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ES


A menudo basta observar algún sencillo acto de nuestra existencia para comprobar la gracia infinita con la que todo es. Para esto, es necesario sentir primeramente que ese acto sencillo, que puede ser una elección, la renuncia a otros actos, o aceptar algo que se presenta directamente ante nuestros ojos a menudo inatentos, existen y han sido ya. Cualquier cosa que hagamos tiene un aspecto opcional: puede ser aceptada y disfrutada, saboreada, como dirían los sufíes, o puede ser simplemente transportada por nosotros a un futuro en la imaginación o en la ansiedad. 

Cuando vemos que todo es opcional, sentimos una especie de pregunta en el alma: eso ocurrido, eso realizado o sentido, ¿nos parece bien para nosotros? ¿es lo que querríamos en el fondo? Si nos ha necesitado o requerido alguna parte de nuestra energía en su empleo, ¿sentimos que está bien empleada o invertido ese tiempo en esa cosa o acción?. Podríamos haber dispuesto de más medios, o estar absolutamente en otra parte. Podríamos no haber hecho eso que vemos. Y sin embargo, si nos damos cuenta, en ese imperceptible instante ocurrido en el presente absoluto, que todo eso puede responderse afirmativamente, entonces elegimos que lo que ocurre haya ocurrido, y empieza el inmenso disfrute de la existencia en una nueva dimensión: aquella en la que todo ES.

Cada instante en que algo perfectamente completo, que existe, nos llega y es aceptado por nuestro corazón, se abre un mundo de nuevas posibilidades. Aceptado ese baile con lo real en el que hemos participado, con una plena alegría de nuestro espíritu, empiezan a surgir nuevas propuestas. Cuando hemos aceptado lo que es, podemos rechazar lo que no es. Podemos dirigir la existencia hacia aquello que de verdad importa. En gran medida, renunciaremos a múltples caprichos, temores o amiciones generadas en el universo de lo que no es. Y veremos sin embargo que la realidad se abre, moldeable. Nos ofrece maneras de volver a interactuar con ella. Nos presenta nuevas cosas sencillas a nuestros pies, para ser aceptadas y maravillarse con ellas. Nos rescata de los sentimiendos de ambición, ansiedad, culpa o miedo en los que la constante proyección al futuro nos lleva en nuestra vida imaginaria. 

Cuando vivimos aceptando esas pocas preguntas o propuestas que a diario llegan, en las que se nos pregunta si querríamos estar en otro sitio, o hacer las cosas de diferente manera, si soñamos con abandonar nuestro trabajo o nuestro esfuerzo para hacer lucir la vida, y resolvemos que no deseamos dejar de hacer todo cuanto hacemos, ni por el mayor sueño o deseo que podamos concebir, entonces la vida tranquila y simple se tiñe de personalidad y carácter, cobra verdadera esencia, y en ella es posible dotar de acento a nuestro trabajo, dar fuerza a nuestras obras o sentir la enorme riqueza de existir.

Recuerdo cuando los estoicos decían, para rechazar el terror a ser ahogado, que no temían al inmenso mar océano, porque en realidad, con tres litros de agua dulce bien administrados bastarían para ahogar a un hombre. Todas las medidas que nos han sido dadas sirven para determinar el alcance de nuestra conciencia y son la llave de nuestros paraísos. El ser humano, aunque infinito en su imaginación, es discreto en su capacidad de saborear, de sentirse pleno, de ser feliz. Sus limitaciones están a la vista. Sin embargo, nunca nos damos cuenta de que ellas determinan lo que cada uno es. Pero al mismo tiempo, ellas nos liberan de todo lo que no puede ser, y de todo lo que nos atenaza y desequilibra. Porque lo sorprendente, lo alucinante de todo esto, es que cada cosa que ES es infinita en su esencia y al conformarnos con ella accedemos al verdadero paraíso inacabable de la armonía de las medidas, al infinito absoluto que escapa mediante la concreción.

