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lunes, 11 de noviembre de 2019

EXTREMA DERECHA Y SOCIEDAD DIGITAL: LA RECONQUISTA DEL LENGUAJE

Los investigadores estamos muy interesados en ver la conexión existente entre el advenimiento de la sociedad digital, con sus rasgos característicos de abundancia informativa, aumento de la infoxicación o sobrecarga informacional, y todos los factores asociados, y el auge, a comienzos del siglo XXI, de los populismos y autoritarismos de signo extremo que aparecen en las democracias occidentales, pero también en otras partes del mundo. 

Hay una conexión evidente que no es nueva aunque el mundo digital sí lo sea. Los movimientos autoritarios de corte nacional socialista, los nacionalismos exacerbados de extrema derecha, y los populismos personalistas de tipo proteccionista y reaccionario, se presentan SIEMPRE que hay incertidumbre e inseguridad social, a menudo vinculadas con mutaciones tecnológicas, crisis económicas e incluso con un florecimiento de las innovaciones en ciencia y en cultura. Ocurrió en el siglo XX, en su primera mitad, y está ocurriendo en la primera mitad del siglo XXI. Vamos a explicar por qué, desde un punto de vista informacional y comunicativo. 

Ya en los años 40, el gran escritor Antoine de Saint Exupéry, interesado profundamente en la relación entre sociedad y lenguaje, se dio cuenta de que el entonces naciente movimiento hitleriano en Alemania, y el fascismo de Mussolini, estaban relacionados muy directamente con el uso de un lenguaje simplificador, y con un lenguaje que por su naturaleza primaria establecía orden. En la compleja sociedad de los años 30, acuciada por crisis económicas, por convulsiones políticas y revoluciones, y marcada por  el surgimiento de un montón de cambios tecnológicos, incluso por una efervescencia cultural, el grado de incertidumbre y de inseguridad de la gente hizo que abrazaran el lenguaje extremadamente simple y ordenado de Hitler. Este lenguaje, basado en conceptos primarios como "patria", "familia", "deber", "hombre", "trabajo", "libertad", caló profundo en la sociedad de la época, y no solamente por la necesidad de reducir la incertidumbre, sino por otros factores que explicaremos ahora.

Cuando en una sociedad se da sobrecarga de información, por diferentes circunstancias, se genera un bloqueo social y psicológico. Cuando disponemos de demasiada información, y esta llega por cauces novedosos, se produce una sensación de desorden y de confusión que literalmente abruma a las personas, especialmente si éstas no están preparadas o no tienen capacidad de absorber la sobrecarga informativa adaptándose a ella. Cuando se producen revoluciones culturales y tecnológicas, ese proceso es muy evidente. Muchas personas, incapaces de absorber las innovaciones, experimentan lo que se denomina técnicamente una "mentalidad cerrada", es decir, dejan de abrirse a la información nueva, de manera no consciente en muchos casos. Este proceso hace que estas personas, aquejadas de infoxicación, cierren su capacidad de tolerar la incertidumbre que la mucha información nueva o la complejidad de la misma les supone. Es un mecanismo de autodefensa, que se manifiesta abrazando conceptos, lenguaje y mensajes que simplifican la realidad o imponen en ella una selección de valores. Estas personas reaccionan retrocediendo en sus creencias y en su percepción de lo real, hacia normas únicas, mensajes simples y hacia un sistema de orden que descomplica la realidad. Así, un político que les habla de "patria", "ley", "deber" y "España", y que no discurre mucho más allá, es su líder, el que les habla claro, el que les entiende y el que borra la cháchara falsa o incomprensible de los demás. El lenguaje totalitario, que permite aplicar una mentalidad cerrada a la realidad compleja y excesiva que les rodea,  les favorece y lo escogen como "la verdad".

Además, hay otras razones para el auge del autoritarismo o el sectarismo en las sociedades de abundancia informacional y de complejidad social. Como Adorno estudió, el autoritarismo permite establecer un universo mental de normas rígidas y de orden claro, sometido a un lider o a un grupo sectario con el que se refuerza la personalidad individual de la gente que se siente débil, atacada por el entorno o insegura en su situación. Las mentalidades sectarias son cerradas, como las descritas por Milton Rokeach, pero sobre todo, permiten hacer una compensación psicológica y devuelven a la gente una fuerza de convicción que han perdido en un mundo más complicado y relativo de lo que ellos pueden soportar. Así, las personas con miedo a la libertad, como explicaba Fromm, abrazan sin problemas las ideologías sectarias autoritarias porque éstas les aportan fuerza, cierran su círculo a la información exterior, les permiten glorificar el convencionalismo y con el culto al ideario propio, simplifican la vida mental de la gente sometida a turbulencias o a complejidad. El ideario arcaico les justifica en su incapacidad de hacer frente a lo nuevo.

Es tristemente célebre que en momentos sociales de gran creatividad, de gran crecimiento intelectual y de gran avance social, surge, como en una especie de péndulo, la mentalidad autoritaria que acaba de un solo golpe con una época dorada de desarollo creativo. Pensemos que es en el mismo momento de esplendor científico, literario, artístico, de comienzos del siglo XX, cuando surge el autoritarismo nazi que segará de golpe a toda una floración cultural única en Europa. Lo mismo puede ocurrir en la actualidad. La sociedad digital es una sociedad altamente creativa y con una capacidad de innovación jamás vista en la civilización, y este lado de nuestro prisma social resulta muy difícil de asumir para muchos, que, sintiéndose incapaces de subirse al carro de las incesantes innovaciones en las formas de trabajar, crear, relacionarse o innovar, prefieren "volver" a una ética convencional, a una sumisión autoritaria o a una mentalidad cerrada y sectaria. ES de alguna manera la tendencia a la involución de una sociedad con una tensión clara y polarizada entre el avance y el retroceso.

De modo que hay muchas razones por las que en la sociedad digital surge el fascismo y los movimientos de mente cerrada, autoritarismo y sectarismo populista. Todos estos fenómenos están asociados a una sociedad de abundancia informacional y comunicacional en la que circula masivamente información. Esa información que circula también la constituyen los bulos, las informaciones falsas, los datos confusos, las imágenes de degeneración y de decadencia. Y ante este panorama, el individuo sufre una sobrecarga y una inseguridad que es la condición ideal para que abrace un lenguaje simple, una organización mental rígida, normas estrictas, culto a un lider y cierre absoluto a la información externa a su sistema de creencias. 

La sociedad de las redes sociales y la sociedad de los múltiples flujos de información puede abocar a un autoritarismo político absoluto en reacción a los efectos de sobrecarga que ella misma genera. Pero el problema, como vemos, es que los discursos totalitarios son también parte de ese panorama de información confusa, manipuladora o degenerativa que pretenden cortar con su lenguaje vacio de sentido. Es decir, Hitler es tanto causa como efecto del fascismo. Quiero decir que una vez que se instaura un flujo de información con ruido y desinformación, el lenguaje de la extrema derecha no hará sino retroalimentarse y escalar sobre los efectos que ellos mismos generarán en el sistema, porque este lenguaje introduce una gran perturbación al cerrar la capacidad comunicativa de las personas. Y explicamos por qué.

Conocemos desde hace muchísimos años cómo se generan las escaladas agresivas en los procesos de comunicación entre individuos. Básicamente las escaladas de tensión entre dos personas se deben a un constante malentendido basado en que no percibimos la agresión que nosotros causamos al otro y en cambio nos queda clara la agresión que el otro nos hace. En un sistema de comunicación fóbica con los demás, creemos que nos atacan injustamente, respondemos castigando, y la otra persona o personas hacen lo mismo. Este sistema hace que la agresión se mantenga, y si además se percibe un desequilibrio entre lo que uno hace y lo que hace el otro, que se quiere contrarrestar, se agrede cada vez más al otro, produciéndose una escalada de agresión. 

Esto es exactamente lo que produce la llegada del lenguaje hostil de la mentalidad autoritaria que estudiaron Adorno, Rokeach, Fromm y los demás genios de la comunicación que estudiamos en Teoría de la Información. El autoritarismo manifiesta hostilidad hacia el mundo que le rodea, además de cerrarse a la información del exterior y volverse solamente hacia su interior colectivo. Con ello, inicia un proceso de agresión al exterior que es respondido por otras formas de autoritarismo similares -por ejemplo, un partido de extrema derecha nacionalista y un partido nacionalista extremo de cualquier signo político-. Como el autoritario es incapaz, por su cierre informacional, de percibir las agresiones que él crea, y se justifica con las que recibe, el proceso se retroalimenta generando más y más agresividad ambiental. Un parlamento en el que un partido tóxico autoritario se hace fuerte se convierte en germen de constantes conflicto, y con ello alimenta el auge de más y más autoritarismo y peor ambiente social.

