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sábado, 10 de febrero de 2018

EGO Y CREACIÓN VITAL



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Para el budismo, el único modo de ser feliz es buscar no únicamente el bienestar propio o de los seres amados, sino de todo el mundo. La imagen de Buda bajo el árbol de la vida, en completa armonía con el ser vegetal dadivoso que genera tantos bienes al hombre, es una buena simbolización del ser entregado a dar y recibir como un auténtico mediador, y la sonrisa tranquila del Despierto es muestra de que ése es el camino a la felicidad.

Esta es la única religión que ha mostrado el camino a la felicidad y el consuelo a todos los males, en la búsqueda de la felicidad ajena. Es la única creencia en la que se reconoce el carácter anegóico del alma humana, es decir, el hecho de que no somos egos, y que nuestro ser es en realidad un mediador, un medio. Nuestra capacidad de amor, empatía y completa simbiosis con lo amado es una buena prueba del fondo anegóico del alma humana, que puede sentir absoluta felicidad viendo la de otro ser, y negando la propia. Esta profunda verdad es también la explicación del ciclo de la vida y la muerte, y hasta de la felicidad y la desgracia en el mundo, que no son sino resultado de las disoluciones y de las concentraciones de energía creadora en los seres de la Tierra.

La paradoja está en que cuanto más mediamos en la extensión de la vitalidad y la energía bondadosa, más crecemos, y cuanto más acumulamos solo en nosotros esa vitalidad y energía, más disminuimos. La naturaleza humana, de acuerdo con el budismo, y con todos aquellos que han percibido esa increíble extensión del yo en los otros, es algo parecido a un fluido en un vaso comunicante. Cuanto más da, más se extiende, y crece en su capacidad de disfrutar lo que comparte. Cuanto más acumula, más se encoge y decrece en sentimiento. Esto explica la infelicidad supina de los que lo tienen todo y acumulan de más,la infinita tristeza de los que ven a su lado la pobreza y miseria sin acudir a ayudar, y la suprema felicidad de los que no tienen nada, pero se han dado en todos los sentidos a un universo con el que están en simbiosis y que alienta en su espíritu.

Esto que es un principio de felicidad espiritual, es igualmente cierto en el mundo del arte. Así, en la creación, el ego del artista es uno de los más temibles impedimentos para conseguir una expresión armoniosa, porque actúa como una barrera que limita la conexión con la energía creadora que fluye a través del artista. Dicha energía no es él, ni su talento, ni radica en su persona. Es algo impersonal, que está en el entorno o que fluye desde otros artistas o formas creadas, con lo que el artista conecta y a lo que aporta la forma y el aspecto individual de la creación.  Pero el artista o creador desconoce adónde le va  a llevar la expresión que acoge, ni qué destino tiene como creador. Su ceguera en este sentido es absoluta y providencial, porque de ella depende la grandeza infinita que puede llegar a hacer y sentir. El artista tiene en sus manos el universo mismo, si se hace tal. Tiene que generar una obra poniéndose al servicio de la misma, y no poner la obra de arte al servicio de su ego de creador, en cuyo caso la obra se encastra y encajona en un nicho.

Podemos imaginar que esta teoría choca frontalmente con el culto al ego creador, al inventor o al autor, en el que estamos tan engolfados en la cultura moderna. Y realmente, cuando abrazamos la idea anegóica de la creación esta se hace mucho más vital en todos los campos. Un profesor atento solamente a enseñar aquello que sabe que es esencial, y no al efecto que causa, es triplemente eficaz. Un escritor centrado en su escritura y descuidado de su imagen de tal, es mucho más auténtico que esos otros que empiezan por crearse una imagen pública y luego se ponen a escribir, sin llegar nunca a satisfacer sus propias exigencias. Todos los creadores son comunicadores, y por ello, deben respetar la ley de la atrofia comunicativa que explica cómo cuando un medio se adhiere a un mensaje debe suprimirse como elemento y asociarse muy generosamente al contenido para dejar fluir el mensaje a través de él, y si no es así, no transmitirá el mensaje.

El ego del ser individual es un medio. Si no se adhiere a otros individuos transportando a través suya la energía vital y la creación, empezará a ser su impedimento. Cada persona debe disolverse en la transmisión del bien, para permitir la creación social de ese bien. Cada ser se deshace literalmente en una vida que va a otros seres, a otras vidas, Ese es nuestro destino. El bien literalmente desaparece en el horizonte de todo lo creado, y ésa es también la explicación de la muerte y la desgracia. Es la otra cara de la mediación del bien hacia el universo, aquello que genera el movimiento de la carencia. La obra de arte que no permanece encerrada en una vitrina de museo, y se disuelve, transmite y deshace en la manifestación de la belleza por el mundo, no es sin duda algo fabulosamente delicado y bello, sino más bien algo que ha contribuido a la belleza universal, inmensa y más allá de todo artista creador, más allá de nuestro mismo criterio como creadores, y se ha destruido en esa fusión. La expansión de la belleza, la creación vital y el bien, renace en forma de vida en el propio universo.

Si se bloquea esa disolución en la vida de un individuo, entonces tenemos la infelicidad, la tristeza y la frustración. Nadie es más desgraciado que el vanidoso, el egoísta, el avaricioso, que retienen y reprimen el libre huir de la fama, la importancia, las riquezas, la misma fortuna, y con ello, la pierden en sus vidas. Por eso quienes calculan muy detalladamente sus esfuerzos para no desparramar energía vital siempre estarán inquietos sospechando el vacío de lo que no sienten, y los que se mezclan con auténtico desvarío con los corazones ajenos siempre tienen esa media sonrisa de la plenitud cuando duermen. 

miércoles, 27 de diciembre de 2017

LA PODREDUMBRE

Recientemente se publicaba en medios españoles que, de acuerdo con los criterios de evaluación investigadora aprobados por la Agencia Nacional de este sector, un premio Nóbel actual no podría llegar a acreditarse como catedrático en nuestro docto país. Así, el descubridor del célebre "bosón de Higgs", que tan sólo tiene 18 artículos científicos en publicaciones indexadas -pero ¡qué artículos!- no soñaría con aspirar ni a profesor de nuestra egregia academia, donde se exigen 150 publicaciones para llegar a optar a dicho título. 

A los pocos días se publica otra información, esta vez internacional, en la que se explican algunas de las "retractaciones" y retiradas de artículos en dichas revistas internacionales indexadas, las más reputadas en el sector de las ciencias experimentales. Hay equipos de autores que han tenido que levantar de la publicación hasta cien artículos porque sus resultados son "fabricados", es decir, se han inventado. En la larga lista de retractaciones hay investigaciones copiadas, inventadas de la nada, con datos forzados, maquillados. Hay citas de autores que no existen, y hasta un artículo firmado y lleno de referencias de personajes de la serie Seinfield que fue aceptado para su publicación aunque era un total cúmulo de memeces y que, una vez se pagó la alta cantidad de dinero para ser editado, pasó sin más las evaluaciones.

Las condiciones de trabajo investigador y docente -las dos cosas deben ir necesariamente unidas para evitar su podredumbre- en países de todo el mundo están como indican estas dos noticias, al borde del colapso total. La podredumbre efectivamente está en todo el sistema de acceso y desarrollo de la profesión de investigador profesor. Hemos dejado que los exámenes a la carrera de un docente queden en manos de esas revistas indexadas de editoriales con un interés marcadamente comercial y completamente incapaces de evaluar los contenidos.  Los profesores son sus víctimas y sus esclavos, evalúan para ellas y sufren su escaso criterio. En las Agencias de evaluación, los evaluadores son en muchos casos mediocres profesionales que han llegado a la cima de una carrera podrida, que suplanta el valor académico real con la gestión de poder y de intereses. Si el sistema de publicación está podrido, el sistema de acreditación y examen del profesorado lo está más aún porque traga con el estado de la cuestión más vergonzoso. Muchos de los evaluadores no pasarían jamás los exámenes que ellos ponen a los solicitantes. Pero en el podrido sistema, todos callan sus vergüenzas. Los dos artículos citados son como la bandera roja que indica que algo va muy mal en nuestros sistemas docentes e investigadores. Pero si fuera solamente en ese sector, no nos importaría demasiado. 