Puesto que lo más fastuoso, rico y exuberante del universo nunca podrá competir con la saciedad adaptada a la sed propia que ha sido dosificada y ordenada por una persona. Nunca habrá un esplendor como el del trabajo hecho mediante una conformidad modesta. Ni un horizonte más inmenso que el que se abre ante una voluntad liberada de su propia esclavitud, ni mayor goce que el que da una flor que es vista con los ojos que la ven con los ojos de un niño o de un renacido. No habrá expansión mayor que la que genera el placer que sabe la medida armónica de las cosas que generan deficiencia y saciedad, oscuridad y luz, sueño y existencia.  Como si hubiéramos pulsado la llave maestra del destino, se abren y afloran las gracias insondables de todas las coincidencias, de todas las sincronías, y el destino comienza a ser un rumbo. Y cuando abrimos los ojos y se abren con ellos los enormes ventanales de la existencia virgen, sentimos que determinamos el mundo, que vamos retrocediendo en el tiempo por fin para recuperar todo cuanto se perdió o marchó, sentimos que nos acercamos a nosotros mismos, que nos poseemos gracias a toda nuestra inmensa limitación y que podemos poseer al fin todo cuanto ES.

CULTURA



Con la edad uno va aprendiendo a refinar lo que constituyen verdades y lo que no es sino vaguedad, ideas infatuadas y vacías o confusiones en los conceptos. Y uno de los conceptos sometidos a las más terribles deformaciones es el concepto de cultura.

Como decía Gustavo Bueno recientemente la cultura se convirtió en un concepto tan amplio y general que se aplicaba a todo, pasando a ser una basura conceptual. En parte por la ignorancia generalizada, en parte por la pedantería de antropólogos o sociólogos y por supuesto por la manipulación política, cultura viene siendo cualquier cosa específica. Cualquier gesto, signo u objeto se considera culto. Un asesinato es un fenómeno cultural. Un garabato horrendo de un artista es un impacto cultural. Hay culturas de consumo, de guerra, culturas sexuales, culturas de la incultura. Es decir, la idea de cultura está completamente relativizada y vaciada de contenido. Se ha quedado al servicio de cualquier manejo político, de cualquier ideología interesada. Y en su nombre se cometen los peores crímenes contra animales, naturaleza, seres vivos de todo tipo. Se ha convertido en Bien Cultural un asesinato, y en nombre de una Cultura se emprenden guerras terroristas o temibles torturas.

ES evidente que la cultura auténtica no puede haberse convertido en una idea tan nimia e insignificante como para disfrazar la crueldad o para justificar el poder y la violencia. Ni menos aún para dar importancia a lo estúpido o para especular en el mercado de lo indefinido.

Pero ¿qué es una cultura en realidad? Spengler decía que una cultura es la energía morfogenética religiosa, es decir, la energía que en la relación con la tierra y el espíritu que nos rodea genera formas. Es probablemente la definición más profunda de cultura. Como fenómeno orgánico y vivo, una cultura hereda de su relación con la tierra y la naturaleza su carácter vivo, evoluciona. Y por ello, puede refinarse, desarrollarse, y decaer o morir.

No se ha desarrollado más esta idea de Spengler como debería hacerse. Quien más lejos llegó fue Campbell al mostrar que las verdaderas culturas son sincréticas y adoptan, refinan y pulen sus herencias previas de formas generando el estilo. Y señaló claramente dos ejemplos, la cultura egipcia y la cultura griega. Y con toda sinceridad, afirmaba que la civilización romana o la hebrea no refinaron ni desarrollaron herencia cultural alguna, limitándose a cercenar y mutilar las anteriores que habían confluido con ellas.

En los dos casos, el griego y el egipcio, tenemos dos fenómenos culturales propiamente dichos: Si entendemos por cultura aquello que cultiva las formas recibidas hasta consumarlas, claro. No las simples expresiones humanas. Hoy en día se considera cualquier indicio humano como hecho cultural. Y eso nos lleva a vaciar de moral, de principios éticos, las culturas. 

La cultura griega heredó las formas expresivas, el arte y las manifestaciones espirituales de Oriente Medio, de las civilizaciones sirias y asirias, de Mesopotamia y de Persia. Con ellas, y con las formas llegadas de Egipto y el sur del Mediterráneo, sintetizó en desarrollo paulatino una fabulosa constelación cultural que en su consumarse fue depurando las formas hasta llegar a la rotundidad cultural más rica que ha dado la humanidad, probablemente. Por su versatilidad y variedad de expresiones en campos distintos, de la ciencia al arte y de la religión a la agricultura, y sobre todo, como indica Campbell, por su apertura a las formas culturales externas que sincretizó en su modo de vivir. Junto con la primera cultura islámica, y junto con la cultura hindú, estas tres culturas fueron capaces de absorber las formas espirituales en derredor suyo fusionando y desarrollando sus estilos hasta alcanzar mayor depuración artística que en ningún otro lugar del mundo. 