El único modo de reencauzar una situación en la que un ambiente informacional sobrecargado, por el advenimiento de revoluciones tecnológicas, o por un auge de innovaciones, o por una crisis económica o social, es enseñar a las personas a tolerar la incertidumbre y educar hacia la seguridad personal y la tranquilidad en una sociedad altamente comunicativa. Nuestro medio digital supone increíbles avances y también infiernos diarios con mensajes terribles de todo signo. Acostumbrarnos a ese mundo, ayudar a asimilarlo, a cambiarlo en lo posible, y no cerrarnos al futuro, es clave para que la tendencia reaccionaria -que esto es lo que realmente significa dicha palabra- no gane en el proceso. Recuperar el Lenguaje, es decir, no permitir que un lenguaje de pureza, simplicidad y valor quede en manos de los autoritarios o sectarios, es esencial. Y para ello, los políticos deben hablar con autenticidad, saber hablar, tener un lenguaje sincero. De todo ello depende que una sociedad no se rompa en escaladas bélicas y procesos de regresión a la barbarie.

viernes, 4 de octubre de 2019

Los Remedios, sala ExLímite: acontecimiento teatral de otoño

La sala Ex-límite, en el barrio de Usera, acoge de nuevo durante este mes el espectáculo co-creado por Fernando Delgado Hierro y Pablo Chaves con dirección de Juan Ceacero. La obra Los Remedios ya se estrenó en primavera  de este año en la misma sala y vuelve porque las cosas excepcionales  tienden a volver en el magnético  mundo del teatro. Lo más que podemos decir, de este redondo trabajo interpretativo, es que es lo que los críticos intuitivamente llaman todo un acontecimiento teatral.  Y explicamos el peso real de esta expresión.

Los Remedios es una autoficcion escénica.  Este género que conocemos desde hace años tanto en tablas como en cine (como la célebre serie de películas de Linklater Antes de que Amanezca), utiliza  como materia dramática  la propia vida y recuerdos del actor en escena, triturando la capacidad perceptiva del creador o intérprete y sus emociones más profundas para generar pulpa teatral que luego puede combinarse con ficción, reflexión  o cualquier otro elemento.
Los Remedios sin embargo da un paso más en la exploración  creativa de la autoficcion dramática y nos ofrece algo único , muy conseguido y perfecto desde el punto de vista de la eficacia teatral, y es la interacción en escena de dos auto ficciones que crean un mensaje único.


Los Remedios es una función excepcional que debería verse por críticos e investigadores escénicos, además de por el público culto, y premiarse adecuadamente, por la investigación que implica y que está tan bien ubicada en esta sala Ex-limite, que Gérard Imbert con su inquietud vitalista ha hecho revivir en Madrid.

Y lo es porque asistimos en ella a un asombroso círculo perfecto en el que dos actores y un director ponen el alma misma y todo su cuerpo para expresar y generar a la vez un mensaje. Y esto es especial: el teatro no solo dice un texto sino que lo Hace. Es performativo. Y Los Remedios  es un excelente ejemplo de cómo resolver la extraña y dolorosa carrera de una vida mediante la salida hacia el exterior, a los amigos, al mundo, de una persona, donde como dice el raro y profundo texto de la obra, somos contenidos, por fin, por los amigos.
Y esto es lo que Los Remedios hace: acciona los recuerdos  reales  de dos amigos sevillanos que se hacen actores y que son los actores de la obra, cuyo mensaje
expresa esa experiencia y la convierte en clave universal de búsqueda metafísica, que acaba en la verdad teatral, en la experiencia de expresarse ante amigos. Total nada.

Es teatro intenso,  esforzado al máximo,  rico en recursos visuales y trucos refinados.  Pero sobre todo es teatro de raíz, rimado y profundo y alcanza la humanidad esencial para comunicar, haciéndose de verdad arte.

El teatro es representación y por tanto está abocado a distanciarse de lo real. Pero el teatro supremo  consigue el milagro de conducirnos a lo real más absoluto y universal cuando su magia se une,  crea o conecta con la realidad.  Y esa alquimia portentosa tenemos aquí.

No os perdais el ejercicio virtuoso de comedia, historia, reflexión,  documental y análisis  de esta pieza única. Cuanto se dice ocurre en escena y eso es algo muy muy especial. Verdad escénica pura, poesía dramática o pura indexicalidad teatral de enorme valor. Auguramos  un riquísimo futuro a sus afortunados intérpretes. 

lunes, 26 de agosto de 2019

TRASCENDENCIA, EXTINCIÓN Y LAS MARSOPAS DE BATESON


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Hay un autor de enorme influencia en el estudio de la Comunicación llamado Gregory Bateson. Antropólogo y etólogo, estudioso del comportamiento animal, gran experto en el concepto de información,  dio una base profunda y filosófica al estudio de la comunicación animal. Y desde que su obra llegó a la madurez abogó por lo que él denominaba una Ecología de la mente, es decir, la búsqueda de modos de pensamiento que tuvieran directo efecto en acciones humanas para mejorar nuestra relación con la naturaleza y para prevenir el riesgo de extinción de nuestra especie y de desaparición del planeta. Bateson escribió en los años 60 del pasado siglo. Se adelantó muchísimo a su época y leerle hoy supone auténticamente ver la mente de un profeta, por lo que ahora explicaré.


Bateson pronunció en los años 60 una Conferencia en homenaje a su amigo el psicoterapeuta Eric Berne, fallecido tempranamente. En ella, el británico reflexionaba con hondura sobre la necesidad de trascender el nivel de pensamiento humano actual para llegar a solventar los grandes problemas que aquejan a la humanidad. Él consideraba que la cultura y la comunicación humanas debían servir para esto, pero lo que entendía por trascendencia era algo mucho más amplio de lo que hoy solemos atribuir a esta palabra.

Bateson se dio cuenta de que una de las motivaciones fundamentales del ser humano es la dependencia incontrolable y la adicción. Así, consideraba que el ser humano en muchísimos aspectos y situaciones vive envuelto en adicciones, que van desde las propias drogadicciones, al tabaquismo, el consumo, o las adicciones como necesidad de incidentes o la de reconocimiento por parte de los demás. Para este autor toda la literatura, la cultura y la comunicación de mayor calidad, lejos de entretenernos o divertirnos,  no hacen otra cosa que mostrarnos las consecuencias y las claves de nuestras adicciones y dependencias, y sobre todo, cómo podemos superarlas. Ése es su verdadero valor y función, y no la de hacernos pasar el rato o encandilarnos con su belleza.

Bateson consideró que las adicciones son problemas psicológicos, y no sólo bioquímicos. Una persona adicta tiene lo que él definió como doble vínculo: aquello que necesita es también lo que lo aniquila. O bien: quiere  y no quiere algo a la vez. O bien: desea dos cosas contradictorias completamente entre sí. Los dobles vínculos son terribles para la mente humana, y están relacionados con el desarrollo de la esquizofrenia.

En realidad, toda la civilización humana, según Bateson, está marcada por el doble vínculo, y no solamente los enfermos mentales aquejados de distorsiones. El doble vínculo aparece en la comunicación cuando emitimos un mensaje que rompe la confianza con los demás -por ejemplo, cuando a la pregunta "¿me quieres?" respondemos con la pregunta "¿qué es querer?". El doble vínculo destruye las soluciones afectivas y la libertad humana, aparece en una relacion rota con el entorno, coloca a personas, grupos, o a la civilización entera, en posiciones imposibles en las que la satisfacción de un deseo lleva a la aniquilación, o la obtención de placer conlleva el castigo del dolor, o la elección de una alternativa conduce irremediablemente al deseo de la contraria. 

Como decimos, en la teoría de Bateson hay reflexión en profundidad. Porque el genial experto se dio cuenta de que vivimos asediados por la paradoja según la cual no podemos superar los dobles vínculos estando como estamos inmersos en sus contradicciones lógicas. Es imposible que superemos una dependencia si nos situamos dentro de ella, como es imposible que un componente de una clase lógica sea a la vez el contenedor de esa clase lógica. Hay un aspecto filosófico y lógico del doble vínculo, que puede ser superado mediante el uso de cierto tipo de abstracción. Hay además, otras maneras de superar un doble vínculo contradictorio que anula nuestra libertad, la capacidad de pensar,  o de actuar sin sufrimiento. 

Uno de los aspectos que más le interesó de todo esto era cómo superar una de las más devastadoras y contradictorias paradojas planetarias, como es la sociedad de consumo acelerado, una de las adicciones más peligrosas de nuestro tiempo, que nos está conduciendo a la aniquilación del planeta.