El problema es que la podredumbre está por todas partes. En todos los sectores, la falta de vergüenza silencia e inmoviliza todo. Igual que los impostores y los falsificadores se han hecho con el control de la carrera docente, los impostores se han apoderado de la política. Completos falsificadores controlan la gestión de los asuntos públicos, es decir, pudren desde su base cualquier posible desarrollo o encauce de las cosas comunes. Esto hace que en la cima del poder político estén ineptos absolutos,  que tapan su incapacidad unos a otros, y que alimentan, bajo su égira, a otros impostores y trepadores, y esto tampoco nos importaría nada, si no es porque cuando surgen problemas graves estos falsificadores son por supuesto incapaces de solucionar nada, y la nave política va a la absoluta deriva. Un país como el nuestro, con un gravísimo problema nacional, que no tiene ni un sólo profesional político capacitado para solucionar, solventar o al menos poner freno a la situación, es un claro ejemplo de podredumbre institucionalizada.

La podredumbre se encardina de un ámbito a otro de manera consecutiva. Los malos profesores hacen a muy malos graduados, que con su trepa, llegan al poder económico, o al poder político. Estos desastrosos profesionales llenan de incapacidad y de falsía los mundos donde orbitan, premiando lo mediocre y hundiendo cualquier valor, sencillamente porque su modo de conseguir sostenerse se basa en los manejos externos al contenido del trabajo, en las apariencias ajenas al auténtico valor de todas las cosas. La vergüenza, nuevamente, labra su negra trama y en las clases sociales los sonsos y los tontísimos ascienden por cualquier motivo, por pertenecer a una familia con poder, por salir en la TV. Y así, un gestor universitario impostor se asocia con un consejero educativo mediocre y tramposo, para favorecer a un cargo nuevo que es otro socio en el club de los inexplicablemente en ascenso. Todos ellos cooperan con un periodista incapaz que los entrevista, o favorecen a la empresa hidroeléctrica de otro amigo incapaz. 

El mundo de lo podrido ha invadido nuestro país, como está invadiendo el resto del mundo. Los peores son los que están en la cumbre, y lo están porque otros peores los aplauden y aúpan con el fin de perpetuar la podredumbre porque es lo único que conocen. En las vastas llanuras del poder financiero, los idiotas son los que gestionan. En las estepas políticas, los fraudes humanos tienen todo el poder de decisión. Como modelos humanos, se nos ofrecen contrahechuras y ejemplos de cáscara vacía y de éxito incomprensible en todos los campos.

Todo esto no tendría la menor importancia si no existieran corazones jóvenes. Si no existieran corazones puros, a los que el daño causado por la podredumbre puede retirarles toda su energía creativa y su capacidad de conservar el tuétano indispensable para el futuro humano. Porque la podredumbre en sí no vale nada, ni es nada en sí misma. Pero la podredumbre suplanta, falsifica. El lugar que correspondería al político capaz, al mediador auténtico, lo ocupa un guiñapo. El lugar del verdadero profesor lo ocupa un cantamañanas ambicioso al que nadie le mira el cerebro. El lugar del financiero ingenioso lo ocupa el bobo nacido en una buena familia. La podredumbre tapona el espíritu innovador, creativo, capaz, de toda la nueva generación, pero sobre todo, los ahoga en el vacío y en la nada que son en sí.

El problema es gravísimo no por lo que físicamente causa, que es mucho, sino por lo que psicológicamente resta a la autoestima del país. Aunque pensemos que no es importante, la vergüenza corroe los cimientos de nuestra sociedad. Quita todo el ánimo a los que buscan justicia. Y un país donde no hay justicia, un mundo donde da lo mismo lo bueno que lo malo, lo útil que lo inútil, donde los valores están invertidos, es un mundo enclenque e inmóvil, incapaz de luchar por su futuro.

La podredumbre es realmente el mayor problema de nuestro país, de nuestra actividad, en el presente. Porque lo que nos quita no son recursos físicos, sino sobre todo, recursos anímicos. Nos quita capacidad de oponernos a la injusticia y a la desigualdad. Nos quita fuerza para luchar por los demás, para ser solidarios. Nos resta ánimos para componer un mejor país, una mejor ciudad. Nos deja sin capacidad para considerarnos dignos de vivir. Y esa situación es lo peor que le puede ocurrir a nadie. 

Cuando reclamamos contenido en los sistemas de evaluación y riqueza en la capacidad de los profesores, de los políticos, de los empresarios, cuando queremos que todos los sistemas de gestión y de organización tengan conciencias y mentes preparadas al mando, no es simplemente porque los locos o los tontos no deben llevar el mando. Es porque de la justa distribución en la vida social depende algo mucho más importante incluso que el futuro material: depende la salud del alma humana, la verdadera potencia para crear el mundo cada día. Y esta es atacada temiblemente por la podredumbre.

sábado, 23 de diciembre de 2017

DORIS SALCEDO Y EL ARTE DEL SIGLO XXI


Como un auténtico lujo, y riqueza inmensa, disfruta Madrid estas semanas de la exposición "PALIMPSESTO" en el Palacio de Cristal de El Retiro, en Madrid. El lugar, un palacio de vidrio, en pleno corazón del parque, con la luz de diciembre y su sol finísimo también laminado como el cristal, ha encontrado su resonancia como en ningún sitio y podemos disfrutar de la belleza, el mensaje y la delicadísima experiencia de PALIMPSESTO.

La artista colombiana rinde un homenaje y cumple con un deber humano en esta exposición en la que se traen a la luz de la memoria los nombres de inmigrantes ahogados en el mar Mediterráneo. Pero lo que vemos en PALIMPSESTO es una celebración de luz en torno a este necesario renombrar a las personas fallecidas por querer huir de la guerra y la violencia. El festival de armonía que Salcedo ha sabido organizar es arte del siglo que viene: enraizado en lo social, global en su dimensión, profundamente humano en su factura, sutilísimo y a la vez claro y simple. Una riqueza inmensa que se ofrece a nuestros pies, gratuita.

PALIMPSESTO es una superación del arte de la escultura que trabaja aquí con agua cristalina, que titila y destella, en el Palacio, su brillo increíble, al servicio de nuestra memoria. El agua, esencia fluida, esculpe aquí memoria. Escribe y borra nombres de personas olvidadas, sumergidas en el mar de la desmemoria y el olvido doloroso. Gracias a un mecanismo hidraúlico y a tecnología de gran complejidad, Salcedo literalmente resucita esos nombres con agua, y vuelve a enterrarlos como agua que se hunde en el suelo, con un ritmo que recuerda las olas del mar o quizás los impulsos del llanto humano. Las palabras escritas con agua son lágrimas, son llanto. Pero son también raíces que se hunden y presencias que brotan como arroyos de vida, diamantina celebración y honor a los desaparecidos, y la belleza con la que estos nombres se adornan los hace presentes en forma de luz en nuestra experiencia. Solamente eso es necesario para que no sigan pudriendo nuestros basamentos sociales que se hunden en la falta de sensibilidad y en el desamor. Doris Salcedo rescata mediante su arte el basamento de la ética humana en Europa.