El Islam en sus primeros siglos tiene la altísima calidad cultural de la que estamos hablando: fue capaz de abrirse a las formas griegas y hebreas, a las aportaciones del Mediterráneo, y de conjugar con ellas una sintesis cultural que encontramos por ejemplo en la obra de Ibn Arabí de Murcia, del siglo XIII, prodigio literario de enorme color y belleza, que muestra el estilo sufí de religiosidad abierta y refinada a la vez que cosmopolita y ricamente creativa. Es la misma cultura que generó los cuentos derviches o los cuentos de Las Mil y Una Noches. La misma que, sublimándose, en las formas paisajísticas y arquitectónicas produjo Granada o Córdoba y en las formas agrarias el regadío murciano. 

Esta cultura no pudo llegar a ese nivel de desarrollo sin haber sido inseminada por las culturas previas a las que abrió su inteligencia social. Como le ocurrió a la cultura griega, igualmente. Cuando los griegos, como estudia Campbell, integran formas de divinidades dispares en un santuario múltiple en el que los dioses son la expresión de la gracia formativa en este mundo, no les importó si esas divinidades procedían de mitos, cultos o epopeyas de una u otra parte del Mediterráneo, siempre que trajeran consigo energía morfogenética religadora, siempre que pudieran a los hombres y mujeres en relación con el entorno o con la consciencia del universo. 

Si cultura es el producto de esas sublimaciones y solamente debemos entender por culto aquel individuo o grupo que, recibiendo una herencia cultural, la desarrolla y refina generando una planta, una floración de formas depuradas en su belleza y plenitud, entonces vemos muy muy reducida la lista de las culturas humanas, y mucho más pequeña aún la lista de los artefactos culturales humanos.

Porque lo que hoy se entiende, considera y estudia como culto a menudo es chusco. ES burda imitación. Es un regurgito orgánico sin más. Muchas culturas son simples huellas orgánicas. Y en muchos sitios la cultura ha muerto, desgraciadamente. Probablemente el modo de vida del norteamericano medio sea el ejemplo más palmario de incultura y barbarie en el que miles y miles de individuos comen, beben, defecan, se reproducen, sin ningún tipo de crecimiento cultural. Ahí no hay herencia recibida ni desarrollo, ni fineza perceptiva ni conexión con el cosmos. No digamos en la cultura involucionada y muerta por estrangulamiento de los grupos islámicos extremos. NO queda ni rastro de la planta generada por los sufíes: cualquier parecido con los antecesores es pura coincidencia, porque esos grupos han matado su impulso de rica imaginación cosmopolita, de rica hibridación con las culturas hermanas, generando una supuesta cultura a partir de la idolatría mostruosa a unos instintos de caza convertidos en religión. 

Cuando una cultura está viva conserva la capacidad de hibridación y de síntesis creativa. Es lo que le ocurrió a la cultura griega cuando, en contacto con las formas del naciente cristianismo, sintetizó una religión nueva que tiene muchísimo del viejo culto mistérico y que en una fecunda genialidad supo absorber las formas cristianas generando la tierna fe ortodoxa que ha llegado viva hasta nuestros días, y que manifestó su capacidad y utilidad en la resistencia de los griegos a las diferentes ocupaciones turcas durante siglos y siglos. La misma cultura sigue viva hoy en día, y su prueba más clara está en cómo los griegos han acogido a los sirios y la blandura y capacidad de adaptación que han demostrado ante las circunstancias de ese éxodo. Los que han llegado de los pueblos de Oriente Medio hasta Atenas pisan una tierra capaz todavía de aceptar compasivamente al otro, y de generar con él dioses comunes.