Bateson se dio cuenta de que es posible superar las paradojas aplastantes de la lógica del doble vínculo mediante diversos modos de lo que él llamaba "trascender". Y para explicarlo, contaba esta historia de delfines marsopas a los que había conocido trabajando sobre el comportamiento animal en Hawaii.

Bateson era experto en la capacidad lingüística y metalingüística (cuando hablamos acerca del propio lenguaje) de los animales. Se dio cuenta de que los mamíferos son capaces de comunicarse al respecto de la propia comunicación mediante las representaciones de conductas y uso de los signos de maneras graduadas. Así, estudiando a los monos jugando, se dio cuenta de que podían graduar la intensidad de sus gestos y así cambiar lo que significan. Pero observando a los delfines, vio algo extraordinario.

Los delfines entrenados por los humanos suelen responder de manera excelente a los ejercicios de prueba y recompensa (como hacer una acrobacia y recibir un pescado por ello). Para los entrenadores de delfines, dado que en muchos casos se busca una acrobacia o ejercicio diferente cada vez, no fue difícil hacer comprender a los delfines que es necesario cambiar de acrobacia o de acción de vez en cuando. Bateson pidió a los entrenadores que propusieran a los delfines algo diferente: se premiaría solamente el "cambio" o la innovación en un ejercicio. Así, los delfines empezaron a trabajar con sus entrenadores, y en lugar de recibir el típico pescado por cada acrobacia, solamente lo recibían al hacer algo específicamente diferente. En las primeras intentonas las delfinas no comprendían nada en absoluto y manifestaban su confusión y nerviosismo. Pero pasadas unas horas, una de las hembras fue hacia su entrenador y emprendió una tras otra una serie completa de acciones distintas y diversas, reclamando finalmente su pescado. Lo que aquella marsopa hizo, según Bateson, fue "trascender". Efectivamente, entendió el concepto del cambio que el entrenador le estaba pidiendo para darle el pescado.

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Esto significó, para Bateson, que estos delfines, como tantos otros animales, tienen la capacidad de saltar el tipo lógico, de modo que pueden trabajar con abstracciones, igual que los monitos que definen el juego o la pelea según la intensidad con la que mordisquean al adversario, o del mismo modo que los perros lo hacen cuando juegan entre ellos -de hecho, es posible proponer el juego a un animal graduando las señales que definen una relación  distinta a la de pelea, y los animales en general son expertos definidores de situaciones por su uso de los signos en su nivel lógico-. Lo que nos interesa aquí sobre todo, es que los delfines consiguieron salir de la confusión creada por una paradoja de doble vínculo trascendiéndola al pensar en ella y superarla.


Para Bateson hay algunas maneras de superar las trágicas consecuencias de los dobles vínculos, que nos llevan directamente al psiquiátrico, a la tumba o a la extinción como planeta. Una de ellas, la que muestra el caso de los delfines, es la superación de nivel lógico. Esta forma nos conduce a mirar los problemas desde arriba, desde la abstracción, de modo que vemos cómo actuar como si subiéramos a una montaña y entendiéramos la relación entre elementos.

Bateson indicaba que una mente capaz de ver la relación entre los elementos está arriba en el nivel de relación y puede solucionar los problemas. Pero esto rara vez ocurre cuando somos adictos a algo, es decir, cuando nuestro comportamiento supone a la vez nuestra destrucción o la destrucción de lo que deseamos y la satisfacción de lo que deseamos. Cuando estamos apresados por un doble vínculo adictivo no podemos trascender. No pensamos.

Otra manera de trascender es establecer una relación de nivel superior a través del afecto y de la empatía que sea capaz de superar los dilemas y contradicciones de una situación de doble vínculo. El amor y el afecto, la empatía y comprensión profundas, aniquilan en muchas ocasiones los problemas sin solución aparente en los que estamos apresados por nuestra propia conducta.

El autor inglés aplicó toda esta teoría al campo general de la humanidad, y se dio cuenta de que podía aportar una Ecología de la mente que contribuyera a paliar los desequilibrios humanos que están destruyendo el planeta. Su óptica es acertadísima, y así la desarrollamos ahora porque es diferente a las que ahora estamos trabajando.

Bateson vio que la sociedad consumista de la producción desenfrenada, con su carrera armamentística y con su explotación animal y natural,  son todo facetas de una relación adictiva para con el mundo en el que vivimos. Tenemos una relación enferma, una relación psicológica rota, con el ecosistema en el que habitamos. Consumimos y explotamos sus alimentos y riquezas y con ello, a la vez, lo aniquilamos. Dependemos absolutamente de una conducta de explotación que nos hace terriblemente ineficaces e infelices, que nos lleva a la absoluta extinción y a los modos más nefastos de supervivencia. Es exactamente lo mismo que hace un adicto al tabaco, dice Bateson: consume algo de modo que se mata a la vez.

Es bastante ineficaz, plantea Bateson, que al adicto le razonemos o nos comuniquemos con él de maneras racionales o lógicas, porque, apresado como está en una jaula férrea de adicción no es capaz de no responder a su deseo e interés ciegos, aunque sabe -e incluso porque sabe- que ello lo mata. Nuestra situación en el planeta, hoy por hoy, es más obvia aún que cuando Bateson lo planteó: sabemos muy bien que con nuestro ritmo de producción y consumo no podemos sostener la vida en la Tierra y a pesar de saberlo, o porque lo sabemos incluso, seguimos actuando igual, sin tomar las medidas oportunas. Y a la humanidad se le hace un mundo cambiar su conducta y dejar de consumir masivamente, dejar de producir desaforadamente o dejar de matar animales y agotar recursos y elementos esenciales de los que no puede prescindir a la vez. Cuando, precisamente, todas las señales apuntan a cómo solucionar este asunto, parece que la Humanidad fuera, como dice Jorge Riechmann, más inepta que una ameba.

No somos ineptos, somos adictos. Debemos de empezar a considerar, como hizo Bateson, que la solución al problema, al doble vinculo, de extinguir o extinguirnos, está en trascender, como tan bien hacían los delfines marsopas de Hawaii. Subir de tipo lógico, ascender a la capacidad de establecer relaciones y de conservarlas, deshacer el lazo venenoso de comer matando o de vivir aniquilando el planeta. ¿Y cómo?

Bateson planteó muchos modos de superar los dobles vínculos adictivos. Mediante un salto mental, mediante la empatía y relación de amor, mediante una operación de escalada, en un salto evolutivo. Trascender un doble vínculo es superar su contradicción mostrando que no nos apresa: la libertad de la mente humana le permite no depender de sustancias o de afectos, y graduar o hacer desaparecer la esclavitud  de una vida destructiva. Es posible superar la culpa y el dolor de ser responsables de la muerte de los animales protegiéndolos y ayudándolos. Es posible dejar de relacionarnos de manera destructiva y sangrienta con aquello de lo que dependemos, y en su lugar, construir una relación positiva y vital de cooperación evolutiva.

En todos los casos, la elevación del nivel mental no la producen ni las luchas violentas ni el razonamiento elemental, pues superar una adicción es un trabajo arduo, penoso e incierto, en el que el amor, el cambio de mentalidad o la maduración son claves. La comunicación, la cultura y los medios que la humanidad siempre usó para explicar y ayudar a superar sus tragedias puede transmitirnos ese impulso.

Quizás debamos introducir, en los mensajes anti-exterminio del planeta y en el sentido de la comunicación animalista y ecologista, mensajes trascendentes que ayuden ante los terribles efectos inmovilizadores de la adicción mundial al consumo productivista y agresivo. Una trascendencia mayor hacia comunicaciones con un nivel superior tiene que llevar a un salto de mentalidad, es decir, a una nueva mente humana, ecológica y sostenible. Esto se puede conseguir con activismo constante y firme, con intenso esfuerzo, con innovaciones en la relación con la naturaleza que surgen constantemente reforzando el lado positivo de la superación, Sobre todo, con un lenguaje que muestre que no necesariamente debemos de vivir matando, con el temible peso adictivo que ello genera.

Sin duda una parte esencial del oscuro panorama que vivimos tiene que ver con la escasa capacidad de esas formas de comunicación cultural para llegar a grandes grupos de la humanidad, encenagados como están en un mundo de comunicaciones rastrero y simple en el que nada puede ayudar a elevarse al ser humano por encima de sus propias dependencias creadas. Y raro sería que pudiera darse ese milagro trascendental con una humanidad que no piensa, no tiene una relación afectiva con el mundo y no puede sentirlo sin cegarse ante culpa e ira.