Para este proyecto colabora una treintena de ingenieros, artistas, arquitectos, programadores. En el arte del futuro de Salcedo es preciso que todo el conocimiento humano más complejo se ponga al servicio de la experiencia artística. La finalidad, como decimos, no es puramente estética: es artivista y es moral, y cumple funciones de restauración del alma social mediante la correcta restitución de la memoria de los olvidados, de los desaparecidos. En el arte del siglo XXI, todas las profesiones sirven a este fin. Como dice la autora, al servicio de la fragilidad de la vida está la perfección de una obra de arte. Sin duda etamos ante una de las grandes maestras del arte del siglo XXI.
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Pero Palimpsesto es además un objeto estético, en el que la belleza se halla vinculada con el mensaje y con el revulsivo social, y también, con la múltiple armonía de los significados del obrar humano. Con esta  obra cercana a la performance, quienes nos acercamos a ella participamos en el surgir de los significados que van de la maravilla estética sensible al duelo funerario profundo, de la representación de la vida en su profundo ir y venir, surgir y ser olvidada, al juego con los elementos prístinos que en definitiva son la materia del arte y del sentimiento. Todo rima en la obra de Salcedo. La escritura de agua en la tierra es una metáfora de la vida y la muerte. Las páginas, las lápidas del suelo, son también playas de luz, y tierras que se alimentan y alimentan la vida. Los pasos y el sonido plagado de trinos del palacio de Cristal crean con el presente una bóveda sonora que hace eco a la obra de arte en el suelo, de modo que conecta perfectamente el presente y todo el mensaje de la obra. Poesía pura en todos sus aspectos, y conexión total. No en vano la autora, de una inteligencia proverbial, se hace eco d elas palabras de Deleuze según el cual un artista es un "conector de ideas". En su caso, la conexión es absoluta, orgánica y global.

Es auténticamente una fortuna tener PALIMPSESTO en Madrid en esta temporada. Si pudiéramos describir las riquezas de los grandes tesoros, las más finas joyas de imperios o reyes, nunca podríamos con ellas ni rozar la riquísima pureza de este arte esplendoroso, que se da a manos llenas, gratuito, en la obra de un creador como Doris Salcedo. Ni el rey Salomón en todo su esplendor se vistió jamás como se han vestido aquí las figuras humanas que pueblan y participan en la joya del palacio de Cristal del Retiro madrileño.
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viernes, 15 de diciembre de 2017

La ruindad de Dios (elegía)

 En una primavera apenas anunciada,
fragor de humedad y hierba negra,
en las sombras salía nueva vida;
asomaba el final del invierno
pero no se te permitió visitar la primavera
y quedaste privado de la vida.

Era un oscuro mundo de madera yerta
de mojado desapego de un sol dulce
era el prolongarse de canciones
de una niñez entera
de un amor usado y largo,
un corredor de casa, hogar de huesos,

estos trazos borrosos de amor,
firmemente grabados  en muesca de mi alma,
fueron a morir a una dormida primavera
entre llantos sin flor ni tierna yema
y no alzamos la mirada sobre el hielo
ni pudimos suspirar la dulce pena
entre las flores de tu corazón tierno;


privado de más primaveras
sin sospecha
de que el camino de luz no llegó a tiempo
quedaste sin derecho de vivir
deshonrado a las puertas del cielo;

como todos los muertos, ofendidos,
insultados de Dios en el alma
saltando de impotencia,
enmudeciste y se voló tu imagen
y gritando sin sonar por el degüello
explotó el alma en infancia y mil retazos de destellos

pero hay algo más
que la ruindad de Dios o la infame muerte aquí:
está mi palpitante espíritu en tu memoria
que siempre, eternamente, te restaura.




viernes, 1 de diciembre de 2017

LA BELLEZA Y SUS SUCEDÁNEOS

Muy frecuentemente lo que adoramos como Belleza es un sucedáneo de la auténtica belleza que envuelve cada ser que emerge en este mundo. Hay una armonía profunda que acompaña el nacimiento y la aparición de cada ser vivo y cada presencia orgánica e inorgánica en esta tierra. Esa sensación de que cada cosa es completa y acabada, perfecta, por ser, es en verdad la Belleza.

Es muy difícil definir esa profunda Belleza que se detiene un instante para mostrarnos el haz y el envés de lo que existe en esta vida. Sabemos que es inefable, que nos arrebata, que nos inquieta y que irradia una especie de paz profunda, una especie de loca consecución de tiempo y de forma, y que con ella se lleva todo el desenvolverse de la vida, raptándonos, enamorándonos.

Pero por extensión, nosotros rendimos culto a otras formas menores, de la Belleza, que tienen que ver con la particular armonía o rima de formas de alguien o algo determinado. En realidad la Belleza no es un rasgo distintivo, sino un misterio común. Y su rareza no es algo que haga destacar a una mujer o a un caballo, o a un lienzo pintado. Eso son derivaciones, sucedáneos, ecos, de la Belleza que emana  directamente del misterio de cada criatura. Esa Belleza está hasta en el silencio en que se paraliza una mirada, en cómo interroga un corazón que sufre, en cómo duerme como una obra perfumada y única, todavía reciente, el recién nacido, o en cómo irrumpe un niño con toda su luz en medio del enigma de la vida.

Para captar la Belleza real, y no dejarnos simplemente en la superficie de su sucedáneo, es necesario ciertamente cultivar el silencio y el vacío, observar con atención la superficie en la que las cosas cesan, dejan de sonar, o desaparecen. En el silencio es posible percibir la intensa belleza de todas las palabras pronunciadas, y en el vacío y soledad, la huella de todo el ser bellísimo del mundo, erguido en su mole. Para apreciar todo esto, es necesario fijarse con detalle, y lo raro, lo ignaro de la Belleza profunda de existir, surge a la vista, inexplicable e inaudito. Eso es realmente sentir lo bello.

Desgraciadamente hemos convertido la Belleza en un eco de todo esto, y como por extensión, adoramos formas superficiales del fenómeno, cosas raras en su combinación, o armonías exteriores que recuerdan en algo la estructura de profunda Belleza de todas las existencias. Creamos la Estética, que es la cosa más banal y superficial del mundo, un eco lejano, la costra misma, de la impresión de Belleza que sólo puede cultivarse en su misterio. En realidad los creadores de auténtica Belleza, los artistas, son los seres humanos que más se asemejan al divino poder creador de este mundo, porque se acercan al hecho esencial en el que todo absolutamente está producido como una Belleza.

Pero que algo desborde significado, que nos supere y nos trascienda, no significa que solamente podemos sentirlo y adorar su forma. Así, por extensión, y por analogía, rendimos adoración a la Estética como si fuera algo asemántico, sin significado, agradable a nuestras sensaciones, y raro en el sentido de exclusivo y elitista. Los artistas más superficiales generan belleza como un bien escaso y caro. La sociedad busca lo único  y su armonía poco común, en los objetos, productos y obras, en lugar de intentar apreciar lo común de la rareza en la que todo surge y brota, la Belleza esencial que como un perfume aromatiza milagrosamente cada instante.

También hemos sustituido la pasión por el misterio de la Belleza con la obsesiva persecución de lo perfecto, de lo raro y exótico o de lo rítmico. Una emoción muy abundante tapa y disfraza la verdadera emoción estética, que nada tiene que ver con ese juego con el deleite que se enamora de su propio poder, de su propia fascinación enigmática. La Belleza profunda es inefable y no admite academias ni cultos esmerados y complejos. Los estetas son, en el fondo, también, impostores del culto a la verdadera Belleza.

Es necesario recuperar una idea de la Belleza como Ser del mundo, como Ser de todos los seres que están presentes. Contemplar la asombrosa armonía de todo y dejar que su impresión profundamente estética sea el camino a la consciencia. Una vez que emprendemos ese camino, es imposible no recibir el impacto increíble de todo este misterio que es la vida, y eso, y no otra cosa barata, es la Belleza.


domingo, 12 de noviembre de 2017

Arte, tiempo y obsolescencia

Con el tiempo y deteniéndose  a mirar, una es mucho más consciente de la función fundamental que el arte tiene en el tiempo y vida humanos.  Es verdad,  como decía Simone Weil, que solamente las obras de arte podrían colgarse en la celda de un condenado a prisión perpetua y que cualquier otra imagen y objeto constituye una crueldad intolerable,  porque su pobreza  de sentido es como el suplicio de la gota en la mente del condenado.  Sólo algo  hecho con la energía del arte emana ilimitado sentido y constituye una ventana en toda celda del tiempo humano.