¿Qué dioses comunes puede generar hoy USA en contacto con ningun pueblo? ¿    Cuál es el producto, el indicio, del refinamiento de la cultura islámica extremista hoy? Si aceptamos la idea de cultura que aquí estamos indicando, eso no son culturas: son pueblos bárbaros, gentes invasoras que no pueden acceder a la cultura. Son cazadores y guerreros que se oponen a los cultivadores y pastores que son los que generaron las formas culturales.Así de drástica es la realidad. Solamente debemos considerar culto al que cultiva: al que teje la paz por encima de los instintos, al que cambia la oposición frontal por la síntesis creativa, al que se abre a otras culturas y las entiende. Al que convive con sus animales y sus semillas.

Si deseamos poner algun siglo de éstos una verdadera barrera entre lo que es educar y ser culto y lo que es un disfraz para la barbarie, o para la estulticia, debemos limpiar el concepto de cultura de toda esa basura conceptual en la que se le ha ido envolviendo.

JOSEPH CAMPBELL Y ARTE ANIMAL: LA GRAN CONSCIENCIA


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Leo en Joseph Campbell (Diosas. Atalanta 2015) una tesis que me parece increíblemente buena, dentro de su historia magistral de la mitología del mundo. Dice Campbell que las representaciones de animales en el arte y la mitología de todos los tiempos, que son además las formas más antiguas de expresión humana, pueden obedecer al "sentimiento de culpa" y la inmensa contradicción mental que supone tener que alimentarnos de formas vivas, orgánicas, y similares a nosotros, cuando no casi iguales a nosotros. (Caballos de la cueva de Minateda. Hellín. España)

John Berger ha explicado en sus estudios sobre arte y animales una hipótesis más suave, según la cual el arte rupestre animal de todas las culturas expresa una identificación empática con los animales que está en el origen de la expresión artística. Pero Campbell llega más lejos, y considera siguiendo a Schopenhauer, que en el origen de todo arte, de toda expresión artística genuina, hay un sentimiento de "compasión", es decir, de "mitleid" (sufrimiento compartido) que es tan intenso que llega, dice Campbell, a romper el velo que separa a los individuos entre sí, al hombre y al animal, que se reconocen iguales a pesar de estar viviendo en una realidad de dualidades enfrentadas: de ahí nace la expresión artística. Pero no sólo ésa: la expresión del misterio de unión con el animal que se siente y es a la vez inconcebible en este mundo, se convierte en la gran idea trascendente, lo que nos lleva hacia dimensiones de la existencia donde no exista esa contradicción: y de ahí nacen los dioses, que en muchísimas culturas, son animales, o seres mitad animales mitad humanos. Siempre seres que trascienden esa barrera de separación y unen los ciclos de la vida y la muerte, de la presencia y la ausencia, en unidades dinámicamente activas.
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Oso Cueva Chauvet. cca. 30.000 a.C.

Si entendemos el arte como un sistema de evolución, no como una simple excrecencia o lujo cultural, sino, como decía Anandas Coomaraswamy, como proceso que transforma nuestra vida haciéndola armónica con la naturaleza y con la forma que cobra nuestra existencia, entonces el arte en el que los animales están presentes, que es casi todo el arte del mundo, presentes en sus formas bellas, radiantes, o vitales e indiciales, cumple funciones fundamentales en la mente humana: nos ayuda a avanzar más allá de las contradicciones de la existencia, a la esencia depredadora del humano, a buscar -no a consolar, adormecer ni a olvidar, sino a buscar- modos de hacer que la sangrante herida de la existencia como depredadores de formas animales o vegetales pueda ayudarnos a mejorar, a subir en la escalera de una menor violencia y menor dolor y una mayor consciencia cada día. Así, el arte que refleja y pinta, con inmensa belleza, animales en todas las épocas y edades no tiene otra función que comunicarnos cuál es el centro de la existencia: la vida animal y vegetal, y su eterna preservación.

Campbell, cuya obra es un prodigio de libertad mental, de profundidad y a la vez de simplicidad no cientificista, recoge testimonios de todas las culturas donde se muestra que las formas de la mitología y del arte tradicional no son sino modos de conciliar las inmensas contradicciones  de la vida humana para que arrojen luz sobre nuestra conducta individual y nos permitan mejorarla. Las formas más intensas, que han originado a su vez religiones, con diferente resultado en ese proceso, se centrar en el núcleo de la vida que se alimenta de vida. En la Taittiriya Upanisad de la India, se cantan estos versos: ""¡Oh maravilla! ¡Oh maravilla! ¡Soy alimento! ¡Lo soy, soy alimento! ¡Soy devorador de alimentos! ¡Como alimentos, devoro alimentos! Quien sabe esto posee una luz deslumbrante". 