Bateson, como tantos otros, consideraba que era posible salir de las adicciones. Aquellos que han superado alguna saben muy bien que ese esfuerzo no es racional ni puede apelar al interés del adicto. No se trata de convencer a nadie, ni de hacer caer del caballo a ningún ignorante. La adicción al sistema consumista actual no se vence con lógica. Se vence con ánimo,  relación, constancia y convicción de que otro mundo nos espera ahí, más allá de este terrible panorama.


martes, 13 de agosto de 2019

TIEMPO, NARRACIÓN Y EL MILAGROSO LLEGAR A SER

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En un reciente post hablábamos del misterio creativo por el cual cuando inventamos o ideamos algo nuevo se produce una especie de alineación cognitiva, es decir una sintonización de conocimiento, en quienes acceden mediante la comunicación a aquellos elementos nuevos que han sido descubiertos o puestos de manifiesto. Indicaba yo en esa entrada cómo el manejo del lenguaje, y sobre todo del lenguaje creativo, tiene lo que podemos denominar direccionalidad semántica, es decir, mueve en un sentido determinado a quienes leen o comprenden el mensaje en cuestión o la idea innovadora, de modo que se produce, de una manera totalmente inmediata y a la vez implícita, una especie de transformación humana.


Este fenómeno fue estudiando por Poincaré, pero no solamente por él: Antoine de Saint Exupéry también perseguía este increíble fenómeno por el cual un lenguaje constelado por creación hace elevarse a los hombres a dimensiones de realidad acordes con ellos, produciendo así el avance humano. En este otro post,hablando de la teoría literaria de Saint Exupéry, que giraba en torno a la creación de una nueva humanidad a partir del efecto creador del lenguaje, discutía yo sobre la capacidad que las combinaciones lingüísticas tienen para "tirar" de la humanidad hacia adelante, en virtud de su relación semántica. Saint Exupéry trascendía la función estética o formal de la creación poética, hacia un sentido comunicativo profundo, en el cual la ligazón generada en el lenguaje es una forma de generar futuro. Una forma casi única, porque los seres humanos no podemos traer del futuro los conocimientos o las mentalidades, salvo que, en el fenómeno creador del lenguaje o del arte, seamos capaces de "capturarlos", de captarlos y que como si fueran una garantía, las creaciones nos elevaran hacia esa nueva realidad, unida al tiempo de delante, al más allá del avance humano.

El lenguaje creador tiene la capacidad de dirigir y situar a los hombres en planos nuevos de existencia. El alma humana, muy implicada en esta teoría, no puede fijar sus ojos más que en su pasado, o todo lo más, en su presente. Y cuanto más ambiciosa o más mezquina, cuanto menos creativa, más atrasada se encuentra en su mirada. Solamente un lenguaje creador puede hacer ver aquello que está fuera de nuestro alcance, y con ello, hacernos dignos de ello. De maneras casi incógnitas, las palabras nos crean. La literatura y el lenguaje son, en Saint Exupéry como en Poincaré, mecanismos elevadores, no solo para el yo creador, sino para toda la comunidad de hablantes. 

De este apasionante y complejo tema me ocupo en un artículo académico extenso que publicaré en unos meses. Y en él abordo cómo las narraciones e historias humanas contienen otros mecanismos elevadores a los que hay que prestar especial atención, porque nos dan pistas únicas sobre la esencia de la realidad y cómo todo llega a ser. Así, una cuestión que siempre interesó a los estudiosos es cómo las narraciones constituyen cronotopos (Bajtin), es decir, espacio-tiempos configurados que nos capturan en sus enmarcaciones y nos llevan a vivir la línea narrativa causada por un relato. Una de las más poderosas formas de captar la mente y dirigirla semánticamente es mediante el manejo de las relaciones entre un espacio y un tiempo, que generan universos paralelos al nuestro, cuyas líneas de desarrollo, una vez establecidas, tienen el poder para desarrollar sus ciclos de maneras tan creativas como contagiosas y empáticas para la mente humana.  En la simbiosis que cada individuo experimenta con los tiempos y espacios narrativos podemos ver también la capacidad posicionadora de la direccionalidad del lenguaje.

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Y en las narraciones jugamos efectivamente con el tiempo: podemos extenderlo de modo que la narración, que relate una vida entera, ocurra físicamente en dos horas. Podemos, al contrario, convertir un instante en una historia completa en un relato. Podemos escribir narraciones de un día hacia su noche en las que toda una familia y su vida emocional se despliega, o al revés, relatar extensas peripecias en espacio y tiempo en apenas un minuto de narración visual. El tiempo y el espacio son elásticos en las narraciones. Y ello es posible porque nos alineamos con sus cronotopos de manera automática y ellos tienen a su vez una cadencia propia, un ser suyo, que los hace independientes de nosotros, y a nosotros, como receptores, dependientes de ellos.

Una de las cosas que más interesa en narratología es el juego incesante con el tiempo. La mayoría de las narraciones tienen un tiempo de la historia y un tiempo del relato, es decir, ocurren físicamente en un relato y narran una historia en otro tiempo diverso al mismo al ser contadas. Pero hay un guiño constante en los cuentos tradicionales y narraciones, según el cual el tiempo es circular y vuelve a su inicio, de modo que relato e historia confluyen: en los cuentos maravillosos y en los cuentos tradicionales la trama sigue estructuras de peripecia circular que nos llevan a un desarrollo que "regresa" a su origen, aunque después de múltiples transformaciones. Conocemos muchísimo estas estructuras, que han sido incluso destiladas en fórmulas por los expertos como Propp, y que tienen una sabiduría profunda, como estudiamos en este otro post , porque pueden asociarse a una ética de correspondencias y a mostrar que todas las acciones humanas generan consecuencias acordes con ellas si estudiamos un periodo suficientemente largo de tiempo humano. Los cíclicos cuentos con sus moralejas suelen ser espejos del tiempo vital humano lleno de acciones que implican reacciones, kármicamente.

Aquí nos interesa ahora desarrollar un poquito más allá las ideas sobre el tiempo que en las narraciones se usan para dirigir semánticamente y alinear con estructuras de sentido a los hablantes. En mi curso de doctorado sobre metodología narratológica hemos tratado un par de narraciones actuales en las que el juego con el tiempo y la concatenación de los sucesos y hechos nos lleva a pensar lo impensable y a concebir la esencia de existir de maneras muy vastas y profundas. Me refiero a la película "Interestelar" y al episodio de Doctor Who "Blink". Ambas narraciones son prodigiosas y merecen páginas y páginas de interpretación de sus constituyentes narrativos y filosóficos. Explicamos por qué.

Interstellar nos presenta una trama narrativa aparentemente similar a las de los cuentos maravillosos, con estructura en retorno a partir de una serie de aventuras que se siguen automáticamente. Lo radicalmente diferente de esta película es que en la concatenación de hechos que constituye el tiempo de la historia se produce un bucle temporal que nos lleva a interferir con ese mismo tiempo y que ello genere la historia misma otra vez. El tiempo del relato en su aspecto de incidencia viene a interferir en el tiempo de la historia. Se trata de una maravilla narrativa, porque las perturbaciones de sucesos que van haciendo avanzar la trama nos conducen hasta ellas mismas vistas después del desarrollo narrativo, reproduciendo en la trama su influencia por segunda e idéntica vez. Asistimos en directo a un desdoblamiento de historias para un único y mismo hecho. Se desdobla el tiempo así, y sus líneas, ante nuestra presencia como espectadores. Y cuando la protagonista, hija del héroe de la trama, percibe esta estructura, la utiliza una tercera vez para avanzar en un nuevo hilo del relato, que finalmente desemboca en un tiempo final, donde las identidades de los protagonistas se ven alteradas profundamente, pero conservan su relación. La maestría de Interstellar está en el juego con el tiempo de historia y relato, pero sobre todo, en cómo ese juego desdibuja las identidades humanas y sus dimensiones, generando esperanza por la misma maleabilidad con la que el tiempo y el ser pueden ser manipulados o conformados. Todo lo que ocurre es relativo, es casual, pero es posible jugar con sus hilos de trama para generar una visión superior y hacer avanzar al ser humano.

Anterior en fechas, y auténticamente genial, es el episodio "Parpadeo" de la serie británica legendaria "Doctor Who", un alienígena Señor del Tiempo capaz de viajar con su nave en forma de cabina de policía y conocer así a cientos de civilizaciones y formas de vida. En este episodio, el Doctor y su acompañante se encuentran apresados en los años 60 del siglo XX. La trama ocurre a comienzos de los 2000. En el relato, que no contamos para no estropearlo a quienes no lo hayan visto, es crucial la comunicación entre estos dos tiempos que se produce cuando una de las protagonistas se hace consciente de que ella misma, en la trama, puede conducirnos hacia el momento en que la propia trama se genera.