El arte supera el tiempo.  No solamente cambia con él  y habla siempre de manera nueva al hombre aún cuando lleve siglos a su lado. Como un agujero negro,  el arte es sueño joven y mana sentido a través de su armonía abierta y viva,  conectando  con la realidad  en su mismo núcleo de presente y consciencia.  He visto  cómo  el lenguaje de cualquier obra artística supera la obsolescencia y es siempre  actual,  de un modo que hace pensar que su estructura interna es un idioma que ha generado una identidad con el mundo capaz de comunicar siempre.

Cualquier otra riqueza o valor apreciados por los humanos se deshacen y pueden con el tiempo.  Pero el impulso de la creación es siempre igual a sí mismo,  es ser puro y así perdura y da significado al mundo. 

No encuentro otra explicación al hecho de que los seres vivos y las cosas pasan y desaparecen,  las circunstancias cambian radicalmente, las personas mueren y llegan otras jóvenes,  y a éstas vuelve a llamarlas,  enseñarles y despertar el mismo arte e impulso de creación de siempre,  que se ubicó en la realidad para horadar  en ella el eterno túnel de la belleza significante.

Por eso hay un sistema para mantenerse siempre en ese significado,  conectados a su radiante vitalidad,  y es rodearse y vivir inmerso en el impulso y la acción artística.

Para cualquier modo de vida, sean cuales sean tus circunstancias,  vivir rodeado y en fluir con el arte y su significado te aportará la sensación de valor constante de tu vida: te hará,  como decía Saint Exupéry, pertenecer a la más alta aristocracia humana,  la que toda la riqueza del mundo trata de  imitar, comprar y rozar con los dedos.

La mayor fortuna de este mundo está en vivir en arte,  construir objetos y modos de tiempo artísticos que hablen eterna y variadamente a nuestros cansados sentidos.  Arte que revista de juventud nuestra alma y la haga viajar hasta los más jóvenes,  en  eterna comunicación con ellos. Y arte que nos enseñe a apreciar la íntima factura del universo y la materia  humilde pero imperecedera con la que el hombre hace su trabajo,  mediante su cántico siempre ilusionante. 

miércoles, 18 de octubre de 2017

Trabajo y pasión

Simone  Weil  afirmaba que había  en el ejercicio  de un trabajo un fondo siempre difícil y complejo, que lo ataba al mal, porque trabajar supone a menudo luchar por arrebatar para nuestro provecho o subsistencia la riqueza, el bien o la vida a nuestro entorno, por lo que algo esencial ponía siempre  en inconciliable enfrentamiento nuestra moral y ética y el trabajo.

Esta concepción profunda y triste del trabajo como algo negativo, se acompaña más comúnmente de la concepción más religiosa del trabajo como tortura o castigo personal, algo ligado también  a la falta de libertad y a la lucha por la subsistencia. Sabemos por Weber  que el concepto del trabajo como castigo generó  estructuras  sociales completas,  economías y filosofías de vida. También  suscitó revoluciones  sociales y económicas que dieron al traste con esa idea profunda pero oscura o penosa del trabajo.

Más allá  de todo esto, yo quiero defender aquí  el trabajo como algo más profundo  todavía,  ligado a la poesía esencial de la existencia, como la misma Simone Weil  supo ver, buscando su sentido más allá.  El trabajo debe enlazarse con el amor, la pasión y con la creación del bien de manera que se descubra su bien absoluto.

El trabajo no solamente no es una esclavitud  sino una liberación. Cuando trabajamos a un suficiente nivel de calidad y cumplimos  nuestros deberes o tareas,  sentimos rápidamente  esa libertad que mana directamente con él para el alma, cuando se trabaja. En el desempeño y cumplimiento de un trabajo no hay, en profundidad, ni condena  ni esclavitud, ni tortura ni desamparo, sino la posibilidad de encontrarse y realizarse, de echar raíces y de volar más allá  de todo límite.

Pero todavía más profundamente hay en el trabajo realizado con pasión, es decir, con total  entrega y libertad, una aventura en la que  superando  el tiempo y el espacio, más allá de uno mismo y de lo sido o hecho  hasta el momento, se crea un nueva realidad. Intervenir en lo real mediante el trabajo  es trasformar el impulso
vital de la lucha y de la ausencia colectiva de libertad, hacia la creación  y evolución simbiótica  con el entorno,  para la preservación  y cuidado de la vida  colectiva.

Trabajar es y debe ser un placer. Algo que nos responde y nos libera. Donde nos alineamos con el mundo  y bajamos a su esencial  dinamismo para recrear la vida y descubrir su sentido. Más allá  de las terribles condiciones en que parece nacer, el trabajo debe descubrir, mediante  su gentil ofrecerse, el provecho de todos, y la alegría profunda  de ser en este mundo.








jueves, 12 de octubre de 2017

Auto foto

Mi madre y mi padre:
Amalgama de su luz y alegría
son mi rostro. 

Soy su futuro
un cielo hecho carne
un nacimiento en cuerpo 
de su sueño. 

La mirada llena de futuro
el alma fulgurante
la ternura de un cielo hecho cuna
y un viaje a la claridad realizado.

Mi madre y mi padre
Soy.

martes, 3 de octubre de 2017

ENFRIAR UN PAÍS

Los humanos somos animales mucho más limitados de lo que nos creemos.  Pensamos que razonamos más de lo que lo hacemos.  Pensamos que tenemos juicios exactos de la realidad y que lo que nos rodea es una realidad diáfana y clara.  Y sin embargo no captamos nunca o casi nunca la inmensa realidad en que existimos y reafirmamos con emociones primitivas el cuadro que nos hacemos de ella y que nos conduce a actuar como por un resorte.

Nuestros errores solamente los corrige una buena comunicación con el entorno,  una limpieza constante de nuestra mente y una constante gimnasia espiritual que adapte el limitado cerebro humano a los fundamentos de la vida.  Y cuando no es posible hacer esas tres cosas,  el animal humano enloquece y arrasa  con todo.  Las guerras son ese fenómeno.

Este país está hoy aquejado de una gravísima perturbación colectiva generada por una pérdida del sentido de lo real y una comunicación deforme y envenenada.  Se suma además la ausencia de un control de la situación por la suciedad mental reinante, fruto de esa malísima comunicación dominada por voces y dirigentes ineptos y ambiciosos,  alejados de cualquier espiritualidad o valor elevado.

España está entrando en un infierno propio por su escasa espiritualidad.  Los nacionalismos materialistas y  mezquinos son  el motor de toda la actividad política y la ansias de poder y el interés han podrido la vida política,  por lo que es imposible adaptarse a las situaciones,  comprender lo que ocurre y mucho menos aceptarlo.  Todo esto redunda en una locura colectiva sin freno a la medida de nuestra labrada y trabajada mediocridad.

El único modo de escapar de una locura emocional agresiva que nos lleve a aniquilarnos a nosotros mismos en violencia y en guerra es enfriar la situación y la comunicación que vivimos a diario.  Meter en la nevera,  individual y colectivamente nuestra propia cabeza y suspender los juicios y los exabruptos. Poner flema en el país,  poner silencio y calma.  Tomar todo con fría distancia y rebajar el estúpido tono del cerebro colectivo en  la comunicación que vivimos.

Las redes tienen que desconectar del bucle agresivo  y alarmista.  Los líderes y dirigentes cerrar la espita de las exageraciones y condenas,  de las impugnaciones y victimismo.  Los chats de  amigos deben dejar de despotricar y exagerar en las pantallas. Los medios de masas  dejar  de distorsionar y comerciar con la emoción desbocada. La gente en las calles debe dejar de alimentar con odio el aire seco y desabrido  que generamos.