Estos extraños versos parecen pronunciados por un animal, por cualquiera de esos animales que iluminan las cuevas rupestres de Chauvet , por los que aparecen pastando en los mosaicos paleocristianos de Ravenna, o por los mulos y las vacas que evocan William Wordsworth o Giannis Ritsos en sus poemas magistrales. Pero también son versos que idénticamente pronunciaría un humano, porque en ellos aparece ligado el misterio tremendo de la ligazón entre las especies y su expresión inefable de aquello que no podemos comprender ni aceptar: decía Campbell que tanto si nos alimentamos de un animal, como si se trata de una planta, acabamos con algo sagrado, y lo sentimos y sabemos así. La mente humana no puede aceptar de ningún modo eso, es un hecho que revuelve su esencia hasta su raíz más profunda. Y es algo que ocurre cotidianamente.


Este es mensaje que la mayoría de las formas artísticas tradicionales y de los misterios y mitologías antiguas transmiten sin cesar: la causación de la muerte y su aprovechamiento es inconciliable con la existencia sensible e inteligente porque toda existencia es sensible e inteligente al igual que la nuestra. La consciencia es la forma básica de existir. Y la dinámica de la existencia sin embargo entraña el ataque brutal a esa consciencia. Dice Campbell: el sentido de todos los misterios es: nuestra vida vive de la vida.  Contemplar un grano de trigo que surge de una semilla podrida y sepultada, o la muerte de un cordero a manos de un pastor, son escenas terribles que deberían conmocionar, y así lo hacen, a la mente humana, a nuestra consciencia. Y el arte, la expresión integral, vuelve sobre los animales y sobre la naturaleza, dice Campbell, con la culpa. Según el genial autor, las culturas cazadoras generaron el arte rupestre animal más maravilloso de todas las eras porque " los individuos se enfrentan al problema de tener que matar animales continuamente" y"el sentimiento de culpa por la muerte los lleva a realizar ritos de penitencia y compensación dirigidos al mundo animal" (Diosas, p. 274), y en sus religiones por todo el globo surge la idea de un "contrato y un pacto entre el mundo de los animales y el humano, en un hermoso tipo de mitología". (273).

Las culturas agrarias generarán arte y mitologías en torno a contradicciones no expresadas mediante animales, pero sí mediante los principios de vida y muerte de los seres vegetales, y como en el caso de la expresión artística con animales, se trata de metáforas de trascendencia con las que se puede identificar el propio ser humano en su vida interior: todas las experiencias artísticas asociadas a esas evocaciones tienen la energía necesaria para generar preguntas profundas con las que el individuo que siente la vida que está matando idéntica a la suya pueda al menos extraer mayor consciencia identificándose con lo representado -esos dioses animales/hombres,  antropo-zoomorfos, que desde Egipto hasta Asiria, de Japón a Mesopotamia, pueblan la imaginación artística y mitológica, y que son literalmente puertas para entrar a enfrentarse con el inmenso minotauro de la dinámica de la vida y de la muerte, y salir de ellas transformado. Inversamente, decía el pintor japonés Hokusai del siglo XIX: "si quieres pintar un pájaro, debes convertirte en pájaro". No hay otro modo de vivir conforme a la consciencia que adorando la identificación con los animales y la naturaleza que nos rodea.
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Se ha dicho muchas veces que la justificación de la representación de animales en las escenas de caza o en los rituales arcaicos era puramente utilitarista -para favorecer la caza, para predisponer a los dioses a la misma, etc-. Y también, con similar superficial y estúpido criterio, se ha dicho que los misteriosos y bellísimos ejemplos de arte animal en todas las eras humanas, desde que el hombre pudo generar arte y fue lo primero que quiso hacer con él, obedecen a finalidades sublimadoras freudianas, paea "superar" o "exorcizar" la debilidad o confusión y superar la resistencia a matar o a violentar el entorno en la caza. 

La teoría de Campbell es mucho más profunda y completa: la belleza inaudita, la delicadeza, la empatía con la que los artistas de todos los tiempos representan animales que están asociados a nuestra vida cotidiana no puede ser sino el resultado de una verdadera comunicación profunda con ellos y con nuestra propia consciencia sobre ellos. 