Este episodio asombroso no es simplemente un ciclo en retorno, sino que es un círculo perfecto en el que el argumento se desarrolla en dirección hacia las peripecias que lo causaron en su origen y la resolución de los sucesos se produce al alinearse, como si de dos engranajes complementarios se tratara, los dos tiempos narrados. Pasado y presente encajan como un diálogo, y de hecho, se pueden interpretar como un texto que la protagonista lee. El futuro se genera en ese texto, como una conclusión necesaria que redondea un proceso en curso y lo explica. Todo cuanto ocurre genera diferentes identidades en los individuos que intervienen, y esto no solamente no es imposible, sino que es lo que tiene que ocurrir para hacer posible la explicación de todo.

Las cosas llegan a ser cuando se produce la complementariedad de todas las parcialidades, cuando las identidades múltiples de los individuos permiten una comunicación que perfecciona el desarrollo de la trama. La relación entre múltiples líneas temporales  es una relación de sentido, es un significado que se lee y comprende cuando termina. Cada línea de vida es un relato de hechos y sucesos autónomos y relacionados causalmente entre sí, pero es posible comprender esas mismas cadenas dentro de otras cadenas que se cruzan con ellas, generando otros resultados. Finalmente, todos los automatismos se deben a que todo cuanto ocurre viene generado por su futuro, de modo que cuando nos alineamos en los significados creativos, cuando respondemos de manera automática a los impulsos creativos, ello es resultado del determinismo creador: lo que tenía que ser, es. Y como si se tratara de una pieza de teatro, memorizada y dialogada en una acción que finalmente se produce, tiene un aspecto de completo destino y sentido.

Hay mucho que pensar y que reflexionar sobre por qué estos juegos con el tiempo resultan tan reveladores. Los sucesos que se narran tienen una direccionalidad, nos llevan a un final. Pero igualmente, su aparente distinción temporal puede anularse. El tiempo puede jugar consigo mismo. Como un manuscrito cifrado, puede revelar su secreto en este despliegue de coincidencias asombrosas y de bucles que dejan fuera de combate la racionalidad en favor de la sincronicidad. Podemos ver, como en un espejo, que nuestro ser no se arraiga en un tiempo, sino que es producto de cada tiempo, pero existe comunicación entre esos diversos tiempos porque confluyen en la trama de la vida.  Podemos presenciar que un hecho es a la vez causa y efecto de otro, y que es posible comprender la causalidad en dos direcciones a la vez, lo que redondea la esfera de la existencia. Podemos vislumbrar esa esfera perfecta en la que la existencia humana, más allá de sí misma, trascendido su ego, forma parte esencial y es responsable de lo que acontece. Es decir, podemos ver, más allá de nosotros, qué somos. 

Cuando alabamos la literatura y la creación en el lenguaje a menudo pensamos muy pobremente en ellas, otorgándoles un papel humilde en la mente y en el corazón humanos. Y sin embargo, como estas teorías y ejemplos nos enseñan, a través de la creación del lenguaje podemos alcanzar el cielo mismo y ver lo que nuestros ojos no podrían captar.  El lenguaje nos muestra su poder y al mismo tiempo nos presenta sus efectos. Y muy frecuentemente sentimos que estas proezas del lenguaje responden a nuestras percepciones e intuiciones más profundas, otorgándonos un medio para su expresión. Estos sentimientos son sin duda comunes y explican qué verdadero valor, y sentido, tiene la creación por el lenguaje y la comunicación que produce.

miércoles, 24 de julio de 2019

EL MAL PROFESOR

Por la cercanía con estudiantes y con docentes de todos los niveles educativos en la que siempre me he encontrado, puedo hablar con mucho conocimiento de los profesores malos. Y veo que merecen un post, porque los niños y los jóvenes, los mayores y los ancianos, vienen todos quejándose amargamente del impacto y el profundo efecto que un mal profesor deja sobre ellos o sobre otros. Y así es. Los malos profesores, hablemos de ellos en un desgraciado plural, acaban con generaciones enteras de inteligencias, merman la vida cultural y científica de un país, mutilan y castran para siempre la flor de un futuro. Y siguen cometiendo sus crímenes, creciendo como las bacterias sobre la misma basura que generan.

Jesucristo debió liarse a latigazos con los malos profesores y no simplemente con los mercaderes en el templo. Porque no hay mayor crimen que sajar un interés por el conocimiento que surge espontáneo y milagroso en cualquier chico joven, sometiéndolo a severidad o a inconsistencia, al silencio o al aburrimiento. Todos tenemos en nuestra memoria decenas de malos profesores, que han perpetrado sus crímenes ante nuestros ojos inocentes.

Tenemos al profesor excesivamente severo y riguroso que convierte las clases en un terrorífico escenario con sus duras calificaciones o mata el entusiasmo con su cadavérico estilete conceptual. Este estilo desgraciadamente es muy frecuente. Conozco muchos casos de alumnos de instituto que tenían vocación por una materia y un profesor malo, convencido del rigor, ha asesinado para siempre. Porque un profesor que violenta con exceso de saña, el sutil campo del conocimiento, no sabe realmente lo que hace: instila para siempre la repulsión al alumno, lo ahuyenta del proceso del conocimiento. Inepto, este mal profesor "duro" cree que sus clases y sus exámenes son el único aquí y ahora, y como imbécil que es, no entiende que la enseñanza es un progreso milagroso, en el que hay que dejar libertad al futuro, y desde luego, tratar con infinita delicadeza esa extraña y maravillosa creación que es el progreso cognitivo. Incapaces de percibir que el conocimiento solo pervive en climas de libertad, estos profesores malos, amantes del rigor mortis, no dejan aire que respirar a inteligencia alguna. Y lo peor es que creen hacer muy bien su trabajo, enamorados como están de la exigencia.

Otra nulidad se da en el profesor impostor. Este es un profesional del fingimiento, alguien que, bien porque odia la enseñanza, bien porque no está dotado para ella, se ve forzado a aparentar que enseña sin hacerlo. Este prototipo abunda  en nuestros días, porque el puesto de docente ofrece unas seguridades económicas de las que creen poder hacerse dueños quienes no tienen capacidad ni ganas de esforzarse para merecerlas. Y así, el profesor que no da clase y atiborra a los estudiantes con trabajos que él no hace, el profesor que, amparado en criterios de otros impostores pedagógicos, impone la autocorrección del estudiante porque así él no corrige, o el que por odio al programa docente lo tuerce hacia la  ingente elaboración de actividades adicionales al mismo, o el profesor que cuenta milongas de nuevas tecnologías para embrujar al personal con distintas pasamanerías artificiales, o el que obliga a los estudiantes a ver películas que le gustan por pasar el rato, o el que disimula su incompetencia estructurando conflicto tras conflicto o indignación tras indignación...la gama de los impostores es innumera. Se diría que una multitud de personas se ven capaces de simular ser profesores, no siéndolo. Y en su huida hacia adelante, hacen cosas cada vez más raras para disimular su carácter alienígena. Entre ellas, configurar criterios pedagógicos nuevos que escondan la incapacidad para dar clase, para comunicar conocimiento. 

Porque dar clase es comunicar conocimiento. Y esto a muchos les parece una cosa sencillita, cuando es de las cosas más dificiles que existen. Primero porque comunicar es algo milagroso. Pensamos que la comunicación se da como si fuera la corriente eléctrica o el agua potable, es decir, que fluye sin más. En realidad, la comunicación es un auténtico suceso único. Algo que se da muy pocas veces, cuando conseguimos transmitir una experiencia. Y un profesor transmite, además, una experiencia cognitiva, el acceso a una teoría, la visión de una idea, el paso de escalada, como decía Poincaré, hacia una cumbre de pensamiento humano.

Y de esto es muy difícil ser artífice. No se trata de saber. Ni siquiera de ser extraordinariamente inteligente. Los buenos profesores son personas enamoradas de la experiencia del conocimiento, que la transmiten y con ello generan una línea hereditaria de acceso al mismo que produce nuevos saberes y se transmite en una civilización, en una sociedad. El buen profesor no simplemente te lleva a caminar, sino que te pone en la cumbre de la creación humana, y ello porque comunica. Esas líneas hereditarias son alimentadas por unos pocos. Es un tipo humano específico que crea otros. Y como en el caso de los malos profesores, los buenos profesores generan otros profesores, otros conocedores que avanzan hacia el futuro. El aquí y ahora del profesor que examina no vale nada. Lo importante es lo que el profesor hace llover en la tierra del futuro, lo que insemina, de libertad, de fuerza, de energía, a la especie en su conjunto. Por eso un profesor rígido y riguroso, que hace daño al estudiante, en su delicada estructura conceptual, supone auténtica bazofia educativa. Porque cercena, mata, el futuro de un montón de estudiantes.