El país tiene, por su propia salud mental y conociendo su triste historia,  que meterse en la nevera y con un poco de sensatez,  dejar de hostigarse a sí mismo como un pobre animal desbocado.  Sólo si elevamos al silencio,  la calma y el desinterés nuestra mente colectiva podremos ver qué está ocurriendo y entendiendo su realidad, crecer  hacia ella. 

lunes, 18 de septiembre de 2017

En Memoria de ANTONIO MAURO VICO PUERTAS

A los cuarenta y pocos años ha muerto por sorpresa mi primo hermano Antonio  Vico,  dejando dos niños y a su mujer Elena  y a sus padres y hermano sumidos  en una inmensa  y dolorosa perplejidad. No podemos creerlo porque Antonio era la ternura  y la energía bondadosa en persona.  Un ser bellísimo por fuera y por dentro.  Una buenísima persona a la que no pensamos  jamás tener que llorar en la muerte.  

El golpe ha sido brutal para todos los que le conocieron porque hay algo indignante  y vil en dejar de ver a alguien como Antonio, que hacía  la vida más hermosa  para todos. 

No es necesario conocer en detalle su historia y su vida para sentir la bondad que este chico emanaba. El alma de una persona es más que su historia .  Se siente en cada gesto,  en cada hecho aislado. Su vida ha sido ejemplar,  estuvo rodeado de amor y cariño  de su madre,  de su mujer,  de sus hijos y todos los amigos y familia.  Antonio era una riqueza para todos y en él  todos pudimos sentir la bondad de la existencia hecha un ser concreto,  una vida que crecía y se hacía plena. 

Cuando la muerte recorta temible la figura de la vida y señala con su incomprensible azar a una persona, se proyecta de repente la fuerza y el alma de ese alguien con un valor y forma nuevas. A veces esa forma es menos de lo que quien muere parecería que era.  Y a veces quien muere experimenta un inmenso poder en nuestra alma.  

Es lo que nos ha ocurrido con Antonio.  Su peso es inmenso. Su luz ha crecido enorme cuando ya no lo tenemos. Este niño que siempre fue lindísimo  ha sido un hombre fabuloso,  bueno.  Y nada más hay que ser en la vida.

Quiero usar mis palabras para que se recuerde a Antonio Vico Puertas  como un ser bondadoso,  de vida perfecta,  que nos dejó  su simpatía y su sonrisa a todos y por cuyo corazón precioso hemos llorado todos.  
Cuando alguien se aleja es posible ver su tamaño en detalle, y Antonio en esta terrible distancia no deja de crecer  para nosotros.  Una persona pura, simpática y bondadosa es lo que sigue y sigue viviendo de él. No podemos  creer que haya muerto porque su bondad surge aquí viva. 

 No hay nada como ser, y seguir siendo,  por haber sido importante en los corazones humanos.   Para eso nacemos  y vivimos,  para dejar en los demás esa huella de bondad.  Nada más memorable que esto. Estoy muy orgullosa de formar parte de su familia. De este Antonio Vico de dulce bondad bellísima. 

In memoriam

miércoles, 13 de septiembre de 2017

La comunicación y la guerra

Habitualmente no somos conscientes de hasta qué punto están  intrincadas las grandes guerras y conflictos,  en fenómenos de comunicación, particularmente en fenómenos de distorsión  comunicativa. La actual crisis  política en España nos da una imagen muy significativa de esta relación trágica entre  la comunicación  y la guerra. Hoy presenciamos  cómo se construye día a día el edificio de la incomprensión entre grupos humanos con motivo del secesionismo catalán, de manera que dos espirales de mutua exclusión amenazan con pasar a la directa violencia, ofuscadas como están  en sus procesos de escalada de odio y descalificación  mutua. Presenciamos cómo sobre la base de errores,  azares y malversación se va desviando la comprensión mutua impidiendo cada vez más la pacífica aceptación del adversario y cómo  el sinsentido va conformando  el código de comportamiento descerebrado que unos se exigen a otros.

Y es que al igual que entre dos individuos en escalada de agresividad se dan importantes deformaciones de lo real que les impiden entender al otro y los encierran en un túnel de odio y condenación del enemigo, lo mismo y mucho más intensamente se da en grupos numerosos o entre países. Cada gesto del contrario es interpretado en un marco dinámicamente agresivo que pugna por definirlo como un demonio del mal y por desproveerle de humanidad. Y al mismo tiempo la escalada en comunicación va enterrando
 al individuo o grupo en su visión estrecha y cada vez más deforme de lo real que apunta a la condena y a la eliminación total  del oponente. Las escaladas de pelea y de guerra son auténticos psicotrópicos personales y colectivos que niegan por completo la posibilidad de escapar a la violencia y de evadirse de ella. Pero como distorsiones mentales son siempre transitorias y coyunturales, y a pesar de su tragedia carecen de sentido ni de valor.

Lo que más nos interesa de este fenómeno es su esencia de comunicación.  Las guerras y las escaladas agresivas nacionalistas que hoy presenciamos son procesos de desviación comunicativa cuya efervescencia obedece a esa misma inflación semántica.

 El odio mortífero es un efecto de sentido. La gran escalada bélica no podria darse sin el poder alienante de la propaganda y la malversación  de los marcos de sentido humano que generan la comunicación agresiva. Podemos verlo cada día en las redes sociales y en la trama de tergiversaciones de lo real en las que caen los medios  al servicio de las ideologías fanáticas, generando  respuestas intensas y enroscando la serpiente del odio de unos a otros sin tregua. No deja de ser un estúpido sinsentido generado ciegamente, pero  por ello, sus consecuencias tampoco tienen límites ni razones que las detengan.

En una guerra encarnizada lo más derruido  es la visión humana del enemigo.  Lo que se derrumba bajo las agresiones es la sensibilidad,  la simpatía,  la afinidad y la igualdad entre comunidades y personas que son vecinas y familiares,   y en cuya similitud se funda la civilización misma.  Lo que se aniquila irrecuperable es la comunicación con el otro.  No hay nada más silencioso y frío que  la agresión y el desastre de la guerra. El ser humano se vacía a sí mismo al mismo tiempo que vacía su cargador sobre su prójimo.  Nada más vacío de sentido que el ataque verbal qye anuncia el descalabro mental colectivo.

El único modo de acabar con la guerra es efectivamente  la comunicación y la fuerza semántica inversa a la de su eje. La paz debe ejercerse como una especie de mensaje constante y consistente que rompa las espirales simbólicas de la demente violencia. La guerra de la comunicación debe combatirse con insistente comunicación pacífica  y ello sólo está en manos de personas y entidades dotadas de fuerza simbólica y capacidad expresiva únicas. Ellos pueden quebrar el espejo infernal en el que se ciega un país entero. Ellos pueden devolver la inteligencia a un país  que se vacía de inteligencia en la comunicación agresiva.

Es urgente comprender que  somos esclavos de nuestras palabras y que estas nos amenazan en sus redes mentales. Sólo un sentido profundo de la realidad puede borrar el lavado de cerebro generado por la comunicacion en guerra.



sábado, 2 de septiembre de 2017

Saborear la Vida

El saborear la vida es una detención en el puro presente en el que nada parece trascender ni dejar huella.  El inmenso placer de ver detenerse todo en la insignificancia y la nada.  Contemplar la nada de tanto afán amenazante o avasallador, la pura nada de tanto famoso estruendo que cesa vacío. La nada que impera en el mundo en tanto  no es lo pequeño, que sabemos inmenso. 

Que ninguna esclavitud persiste y toda desaparece en cuanto se medita algo sobre ella. La cesación del dolor es uno de los milagros que sorprende uno en la vida diaria y reconfirma con delicia, si lo busca. 

Que la libertad riega con alegría profunda el alma y es lo que más enseña.  Que manteniendo la calma se sabe cómo y cuándo bailar para conseguirla, urdirla y organizarse sin demasiada solemnidad ni dramatismo. En un dulce baile en que predomina la paz se puede cesar el empuje para dejar que ruede la propia  rueda del mundo. 
La pizarra nuestra es otra, la que escribimos y con la que escuchamos las coincidencias musicales del tiempo en  que vivimos.  Y sólo el sol dulce nos acompaña fuera.