La consciencia de lo inaceptable, de lo intolerable, que sin embargo ocurre en la existencia, no se repara con el arte, ni con los rituales y misterios mitológicos. Pero el arte y sus misterios pueden arrojar y recoger la luz que emana de la sensibilidad ante los animales y las formas de vida, pueden reverberar la identidad entre el ser humano y el animal, y potenciarla hasta mostrar que como dice Campbell, nuestros dioses se convierten en nuestro alimento, y ello es algo ante lo que no podemos dejar de sentir, sino detenernos, pensar, y sobre todo, convertir en el punto de partida para superar esa situación y alcanzar la dimensión en la que esa contradicción sea la piedra de fundamento de nuestra vida.. 

  

" Hokusai. Faisán y serpiente"

LIBERTAD



Hace unos años escribí un libro de poemas titulado 40 Poemas a la Libertad y siempre me parece un libro inacabado porque el sentimiento de la libertad y su regalo, como emoción poética, vuelven constantemente a mi vida y reabren el tema de ese libro.

La sensación y la percepción de la libertad me parecen el bien más fundamental al que podemos llegar con el alma humana. La libertad está en el origen de nuestra felicidad: esa entrega de libertad en el espacio y el en tiempo, en el amor y en las condiciones físicas, que nos llega repentinamente y cuando menos la esperamos, y empapa el alma de una felicidad  profunda y absoluta. 

La libertad siempre es concreta. No es un valor abstracto: sentimos que se nos da libertad cuando en una situación esclava o condicionada podemos ver cómo se levantan las restricciones inesperadamente. Es, por ejemplo, un poco de tiempo que se suelta de la opresión de su estructura, o un poco de amor que surge voluntaria e intempestivamente a un ser o a alguna situación que no era deseada, o la simple decisión de caminar o no caminar un paso o de levantar la mirada, cuando con plena consciencia sentimos que podríamos no hacerlo. La libertad siempre está ligada a un regalo concreto, a algo que queda relajado, libertado o aflojado de su habitual esclavitud. Lo sorprendente es que la libertad es la misma estructura molecular de la vida.

Nuestra existencia misma no parece dibujada en libertad y constantemente se nos dice o pensamos que estamos condicionados, aprisionados o condenados en nuestra existencia a situaciones y circunstancias inevitables. La vida parece una broma pesada en la que dentro de escenarios y espacios limitados tenemos que bailar una danza, una pantomima de la voluntad y la decisión. El límite de la vida, las enfermedades, la esclavitud de algunos trabajos, las condiciones económicas, todo son barrotes que cierran la vida humana a la libertad. Ni siquiera el nacimiento es voluntario. ESto nos dice la razón, el pensamiento, la percepción superficial. Y esta esclavitud es la que lleva a muchos a la ansiedad y la infelicidad total.

Sin embargo en el tejido celular de la vida hay una cesión de libertad que es la que convierte nuestra existencia en una aventura inigualable. Es tan sutil el entramado de la libertad en nuestras condiciones de vida que es fácil no notarlo y a menudo pasa desapercibido. Porque como la libertad está unida a lo concreto, son cosas reales, difícilmente podemos notarla si estamos pensando o razonando sobre la estructura general de la existencia. La libertad es un don constante que uno recibe como extensión de un instante a otro instante, como amplitud o anchura que se abre en indeterminación a cada horizonte, a cada situación. En la aceptación de la vida hay libertad profunda. Y eso es algo que los metafísicos, los místicos, han sabido. 

La libertad es la escritura de lo real. Es el inmenso poder otorgado mediante la clemencia, o mediante el amor, la amistad, la benevolencia, la alegría, la hermandad, de que algo prosiga, de que algo se expanda. Y esa expansión libre es en sí ilimitada, como si su generoso regalo valiera una eternidad por sí mismo. Esta es la verdadera estructura de la existencia, y no la de los límites de una jaula.