 Cuando un profesor aburre porque dedica el tiempo a mostrar su propio aburrimiento en lo que hace, cuando un profesor tortura con exceso de dificultad a su alumnado, proyectando una mala bilis que finalmente él mismo percibe y con la que se amarga más y más, cuando un profesor engaña la buena fe de la enseñanza y viola una y otra vez la mente pura y deseosa de conocer de los estudiantes, es un verdadero crimen. Es algo que debería llevarse ante la justicia y a los tribunales y castigarse de verdad porque lo que se mata, lo que se ofende ahí, es la parte más necesaria del ser humano, su órgano más vital, que es el que genera esperanza en el futuro. Y sin embargo, están las aulas, escolares, de secundaria y universitrarias, ensangrentadas de crímenes contra la esperanza de conocimiento, contra el justísimo derecho de una mente nueva a recibir lo que es suyo, el conocimiento y la experiencia de saber y de crear ideas. Y nadie hace nada, salvo registrar tímidamente en un sistema de encuestas que el profesor no ha sido evaluado positivamente.

Creo que hay guerras contra el progreso y contra el avance en el conocimiento, que emprenden los malos profesores, los impostores colocados por intereses religiosos o políticos o económicos, o los profesores echados a perder por su propia incapacidad y su propia amargura. Y esas guerras las ganan, por pérdidas humanas, los malos. Aún así, y recordando mi propia experiencia, y la que oigo a muchos estudiantes, en esta particular batalla quien salva una vida salva el mundo, y un solo buen profesor, en un curso, puede equlibrar de tal modo la balanza, que consiga reconducir y rescatar al genio que un mal profesor, con sus torpes manos asesinas, estuvo a punto de malograr.

De esta guerra desconocida, silenciosa, que se libra día a día en las aulas, depende nuestro desarollo como comunidad, como país, y por supuesto, la felicidad que podremos alcanzar en el futuro.

martes, 21 de mayo de 2019

POINCARÉ Y EL MISTERIO CREATIVO

Cualquiera que se acerca a conocer qué es exactamente la creatividad y cómo funciona nuestra capacidad de inventar cosas nuevas o descubrirlas se topará en seguida con la obra del gran matemático y creador francés. Más difícil es que llegue a saber que, en realidad, Poincaré no solamente fue un excelso matemático, que cultivó además la física y la astronomía entre otras disciplinas, pero que, además de un gran cultivador de las Humanidades y conocedor del mundo clásico, era un extraordinario psicólogo y sobre todo, el inspirador de múltiples autores en todas las teorías posteriores sobre la cognición creativa. Graham Wallas sistematizó sus cuatro fases creativas, y Jung descubrió las maravillas del inconsciente creativo, pero fue Poincaré quien señalo, y aún señala, el camino a seguir en este campo.

Resultado de imaxes para Poincaré

Leyendo sus textos sobre La invención Mátemática, Ciencia y Método, y Las ciencias y las humanidades, vemos lo que es una inteligencia global, que nos demuestra, y hace suya la idea. de que no hay diferencia entre la inteligencia matemática creativa y las otras formas de la creatividad. Para Poincaré el proceso de generación de algo nuevo en la mente humana es algo común a todas las disciplinas. Hoy nos hace mucha falta una afirmación de este estilo, asediados como estamos por el variopintismo que domina nuestra idea de la mente humana. Además de considerar que la invención humana es una y única, Poincaré le dedicó la máxima atención como proceso de interés, porque en él está la clave de la realidad humana de nuestro tiempo. Y no deja de sorprendernos que no haya habido después de esta iniciativa, mucha más atención a cuanto aportó el matemático francés, que fue miembro de las Academias de Ciencias y de Letras de Francia, simultáneamente.

A Poincaré le interesaba el misterio de la creación. Se ha hecho célebre su relato de cómo descubrió, o cómo su mente inconsciente encontró, las funciones fuchsianas. Para Poincaré el trabajo del inconsciente era clarísimo, diáfano: el hecho de que su propia cabeza viniera a presentarle, en momentos inesperados, resultados por los que había estado esforzándose sin éxito, tiempo atrás, era la prueba de que había un trabajo de selección, preparación, constelación de elementos, que realizaba su mente no dirigida, siguiendo el impulso creado en la consciencia, pero fuera ya de ella y en otras muy distintas circunstancias.

Sin embargo, y pese a que me parece que seguimos sin prestarle el adecuado interés a ese proceso, Poincaré fue mucho más lejos aún. Y por ejemplo, comenzó a interesarse en por qué cuando un descubrimiento se hace común y es compartido por toda una comunidad social, se hace para todos innegable, obvio e indiscutible. ¿Qué procesos convierten un descubrimiento en algo generalizable? ¿qué adaptaciones mentales produce la invención, no ya en quien la descubre, sino en el mundo que la recibe? me parece que es en este campo donde hay un Poincaré inexplorado y de un valor sumo.

Poincaré se dio cuenta de que hay una asombrosa naturaleza en la creación humana. El asombro está en que una vez que la mente involuntaria coaliga una serie de elementos inesperadamente unidos, y esa composición es valorada por la inteligencia analítica, y comunicada a todos en una sociedad, se produce paralelamente un sutil cambio que tiene que ver con la comunicación de la experiencia y con la direccionalidad asombrosa de los significados que compartimos. Así, una creación, sea literaria, matemática, física, es adoptada en el mismo momento en que se constituye como tal, por la mente individual. y por las mentes de aquellos que comprenden su valor. En ese mismo instante. se producen cambios radicales, cambios que constituyen el sentido que esa creación tiene.

Voy a desarrollar esta teoría mucho más en otro espacio más adecuado, pero baste saber aquí que lo que entendemos por "sentido" de las realidades que compartimos, es desde luego algo creado colectivamente, resultado de una cooperación que se conoce muy bien en la interacción comunicativa. Pero además, ese "sentido" no solamente es tal en tanto significado compartido, sino en tanto direccionalidad semántica generada, con la cual alineamos nuestra comprensión. Quiero decir que cuando escuchamos una narración cambiamos con ella el nivel de realidad que vivimos, que cuando entendemos una teoría del universo y comprendemos su novedad automáticamente nos implicamos en su orden, a la misma manera que explicaban los cuánticos: el observador  influye en el fenómeno observado, se constela con él. Del mismo modo, y adaptando esa idea implicada al mundo del lenguaje transformacional, los que hablan y comunican creaciones producen mediante transformaciones de sentido nuevas mentes con las que entender, y asimilar, las creaciones.

Poincaré se sorprendía al comprobar que cada creación supone un "paso de escalada" en la mente humana: son súbitas elevaciones del nivel de realidad, abstracciones que nos conducen a ver lo real de un modo nuevo.  Faltaba indicar cómo se producían esos pasos elevadores. Sin duda sigue siendo un misterio que la propia mente de cada individuo sea capaz, y prestemos atención a esta paradoja, de buscar algo desconocido y al mismo tiempo reconocerlo. ¿Qué procesos se generan dentro de la mente profunda, que hacen que podamos comprender el valor de algo que antes no existía y sobre todo, que aparece como una composición, selección y combinación innovadora, nunca vista y nunca sospechada? ¿qué es tener una idea nueva mediante la intuición o la adivinación, qué manejo del tiempo en dirección inversa nos permite valorar y notar absolutamente que algo nuevo es lo más valioso?. Otra paradoja asombrosa radica en que no solo una mente individual, sino todas las mentes, todas las que comprenden, lleven a cabo ese mismo proceso y se transformen para reconocer el valor de algo que llega nuevo, entrando en su dimensión de experiencia para siempre. ¿Cómo es posible que seamos capaces, siendo seres en una dimensión espacio-temporal determinada, de reconocer, adaptarnos y aprovechar aquello que se crea nuevo? Hay en esos fenómenos verdaderos misterios en los que pensar. Y Poincaré lo hizo.

De acuerdo con sus postulados, lo que llamamos creaciones e invenciones humanas son poderosas determinaciones de lo real. Lo son porque su llegada genera reversiones del curso perceptivo, intelectual y social humano, cambios clave en la dirección del desarrollo de las personas y de sus comunidades sociales, pero esos cambios, generados por el determinismo creativo, suponen transformaciones sobre la marcha que literalmente transportan al ser humano a nuevas constelaciones de lo real. La comunicación y el lenguaje son el vehículo que genera cambios por su propio evolucionar en estrecha conexión con la mente humana y su manejo de los significados. El determinismo creativo nos lleva a concebir la realidad como un espacio en constante construcción, en el que trabajamos derribando y edificando constantemente los pilares de lo que constituye el eje central de nuestro conocimiento. En ese proceso están implicados el lenguaje, la mente, el sentido compartido, el conocimiento compartido, y sobre todo, ese misterio asombroso por el cual concebimos y damos vida, sin saber su origen trascendental, a las ideas.












martes, 14 de mayo de 2019

El buen hacer

Cuando uno se ofusca o pierde un poco la perspectiva, deja de ver que esencialmente la vida funciona por el buen hacer de muchísimos actores que en el día a día contribuyen de modo fundamental a alimentar su riqueza.