Esa tranquilidad que proviene de saber lo que hay que hacer y es vital.  Que eso es lo que  importa y con lo que se mantiene uno. Que los liantes pasan y se alejan.  Y las historietas largas de histéricos o ansiosos son viento que se aleja por su propio soplo. 

Que estando tranquilo se oye el sutil paso cambiante del ritmo de la suficiencia y la saciedad,  de la deficiencia y el desborde y se puede presenciar su alternancia como un mensaje al oído, de la vida a su confidente sabio y viejo. 

viernes, 25 de agosto de 2017

El universo del mal

Tras los atentados de Barcelona estamos asistiendo a las reacciones que  mediante las redes sociales se producen de forma masiva gracias al poder difusor de los nuevos medios.  Y lo que nos llega es la infame constitución de un universo de cotillas, morboso, maledicente, más pernicioso si cabe que un episodio de violencia  física porque  nos llega de grupos de amigos o en el amigable y confidente chat.

Un universo de racismo,  fascismo e intolerancia  vomita por las redes sandeces y sandeces envenenando la opinión pública y atacando el  ágora social con perversiones interpretativas propias del más bajo patio de vecindario en la era nazi. El atentado es la excusa para inventar las peores visiones de los oponentes políticos o de las comunidades que conviven.

Hay una batalla mortal entre los que emiten mensajes e imágenes constructivas,  que son  los menos, y los que largan basura para intoxicar y llevar los temas al más zafio debate religioso,  racista o nacionalista de todo tipo.  Y los medios tradicionales  a los que nunca hay que esperar demasiado cuando se trata de bajar el nivel de ética  informativa se han sumado al morbo,  al cotilleo barato y a la información de ciénaga.

Lo peor de todo esto no se ve.  Lo peor es  la información que nos falta en este universo imbécil de odios e ideologías infantiles,  y que es suplantada por la intrascendencia cotilla  y por la insensibilidad.  Poquísimas excepciones  de profesionales o medios trabajan  de verdad en saber las causas de raíz de lo ocurrido.  Se sustituye el periodismo por la mala lengua de barrio, por el partidismo burdo, animado por las redes sociales.

Un periodista extranjero se marcha de una rueda de prensa porque no entiende el idioma y este simple acto se convierte en una tergiversada ola viral de exabruptos de todo tipo. Todos los despropósitos se basan en un hecho mal interpretado. Pero en el griterío organizado eso es lo de menos. Las incompetencias se convierten en aviesas intenciones y todos los humanos errores en motivos  de guerra justa. Cuanto más sube el tono de agresión más se divierten todos. Pero al mismo tiempo bajan más al sótano del comportamiento gregario.

Es cierto que en este universo hay también geniales zascas y mensajes penetrantes e n medio del barrizal.   Pero en información una sobrecarga de elementos  negativos anula el conjunto. La era de la información,  triste paradoja,  parece  derivar a un siglo de manipulación y embuste  en el que intoxicar y favorecer las posiciones violentas es patrimonio no solamente  del terrorismo islamista.

En este patio de viejas brujas a nadie  le importa lo ocurrido y todos están pendientes de quién va o no va al funeral o si la culpa es de inos u otros parientes  de una mafiosa familia. Finalmente las redes se anulan a si mismas como potenciales elementos revolucionarios pasando a ser por la ley de la reversión comunicativa lo peor para educar y favorecer la paz social. 

miércoles, 23 de agosto de 2017

Otra infancia más

Otra infancia con los colores
Que tenemos aquí
Con los amores que aquí crecieron
Culminantes

Otra infancia  con iguales cielos
Con fundamentos igual de profundos
Miradas igual de perfectas
Llenas del amor de estar vivo

Haremos otra infancia
Con las criaturas nuevas
Que nos miran con el mismo fuego negro
Y vienen empapadas en ternura
Dando todo por hoy
Con las ideas cromáticas y con la intuición
Haremos un mundo nacido
De nuestra perfecta pasión vieja.

Otra infancia cada día
Espera a ser nacida
Por tu corazón que pinta.

sábado, 19 de agosto de 2017

Lo que dice el atentado de Barcelona

Estos días trágicos leemos a muchos que  dicen  cosas sobre los atentados de Barcelona. Pero muy pocos realmente escuchan  lo que el suceso está diciendo a gritos,  lo que el terrorismo islamista está diciendo en su terrible lenguaje de crueldad inhumana.  Y lo que el atentado nos traslada es precisamente la inhumana deriva  de la sociedad actual en la que  perecen a diario cientos y miles de personas sin que haya ni un lamento por ellos. Igual que mueren  a manos de los terroristas cientos de inocentes,  en su mayoría musulmanes,  también hay niños y jóvenes inocentes arrojados al mar por traficantes de los que nada oímos ni nada se piensa.  Y hay intentos fundamentales de expertos y de organizaciones por acabar con la estructural violencia generada en Oriente  Medio por los intereses capitalistas y de poder a los que  los periodistas no dedican  ni una frase. Hemos creado un infierno en la orilla de enfrente y nos tapamos  los oídos,  no queremos ver el humo  de sus crematorios ni el dolor de sus niños.  Como en un equilibrio macabro ese infierno se reproduce aquí para decirnos que  no tendremos paz si no lo reconocemos  y acabamos con él.

Esta sencilla verdad nos dicen  los atentados.  Que unos muchachos ciegos de violencia y propaganda sean capaces de organizar  una masacre humana en Barcelona no puede justificarse jamás.  La violencia directa que mana de sus acciones es absolutamente brutal y absurda y el único modo de combatirla  es mediante el rechazo moral y la resistencia pacífica. Pero esos niños asesinos no son sensibles a la lucha  moral porque son resultado de una sociedad estructuralmente violenta que ha generado un mundo insensible a la moral,  ciego y sordo al mal que él  mismo genera.

El terrorismo habla a la sociedad y hay que escuchar lo que nos dice en esta ocasión,  porque nos habla de infiernos permanentes y de crueldad ilimitada como una nueva realidad que amanece para quedarse.  El horror que comunica no se combate con resistencia pacífica ni moral solamente. Los conflictos subyacentes y los traumas abiertos son un volcán en erupción que no se detendrá si no lo asumimos como el gravísimo problema social que supondrá de si en adelante. Las guerrillas no se vencen con ejércitos.   Hay que restaurar la integridad moral de nuestra sociedad y limpiar de mal profundo nuestras propias manos. Esas que  han dado a luz a una criatura negra que asesina y cuya sombra es tan parecida a nosotros mismos. 

lunes, 14 de agosto de 2017

CREACIÓN Y SIMPLICIDAD


Las grandes creaciones humanas, y las más humildes aportaciones producidas por todo tipo de personas, aparecen siempre regidas por el Principio de Simplicidad. Este principio nos dice que siempre es preferible, se percibe mejor, y es más perfecto, lo más Simple. El principio de simplicidad rige las leyes de la composición artística, impera en ciencia bajo la forma del lecho de Procusto aconsejando reducir lo complejo y abstruso, y es la cortesía del filósofo, que decía Ortega. La simplificación genera información, en una ley paradójica de esta materia. Lo simple es, muy a menudo, lo más grande. La simplificación es la acción positiva más característica del genio creativo. Podemos reconocer a los grandes creadores en la simplicidad con la que trabajan y que les aporta ese algo único y fabuloso de una auténtica totalidad innovadora. Un gran creador es alguien que desprende las formas únicas de una masa barroca de elementos que se anulan unos a otros, y extrayéndolas y puliéndolas en su simplicidad, decanta formas que cobran vida propia.

No hay grandiosa aportación humana que no sea una simplificación. Una reducción de lo complejo. Un trazo claro. Lo que los antiguos llamaban una forma. También es aquello que vemos de un golpe, lo que llamaban los griegos una idea. Cuando apreciamos la capacidad definitoria de un gran pensador, o la genialidad de un artista en cualquier campo, se nos vuelve asombrosa esta característica, que hace que la obra o pieza en cuestión no parezca surgir del cuerno de la abundancia de la inteligencia o el talento. Así es, nos parece milagroso el surgir de una creación de la nada misma, rodeada del vacío que la hace más contundente y especial, desnuda en toda su pureza. El gran genio  tiene el asombroso poder de reducción y de recorte. El genio es fundamentalmente el que elige, selecciona, extrae, resume, en los elementos esenciales, lo que para otros no se arregla más que añadiendo y añadiendo cosas. El principio de Simplicidad, fundamental en todo, en la creación es absoluto.

