al sociólogo y experto en comunicación Johan Galtung. En estos actos tan pomposos no suele darse que un afamadísimo profesor y mediador internacional utilice como lo hizo el lenguaje más simple del mundo, para explicar su tesoro de sabiduría.

Galtung explicó con dos sencillos relatos cómo es posible llegar a la paz cuando se conocen las circunstancias previas y lo que el llama traumas no conciliados. En su discurso lo explicó muy sencillamente. Las soluciones a los conflictos más tremendos en la tierra no suelen ser porque existan diferencias de intereses, sino todo lo contrario: es la identidad de los intereres la que plantea los conflictos. Pero no solamente eso: es la identidad de contextos e incluso de psicologías.

Muy a menudo la solución es precisamente satisfacer ese interés común con una solución que reconozca las condiciones de base, que rinda honor a esos primeros fondos, motivos y reclamaciones de los corazones, para llegar de manera muy sencilla a la paz. Así, planteó un modo muy sencillo de terminar con el terrorismo islamista: el perdón. Relató cómo Italia, que es un país que no sufre ahora mismo el terrorismo islamista, pidió hace años perdón al pueblo árabe en Libia por sus crímenes allí.

Galtung cree que si Occidente reconociera oficialmente el daño causado en los países de Oriente Medio el terrorismo acabaría. Pues según su idea lo que hay en el fondo de ese terrorismo ni siquiera es la necesidad de una restitución material: es una restitución afectiva. Pedir sencillamente perdón por el inmenso mal causado por Occidente a esa Madre cultural nuestra que es la zona de Oriente Medio y sus pueblo y culturas herederas. Algunos países, como USA, tienen que pedir intensamente perdón: son cerca de 30 millones de muertos los causados por Estados Unidos después de 1945, después.

Pedir perdón, reconocer el inmenso mal causado, es un acto absoluto. No hacen falta más zarandajas teóricas: reconocer el lugar del otro, reconocer su corazón idéntico al nuestro. Ése es el sencillísimo camino de la paz. Todo lo demás puede arreglarse. Ningún interés material llega tan profundo a los hombres como la simple mirada del corazón.

Este prodigioso contenido, lo expresó Galtung sin papeles, con bromas, en un castellano vikingo, como él mismo dijo. A mí no solamente me parece un prodigio auténtico de sabiduría lo que dijo, sino cómo lo hizo: brevemente, sin alharacas eruditas. Sin ser del todo eso que le querían investir en el acto académico.



Y con ello, vemos que la gracia, el arte, la verdadera sabiduría de este mundo, es siempre así: infinitamente simple y sencilla, Y no del todo identitaria. Cuando vemos un prodigio humano, o sentimos nosotros mismos que estamos consiguiendo realmente avanzar, la perfección nunca es algo del todo personal: tampoco es un rapto por el espíritu del genio, sino una verdadera conexión o comunicación con la energía que en el mundo genera todo. Esa energía es la sabiduría, el arte, la belleza. Ella es capaz de todo.

No somos, cuando creamos, del todo nosotros mismos. Estamos conectados. Enlazados a unos ritmos o a una gracia que como en espejo, nos dice primero lo que somos, y luego lo que tenemos que hacer. Como si nos programara internamente.

Si seguimos sus instrucciones con atención, en el proceso creativo, no tendremos dudas de lo que hacer y de cómo hacerlo. Guiados por esa capacidad que flota en la creación que nos rodea de cualquier tipo, extraemos las fuentes del conocimiento, de la belleza o de la verdad, y sabemos lo que hacer. Y a menudo lo que tenemos que hacer no tiene nada que ver con el yo que se supone que somos.

Una de las consecuencias de esa extracción creativa de algo que no somos del todo, es el desprecio absoluto a esas etiquetas del yo que dominan la vida social. Como los intereres conflictivos, no son causa de nada, sino simples síntomas, tal y como explicó sencillamente el gran Galtung ayer. El yo, la autoridad, los cargos o los premios son estupideces estancadas y muertas con las que el ser humano cree hacer una caución de ese poder creador. Sin embargo son completas sandeces, porque como hemos dicho, cuando creamos y vivimos completamente no somos del todo yo. Somos algo más, algo en progresión, algo en camino, no algo reconocido ni aferrado a nombres o signos. Cualquier afán por escalar en los reconocimientos y los honores habla muy claramente de la desorientación de una persona que cree poder luchar contra el mundo por sus propios intereses, sin darse cuenta de que en el fondo fundamental, el proceso de llegar a ser es una conexión y una co-creación con el mundo, en la que no debe haber estorbos a la atención creadora absoluta, que escucha quién es, y lo lleva a cumplimiento.

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Y cuando vemos a alguien que ha escuchado, en la música, en la pintura o escritura, en las palabras humanas, en la tierra, en las fuentes creativas del mundo, quién es y lo que tiene que hacer, lo que sale de la boca, de la poesía, de la danza del esa persona, no es del todo ella misma: es siempre algo más simple, menos, imperativo, menos representativo, que un individuo: es la verdad pura, simple, sencilla. 

HACER ALGO CON LAS MANOS Blog de creación y comunicación de Eva Aladro Vico