Silenciosamente, todos los agentes vitales que sostienen el crecer y el fortalecerse de la existencia son esencialmente benéficos  en su modo de obrar, tranquilo, sobrio, garantizando con total certidumbre el proseguir de cada institución, de cada formación, de cada desarrollo pero sin armar excesivo jaleo, discretamente.

Y es que hacer las cosas bien es hacerlas con sencillez, limitándonos a nuestros  fines con  humildad, que es a la vez claridad de miras y perfección de nuestro objeto.  De repente grandes evaluadores de la calidad de nuestros actos señalan que aquello que se hace con libertad, armonía y sencillez es la suprema actuación,  aquello que hacemos siempre y sin darle importancia,  y que suele ser vital para sostener alguna parte de la existencia más valiosa.

Pensemos que lo que hacemos para sostener por ejemplo la conservación de una obra de arte,  o de una publicación científica,  o de un proyecto en la naturaleza,  es un esfuerzo dotado de persistencia,  discreción y espíritu.  Cualidades que no producen nada excepcional,  y que tienen como  finalidad alimentar algo ajeno a sí  mismas. En su sencillez,  lo importante encuentra su huella fundamental.  Todo aquello que hacemos realmente bien es simple,  libre y discreto.

Hay pues que tornar los ojos a esas realidades medias,  cotidianas,  de nuestras tareas e impulsos,  donde podemos reconocer el espíritu grandioso.  Ese espíritu ha sabido desprenderse de ambición,  mantener fidelidad a  su ideal,  conservar su limpieza de miras.  Y con ello,  es lo supremo.  Aquello que debemos hacer se distingue por un buen  hacer, es decir,  por algo que reconocemos  en su limitación de ambición,  tensión o interés.

Tan sólo hay que fijarse,  pues,  en esas maneras eternas de proteger cosas como la creación,  la educación o la libertad de pensamiento y de conocimiento,  siempre  simples y exactas en su condición adaptada completamente al fin que se busca.  Así podemos reconocer un criterio muy exacto de lo que es hacer bien las cosas. Todo otro exceso o impostacion  nos desorienta y descentra. Hacer las cosas bien es  siempre simple.  Y en la simplicidad están las alas de lo inmenso.  

sábado, 23 de marzo de 2019

6 ARTISTAS

Os recomiendo encarecidamente dos cosas en estos días.  Una es la fabulosa exposición de la obra del arquitecto Fernando Higueras en el Museo Ico, en la calle Zorrilla de Madrid.  La otra,  la película A Las Puertas De La Eternidad, sobre la vida de Van Gogh, y dirigida  por Julian Schnabel. Con estas dos recomendaciones entraréis  en contacto con 6 artistas esenciales de nuestra época.

La película de Schnabel sobre Van Gogh es lo mejor que he visto como biografía cinematográfica en toda mi vida.  El pintor y cineasta actual hace  una semblanza del genio holandés única sin duda por su condición de pintor también.  El filme  es realmente una pintura cinematográfica en  la que la luz y el color, las plantas y el sol,  los retratos,  el mundo que fascinó a Van Gogh,  resucita  mediante la cámara.  Eso tiene un valor inmenso porque habitualmente volcar al cine  otro arte,  sea pintura,  literatura,  teatro o lo que fuere resulta  un fracaso. 

Cada medio artístico está fuertemente limitado en cuanto a otro medio cuando pretendemos hacer una simple copia de uno en el otro.  Se trata de una circunstancia que sólo un gran artista puede solventar mediante una traducción de armonías.  Pero en este caso,  y por el genio y pasión del director, tenemos una resurrección del mundo de Van Gogh y sobre todo del proceso y fenómeno de su pintura, que es fiel y certera.

¿Cómo  lo ha conseguido Schnabel? Evidentemente porque su mirada es a la vez pictórica y cinematográfica.  Él  es la mano que pinta los cuadros en la película y ahí no hay trucaje alguno.  También son los ojos de un creador, que intenta aproximarse a otro que fue sin duda de los más altos genios humanos.  En consecuencia, esa empatía y comprensión y hermandad están en la película,  plasmadas en arte único.

También es fabulosa la interpretación de otro  artista,  el actor Wilem Dafoe, sensible,  exaltada y profunda,  que se ha metido en la piel y el espíritu del Van Gogh humanista y entregado que se lee en las Cartas a Theo.

Su interpretación es maravillosa. Y no lo son menos los internacionales actores que encarnan a Theo Van Gogh y a otras figuras esenciales de la vida del genio holandés de nuestro tiempo.  Hay simbolismo y hay reflexión detrás de cada plano y cada diálogo que escuchamos.

También está grandiosamente pintada la humanidad, el amor,  presentes en esta película por fin,  para entender a Van Gogh.  Pues en muchas versiones  y explicaciones a la vida de Van Gogh se ha tendido a juzgarlo como un loco incomprensible y violento que pintaba  maravillas misteriosas.  Una interpretación estúpida.

 Porque en realidad,  como tenemos las Cartas del pintor que su adorable hermano conservó, es fácil ver qué Van Gogh fue un artista absoluto de su vida, espiritual y sacrificado como se ve en el filme,  al que efectivamente no le habían nacido apenas los hombres que disfrutaran con sus cuadros, como se dice en la película.

Esta creación de Schnabel  está también más allá de esta época de cine actual.  En su totalidad es algo que pocos críticos aprecian. Igual que ocurrió con Van Gogh, al que entendió tan sólo un crítico de su época,  y resulta profundo comprobar cömo quizás con ese único crítico que se dio cuenta de lo que tenía ante sí, se completa el maravilloso proceso de  empatía y comprensión humanas y no humanas,  que los mismos cuadros de Van Gog nos pintan.

Mi otra recomendación es que no os perdáis el contacto con otro genio de nuestro país,  el arquitecto Fernando Higueras.  En el Museo del Instituto de Crédito Oficial tenéis una amplísima exposición de los proyectos, obras construidas,  pinturas,  acuarelas, piezas a guitarra,   y todo tipo de creaciones de este singular maestro arquitecto,  un enorme creador de cuyas obras disfrutamos cada día en Madrid.

Higueras es un creador total,  del que es posible escuchar en las películas de la exposición su visión de la arquitectura y del mundo en general.  Un arquitecto del futuro,  que creó y vivió en casas subterráneas,  auténticas moradas respetuosas con el paisaje.

Su  amor por la naturaleza,  por la vegetación que integraba en sus obras - haciendo casas subterráneas dejaba la superficie para los árboles y hacia que en todas sus obras aterrazadas la vegetación viniera a colgar o a regar de vida la materia más gris o inorgánica- y por la misma piedra y hormigón,  en su brutal belleza, le llevaron a construir y crear unas formas maravillosas. 

Se adelantó a su tiempo en una arquitectura que respiraba,  que era delicada hasta para la luz - increíble cómo sabía usar la geometría para enriquecer de luz todo espacio,  para evitar los reflejos no deseados  en un cuadro colgado,  o para capturar luz en una cueva subterránea- .

Debió  también comprender  a fondo a las personas de su momento,  tanto,  que nos sigue imantando y hablando con su obra.  Sus estructuras circulares,  sus juegos de ángulos y composiciones planas que proyectaba para mayor armonía con el entorno tienen un interior increíblemnete cálido y abrazaron la suave libertad de su época.

 Conoció e influyó en César Manrique,  genio español donde los haya,  y me gusta imaginar que ambos descubrieron a la vez el prodigio del mundo subterráneo, con sus formas animales y su energía volcánica,  para aprovecharlo para el arte humano.  Otro ejemplo de que cuando los artistas son auténticos repercuten unos en los otros de una manera que nos parece milagrosa.

Higueras vivía  en una cueva subterránea en Madrid.  Una cueva fabulosa,  como una inmensa biblioteca,  hundida bajo un jardín del que llegaba la luz,  llena de plantas colgantes donde el arquitecto tocaba su guitarra. 