Cuando leemos, o vemos, o admiramos las grandes obras, y comprobamos su fuerza, no nos damos cuenta de que gran parte de la misma radica en un saber reductivo. En generar categorías nítidas, ideas que tengan color y forma únicos, en enumerar rasgos que por su profundidad sean pocos y subsuman en su densidad semántica otros muchos factores. Cuando componemos una obra pensando en centrar en rasgos simples sus principales fundamentos, estamos creando verdaderamente algo nuevo. La sensación creadora más crucial está en eliminar elementos y factores, en ver con toda claridad cómo los rasgos simplificados se armonizan entre ellos creando la totalidad.

Hablo de composición y es precisamente por esto. Lo que los griegos significaban con el verbo "Sinzetó" σινθετώ, es a la vez simplificar y componer. Porque en las creaciones profundas, hallar los núcleos de profunda belleza o verdad y ponerlos en conexión, en su absoluta limpieza, en una síntesis creadora, genera una totalidad que surge de la combinación armoniosa de lo escaso. Esta es una gran paradoja. Se produce porque los elementos extraídos y simplificados al máximo que se ponen en relación tienen en ellos la misma calidad de belleza, y al integrarse, generan juntos un cuadro que  en su contracción creativa produce un valor mayor, como si se tratara de un rostro, con personalidad propia y profunda, que es único en su ser.

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Toda creación en todos los campos es al fin y al cabo una pintura. Cuando elegimos los vórtices de la pintura, y los constelamos y ponemos en relación, eliminando toda distracción y aquilatando el peso de cada uno de los pies de la composición, se produce un fenómeno mágico de aumento de la belleza y del poder formativo del conjunto. La simplicidad nos afina el pincel, lo hace más preciso, nos acerca más a la perfección. Desnudándonos de nuestra misma capacidad recargadora, de nuestro ego interpuesto, para que no estorbemos el poder mismo de las ideas o fuerzas vectoriales encontradas, de generar una visión nueva de lo real. Finalmente, una vez que elegimos esos vórtices, categorías, elementos compositivos, argumentos o medios, y los despojamos de todo lo que el ego artístico o creativo, el cerebro pensador o investigador añade sin querer, desdibujando su propia capacidad de ver, entonces la obra creada en cuestión se transparenta y se convierte ella misma en algo vivo, con capacidad de formar nuestra visión, con energía propia que la desplaza en tiempo y espacio. se produce la auténtica creación de forma. 

Mucho de lo que hay que hacer, para crear algo nuevo, es no hacer. Es desembarazarse de elementos. Es eliminar rollos de película, como hacía Capra. Es renunciar a un color completo, como Rembrandt. Cuando elegimos con verdadera austeridad unos cuantos rasgos esenciales, y los enumeramos, con plena sinceridad y pureza de gusto, generamos una energía, un poder atractor, que sintetiza y compone verdadera atracción creativa. De ella salen, como ondas similares, otras formas. Pero el rasgo con el que decidimos simplificar toda una labor de composición y trabajo arduo es muchas veces lo que lo purifica y hace expresivo.

El misterio de la creación armoniosa es insondable, pero a él nos acerca el hecho de que cuando usamos la humildad generativa y la economía expresiva somos más potentes y más capaces, comunicamos mejor y transmitimos con más fuerza ese algo único que intuimos en aquello que hemos captado por primera vez. El arte creativo más profundo es mera disposición. Y para regir esa disposición, la única y más sublime ley es la de la simplicidad.





martes, 1 de agosto de 2017

CIENCIA BASURA

Cuando se leen en estos días contribuciones académicas y científicas de muy distintos sectores, y se adentra uno en el aparataje sustentatorio de un discurso o tema científico actual, en la mente del lector intuitivo sobrevuela de inmediato la impresión de que mucho de lo que lee, prácticamente todo, es pura Basura. Y el asunto merece un post porque oigo ya a muchísimos investigadores y científicos diciendo que No Creen en la Ciencia tal como está organizada en el último siglo, y que lo que hoy se tramita académicamente es en su conjunto Basura.  Los sistemas académicos no funcionan y estamos ante un siglo de lentitud en el desarrollo científico. Vamos a dar unos trazos generales del problema, que afecta gravemente al desarrollo humano.

Por motivos muy sorprendentes el conocimiento científico se está autodestruyendo a sí mismo en una auténtica jaula de hierro sometida a los peores impulsos de poder y de dominio, cuando no de interés económico y especulativo. Desde hace décadas y en completa contradicción consigo mismo, el supuestamente perfecto sistema de investigación y ciencia, que se auto-examina y refuerza con constantes validaciones y pruebas, no produce una mierda. No da resultados. LLevamos un  siglo de estrictos sistemas de competitividad en la vigilancia de las investigaciones, de férreros chequeos en la metodología conducidos por los organismos y agencias evaluadoras, de minuciosísimas y malvadas vigilancias de cada aportación en las publicaciones prestigiosas. En este siglo han aumentado inmensamente los sistemas de garantía de calidad de la ciencia. ¿Y qué se produce? Mierda. Mierda insignificante. Artículos hechos para ser evaluados positivamente que no valen para nada. Repeticiones e iteraciones de las metodologías con las que se compara, retrospectivamente, al nuevo aporte. Inmensas cantidades de caca reiterativa e inútil, que no genera avances ni desarrollos comparables a los de los siglos anteriores. Glosas y glosas de todo el pensamiento anterior, de todos los aportes anteriores. Ningún científico actual osa ponerse a su altura y lanzar ideas nuevas, osadas, grandiosas.  ¿Por qué?

 Estamos a un siglo de la última gran revolución física, la cuántica. Los científicos cuánticos no podrían hoy publicar ni difundir sus resultados porque se los consideraría una peligrosa secta mística cuyas conclusiones no están probadas positivamente. La ciencia experimental, y no digamos la ciencia social actual, es positivista como en el siglo XVII y completamente escolástica en su radical negación de toda innovación. En ciencias sociales, en filosofía, en lingüística o en filología el más rancio dogmatismo impide impulsar las ideas nuevas, las hipótesis innovadoras. Lee uno a un Chomsky que avanzó tantísimo en la lingüística a mediados del siglo pasado, y hoy está enmarañado en recorregir y reformular sus hipótesis para terminar afirmando estupideces de grueso tamaño, porque su teoría fue sometida a tal ejército de revisiones que ni él mismo se defiende ya contra su propio rigor mortis académico. Y el rigor mortis en todos los sectores y autores va poniendo la mordaza a cada uno de los autores y pensadores de valor de nuestro tiempo, que están todos ellos matizando y rebajando el tono de sus aportaciones hasta convertirlas en simples matices al discurso general, el discurso de la monótona calidad vacía de avances.

 Todo debe ser validado por publicaciones y agencias que son extrañas al propio entorno de investigación y que a pesar de que controlan la difusión y validación de los contenidos, no se rigen por su conocimiento sino por supuestos métodos objetivos de revisión. Estos métodos exigen, por ejemplo, que dos expertos actuales dén crédito a lo que se afirma en la investigación. Es decir, se somete a la visión retrovisora el avance del que innova. Pero además, y por los propios sistemas de competitividad creados para asegurar una vigilancia incoherente y neurótica de lo más estúpida -como si los innovadores científicos fueran especies peligrosas que controlar en sus movimientos como a locos manipuladores de armas químicas- es prácticamente imposible generar una revolución de pensamiento en ningún campo hoy en día. En ningún campo. Se ha creado un sistema que anula desde su raíz el pensamiento innovador mismo. Lo condena a la marginalidad y al ostracismo.