 Imaginaros cómo sería  el mundo si el ser humano hubiera dejado de construir hacia arriba,  ocupando espacio,  y hubiera construido hacia abajo,  dejando espacio a la naturaleza. Imaginaros  el ahorro de energía - la temperatura y la luz las sabía hacer constantes en sus construcciones subterráneas- y la delicadeza con la piel del planeta que implicaba su obra,  que pudo ser mucho mayor en lugares como la isla canaria de Lanzarote, donde tan bien le entendió  e hizo comprender más cosas Manrique. Con artistas de este tamaño la vida humana se hace una auténtica fiesta,  un cumpleaños fabuloso para el que los disfruta. Agradecemos a su pareja Lola Botia que con  tanta delicadeza haya difundido este legado artístico.

No os perdáis tanto artista reunido en  estas  fechas. 

miércoles, 27 de febrero de 2019

PALABRAS QUE CREAN A SUS HOMBRES

Siempre me ha fascinado la teoría poética y humana de Antoine de Saint Exupéry, que puede leerse con sutileza en El Principito, pero que desarrolló después en la inacabada Ciudadela y está presente, como un principio rector esencial de su trabajo, en toda su obra y particularmente en sus Cuadernos. Saint Exupéry entendía que con las palabras no solamente comunicábamos un significado sobre algo existente, sino que con ellas podíamos crear, dar existencia, a las cosas. E incluso a los hombres dignos de ellas.

Como Shelley, en su Defensa de la Poesía, Saint Exupéry pensaba que el acto de la creación por el lenguaje, la poesía propiamente dicha, no es algo que se pueda prever, porque literalmente es una creación de algo nuevo. No es posible decirse a sí mismo que se va a escribir una poesía,  ni sentarse a exigir que la inspiración nos llegue, como no es posible crear, inventar, generar, mediante el impulso puramente intencional ni racional, nada nuevo.

 Lo que llamamos inspiración es un auténtico misterio por el cual leemos y desentrañamos el futuro dentro de nosotros. Ahí sí que tenemos un extraño dominio de la cambiante, asombrosa realidad,  y podemos dar la vuelta al tiempo lineal trayendo a nuestro presente las señas de un futuro. La creación que en el lenguaje, en el arte, en la invención, sale a la luz, es algo que antes no estaba. Y por ello, no podemos embridarla con nuestra intención ni con nuestro interés: es algo ajeno a nosotros, distinto y nuevo, que no controlamos en su llegada.

El asombroso misterio del lenguaje y de la creación en general está más allá de la mente lógica y de nuestro vano intento de dominar la dirección del tiempo y el surgimiento de lo real. Precisamente cuando creamos, podemos experimentar cómo nuestras palabras nos crean a nosotros mismos.

Saint Exupéry vio con lucidez que crear no es un fingimiento y que una cosa es la fantasía y otra muy diversa la generación de lo real. Con las palabras, con su "caución", como al autor francés le gustaba decir, es posible hacer algo increíble: sacar del futuro las semillas para hacer crecer en el presente aquello que todavía no existe. Una auténtica maravilla. Porque cuando mediante el lenguaje conseguimos generar una nueva realidad, y ahora viene lo difícil, esa nueva realidad nos crea a nosotros en su futuro, y por eso cuando ya está creada existe para nosotros y nosotros para ella. Cada cosa en la que intervenimos con capacidad creadora obra una transformación esencial, sobre todo, en nosotros mismos, haciéndonos dignos de ella.

Y viceversa,  nuestra ambición,  nuestra mediocridad, el afán de dominio o el uso burdo de la racionalidad más fría rechaza la generación de algo nuevo, porque queremos dominar lo real. Es como si nos echáramos hacia atrás en el pasado, a ser meros reflejos de nuestra propia intención, puras sombras detenidas, apalancados en ambición, mentira y silencio. Cuando desde un punto de la realidad pretendemos tenerla completamente dominada, nos engañamos del todo.

Todas las operaciones de la lógica y de la intencionalidad de causar son puros juegos de apariencia detenidos en el tiempo que su lenguaje generó.   En realidad, nada es previsible, y todo cuanto ocurre verdaderamente nuevo nos asombra y nos pilla completamente desprovistos de herramientas para controlarlo. Sólo hay un modo en el que podemos ser dueños del futuro y es desposándolo, entregándonos a su creación misma.

La esencia de la vida es pura creación y no hay diferencia entre un ser que crea y el desenvolverse de la increíble y bellísima creación universal que es la vida.

La capacidad del lenguaje creativo, como si fuera una especie de cuchara, es la de captar, apresar, enlazar mediante los nexos de la lengua o de los materiales artísticos y creadores aquellos elementos que, una vez unidos, tienen un valor superior o de conjunto, y con ello, nos hacen ascender a la dimensión en la que su constelación de significados es visible. Como si el lenguaje poético fuera literalmente una escalera que nos hace subir a la dimensión en la que existe aquello de lo que nos habla. Y así, Saint Exupéry quería crear un lenguaje que fundara un hombre nuevo.

Saint Exupéry entendía la literatura, la gran literatura, como una religión trascendida. Es decir, como aquel arte capaz de ligar el presente y el futuro mediante operaciones poéticas que conforman una nueva realidad. Una religación de los tiempos y de los significados que hace que aquello que es ahora inconcebible para los hombres se convierta, por virtud de un creador, en algo accesible y al alcance de todos los humanos. Esto lo consigue la creación humana: hace ver a los hombres aquello que antes no se podía percibir.

Los procesos de la comunicación auténtica son fusiones de elementos a gran temperatura que permiten aleaciones de lo real que nos las hacen vivir. La realidad es algo no completo, no lineal, no racional, asombrosamente desconocido, pero nosotros podemos usar la magia del lenguaje para abrir ese misterio y sentirlo plenamente.

No hay nada que de verdad sepamos de la vida. Ignoramos absolutamente su estructura. Toda previsión, toda planificación es inútil, y nos afanamos pensando que dominamos el tiempo o que podemos recordar el pasado y prever el futuro con total solidez. Los cálculos, los elementos científicos lógicos, trabajan con la idea de predecir, de fijar, de garantizar lo real.  Pero es mentira. En estos mismos procesos científicos hay una co-creación que hace que cuando evolucionamos en un cálculo matemático, nos construimos en él a la imagen de su exactitud, a medida que lo desarrollamos, pero seríamos completamente diferentes si su caución y capacidad de presa operara sobre otro plano simbólico diferente.

 Simplemente si pensamos en lo raro que es, que cuando inventamos unos versos, debemos atraparlos con rapidez o anotarlos porque "se escapan" a nosotros mismos, y que, una vez que hemos inmovilizado algunas de sus piezas más valiosas, y podemos darle la forma completa, rellenando lo que se escapaba, eso se convierte en un verso hecho, una imagen poética completa, que ya no se perderá , y quedará esmaltada en el poema, ya con esta experiencia entendemos que es un auténtico enigma de dónde proviene la creación y porqué una vez aquí ya no se escapa.

El proceso de crear da total realidad y fija esa belleza haciendo que siempre haya existido.  En realidad es como si cambiara en el tiempo todo lo que ha sido,  haciéndolo nuevo.

Evidentemente, en la creación poética hay una creación de lo real, pero sobre todo, hay una co-creación de nosotros mismos para el poema creado, pues ahora que el lenguaje lo ha fijado, que sus metáforas y sus fusiones están forjadas y consolidadas, lo sentimos como algo propio y obvio. Un prodigio asombroso. Pues una de dos,  o somos distinta persona la que ignoraba y ahora sabe,  o no es la misma realidad la que vivimos antes y ahora.

El misterio de la creación está presente también en las ciencias.  Poincaré también se asombraba al descubrir que la verdadera utilidad del avance matemático está en esa armoniosa belleza que lo hace aplicable a diversos contextos o casos a pesar de ser puntual y único en su aparición. Hay un proceso por el cual la creación  genera las condiciones mentales en la sociedad para ser comprendida y cambia a las personas. De un modo tan completo,  que aquello que se ha creado nos parece  obvio y común,  y estamos en su realidad como si siempre hubiera existido.

El lenguaje y su creación son los dueños de lo real.  Ellos crean a los hombres con su acción más allá de los límites de los campos semánticos,  donde es posible unir lo diferente y fundir imágenes para lo inconciliable.
De entre los espacios abismales de la incoherencia o del sinsentido el lenguaje y su creación extraen los signos de lo real  para exhortarlo y que llegue a nosotros.  No existe otro modo de pensar el mundo más que a través de su extraña emoción.

Como las gacelas del desierto que el escritor veía correr libres hasta ser presa de sus depredadores,  pero que morían de tristeza si las encerraban en un seguro corral, las almas humanas necesitan llegar a nacer del lenguaje que crean,  y morir a su pasado.  Nada más sabemos.

HACER ALGO CON LAS MANOS Blog de creación y comunicación de Eva Aladro Vico