En un sistema que a Kuhn le hubiera resultado irrisorio, los paradigmas científicos están todos con el frenillo puesto en torno a cuanto ocurrió en 1900. La ingente producción de mierda en la ciencia y el conocimiento humanos crecen exponencialmente sin cambiar el paradigma kuhniano de 1900. Se acabaron las revoluciones científicas desde entonces. Uno lee los autores de ciencias y de letras de ese momento y son mucho más innovadores y valientes que los actuales. Aporta más un Lippman, un Jung, un Ortega, un Jaeger o un Heisenberg de 1900 que quinientos cientifiquillos premiados hoy en día con la máxima distinción internacional. 

Desde hace décadas la ciencia y el conocimiento están en la mierda de su propio sistema de medición y de selección que se ha convertido en una jaula planificadora que premia a los más mediocres y castiga a los innovadores y creativos. Buscamos en los libros científicos actuales autores que no se traicionen a sí mismos rindiendo culto a la cuantificación imbécil o a la hipermoderación alambicada e incomprensible. NO hay por supuesto comunicación de la ciencia a la sociedad, como es lógico, porque no hay nada que comunicar que merezca la pena. Y así los científicos e investigadores no saben enseñar ni son capaces de generar en los jóvenes el impulso innovador. Este proceso se produce al margen del sistema, contra el sistema mismo, escondiendo al joven innovador para que pueda entrar oculto bajo la capa de un acreditado loro repetidor de las mismas memeces de siempre en un campo científico cualquiera.

La muerte del conocimiento y la ciencia -no la aplicación técnica, que esa se nos da de maravilla y es la que ha prostituido toda capacidad de reconocimiento del saber humano, comprándolo por miserables servicios a la estupidez y el egoísmo humanos- tienen un precio inmenso. No hay un conocimiento real de cómo solucionar los problemas humanos. La ciencia no sirve para paliar los dramas mentales ni materiales, y la humanidad sigue su caótico rumbo sin que haya corrección del mismo por ningún saber. Por no saber, no sabemos ni vivir en paz y en felicidad. La ciencia, es sin duda, hoy por hoy, otra basura más de las muchas que el humano ha generado como consecuencia de su presencia en el planeta, algo como un debate de grillos y loros locos que nadie escucha, en el que se batalla por dinero, poder y fama, pero que no genera más que toneladas de mierda mental, y digital.

domingo, 30 de julio de 2017

ESCRIBIR EN LA ARENA


Leyendo estos días al increíble Carl Jaspers, y su texto Origen y meta de la Historia se hace clara una idea de la existencia mucho más fina y profunda de la que habitualmente oímos en nuestra época. Jaspers tiene la idea de que la Historia la hacen verdaderamente personas excepcionales, especialmente desarrolladas en su humanidad, que literalmente hacen escalar al resto hasta el nivel de sus actos y creaciones e innovaciones, de manera que terminan tirando de los demás. El espíritu que desarrollan genera una capacidad comunicadora que finalmente influye en la sociedad de su momento. Muchos grandes hombres no llegan a comunicar su espíritu a la sociedad y no se convierten en historia en acción. El proceso es complejo y está marcado por la individualidad del ser auténtico de cada uno que entra en sintonía en esa inmensa escalera hacia lo real. Pero lo que sí es cierto, asegura el genial alemán-suizo, es que la Historia humana que es y existe la han generado y escrito los grandes espíritus de la humanidad.

Como se ve no se trata de una concepción comptiana o puramente fisiológica de la historia. La historia humana es la de los avances hacia el futuro. El tiempo no es simplemente el crónos, la linealidad aparente que deviene, sino el kairós, la oportunidad realizada, lo que llega a ser a partir de la influencia del espíritu en el mundo. Estamos en una absoluta indefinición del futuro, porque nada está asegurado que sea y la historia está abierta, como el espíritu: se define por los actos que la libertad profunda del espíritu dibuja en el mundo.

Esta teoría puede interpretarse de muchas y muy provechosas maneras. Una de ellas es pensar que mucho de lo que acontece a diario no es historia e incluso, no es. Al carecer de espíritu, al no estar dictado por la libertad, es escritura en la arena. Algo que desaparecerá con la ola que llega inesperada en unos instantes. 

Y así es efectivamente. Cuando tienes muchos años te das cuenta de la cantidad de cosas, de carreras personales, de ambiciones, de intentos de conservar control y poder, son simplemente trazos en la arena: no tienen un espíritu que los haya dilatado hasta convertir en actos auténticos, no son historia. Y en muchos casos, estos hechos, cronológicamente, se desdicen a sí mismos de maneras tan dramáticas que nos dejan sorprendidos: la flecha lacerante del kairós se hunde en el pecho del financiero en la cumbre del mundo que en realidad estaba bajando a los infiernos, la guerra eterna se vuelve contra el país que invade y quiere ocupar terrenos por la fuerza y detentar un poder eterno, o incluso, la manipulación del totalitario se convierte en la señal inequívoca de que nunca conseguirá lo que pretende para su país. Todos ellos escriben en la arena. No llegarán a ser, e incluso, el ser que tienen se borrará con el oleaje que ellos mismos generan en su locura.

Saber ver esto y vislumbrar cómo centenares, miles o millones de locos escriben afanosamente en la arena de nuestros días es algo que hacen los espíritus visionarios, los que aconsejan a aquellos locos que abandonen su intento inútil preguntándoles si no ven que van hacia el desastre y que todo cuanto hacen conspira en contra de su mismo ser. De su misma consistencia como seres reales.

Está el mundo lleno de personas y sus cosas que son hechas y emprendidas con ansias y ambiciones desmedidas, con intenciones aviesas y manipuladoras, con deseos de control de las apariencias y de dominio de las circunstancias. Sin embargo lo que planifican, lo que planean, es una entelequia, una quimera. Es fruto de una locura posesora que les ha robado el sentido de lo que realmente quieren, y los ha situado en un mundo imposible. Como Jaspers dice, ninguna de esas personas y cosas existen realmente, no llegan a ser. Se les podría preguntar ¿dónde vas? porque la dirección de sus flechas está envenenada por la confusión y el ansia desorientada, y se volverá contra ellos.

Muchos conflictos actuales, muchas injusticias palmarias o incomprensibles carreras fulgurantes o burbujas de éxito están en medio de una ola que los deshará en vacío y limpia arena. Basta ver las señales que llegan de sus incoherencias, del daño que ocasionan, de lo infructuoso de sus empeños, de los años que llevan mintiéndose a sí mismos y a lo que los rodea. Son mentiras a gritos que pueblan con sus supuestos "actos" y hechos nuestras noticias, y los medios se hacen eco de tanta insignificancia sin pensar y ver un poco más allá de las intenciones del manipulador y sus quimeras planificadoras.

Con los suficientes años vemos muchas flechas volver, desde el futuro, a borrar a sus arqueros de nuestra memoria y de nuestra historia. A veces esa reescritura del destino es muy cruel y genera una debacle que arrasa a víctimas inocentes del despropósito o la planificación incapaz que se quería causar. Entonces nos lamentamos, como hacían los griegos, de la catástrofe creada por esa hibris, desmesura, que ha recompuesto la historia de una manera tan ciega. Pero es que ciegos fueron los causantes que en sus estúpidas ambiciones las causaron. 

De tal manera que el consejo de Jaspers es sencillo. Que los espíritus insuflen la historia a su ser. Que los que realmente están inspirados, no por el hacer y el dominar, sino por  el simple crear e innovar, conserven su libertad profunda para saber cuándo hay que actuar y cuándo simplemente dejar que el tiempo pase, a la espera de que en su acción limpie la hibris de nuestro fondo de alma, que está siempre confundido con extrañas fantasmagorías y manías, pero que puede, si sabe esperar y dejar madurar las cosas, llegar a ver en el horizonte el ser que realmente es.

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HACER ALGO CON LAS MANOS Blog de creación y comunicación de Eva Aladro Vico