Cada ladrillo de una vida está hecho de libertad. Una libertad a menudo infinitesimal, la que se genera, por ejemplo, cuando dejamos que algo pase o cuando levantamos nuestra oposición ante alguien o algo. El alivio del corazón que de repente acepta o percibe la libertad es una energía purificadora de enorme poder. ES como si el pájaro del alma extendiera sus alas para poder quererlo todo, para poder amar sin límites. Y para que se produzca la liberación a veces basta una muy pequeña alegría regalada.  Misteriosamente, uno alcanza la libertad mediante las cesiones y concesiones, que la vida nos da desde el instante mismo en que nacemos.

El origen de las creaciones humanas está en el impulso de sentir la libertad. ES ante el espacio vacío, ante el tiempo indefinido, que la libertad regala, como el artista o el creador desencadenan a su pájaro volador para que extienda las alas de un vuelo nuevo. la estética no valdría nada si no estuviera fundada en la libertad, si no fuera la demostración de la libertad misma. Pero lo mismo ocurre con casi todos los valores humanos. La inteligencia no es otra cosa que el permiso para pensar. Y no una facultad única ni un órgano especial, sino el resultado de ocupar el libre campo en la mente que queda tras ver que es posible desarrollar cada percepción en reflexión y cada reflexión en nuevas percepciones, en un libérrimo viaje. El valor humano surge de sentir ese espacio para rechazar la opresión, y los grandes luchadores del mundo lo han sido impulsados por su libertad de espíritu y por su capacidad para sentir la libertad en la esencia y el futuro de la vida.

La libertad convierte al ser humano en nativo de un mundo nuevo, en dueño de su propio destino. Por eso muchos países han fundado su nacionalismo en la idea de ser patrias de la libertad, o en declaraciones de libertad e independencia. La fuerza de arraigo que paradójicamente la libertad genera es la que hace a estos países, que serán casi todos, más duraderos en su resistencia a las situaciones duras o al desgaste de sus valores fundamentales. En tanto el ladrillo fundamental con el que construyen sea el espacio de libertad para cada situación, para cada condición de la existencia, ese edificio resistirá siglos y siglos.

Es posible sentir la libertad como una inmensa masa que se levanta en un simple cambio de pequeñas circunstancias o de datos. Como si cayera de nuestros ojos una pesada venda que, ante la liberación de un músculo, de una obligación o de una preocupación, nos permite levantar la mirada y percibir una maravilla que nos rodea. Esa maravilla, la opulenta estructura de lo real, es la eternidad libre misma. La forma de lo eterno es esa sensación, esa visión de libertad que sentimos hasta la médula y que nos mueve, mueve nuestros huesos, músculos, ideas. No es posible renunciar a ella una vez que se ha sentido, una vez que se ha visto, al caer la venda, al levantarse de nuestro espíritu la pesada losa de la mentira y la preocupación. Una vez que uno es ciudadano de la Libertad, no puede tener ya otra patria, ni otra meta, que ella, 

DE LA RESISTENCIA COMO UNA DE LAS BELLAS ARTES


Viendo estos días los horrores de los atentados, y el menor rechazo que se va generando en las redes sociales en torno a estos fenómenos del terorismo yihadista, se puede llegar a pensar que toda resistencia en forma de protesta en Internet, e incluso, que toda lucha simbólica por resistir a la violencia o a cualquier tipo de injusticia empieza a perder sentido, y no es así.

La resistencia a la injusticia y la lucha activa, mediante el poder simbólico y la negación de la injusticia son el arma más poderosa que el ser humano tiene. Fue gracias a la resistencia en las calles y en la gente como se minó definitivamente el fenómeno terrorista en España. Cuando se lucha con la pluma y no con la espada, nuestra escasa capacidad de percepción nos puede llevar a pensar que somos más débiles y que no hacemos nada. Pero cuanto hacemos con ese tipo de resistencia es de un poder que ni mil ejércitos podrían allanar,

Cuando murieron los dibujantes de Charlie Hebdo se organizó en la red un movimiento global de geniales intervenciones simbólicas de la gente, que mediante el humor visual y verbal, combatieron aquel golpe horrible. Es necesario que se siga esa línea de intervención porque mina la moral de los terroristas, y además recarga de superioridad moral a los que se oponen a la violenta injusticia y locura del terrorismo.

El terrorismo de ISIS es muy similar al que tuvimos en nuestro país durante décadas. Es un tipo de acción irracional que golpea a los miembros más inocentes de la sociedad mediante acciones sorpresivas cuya finalidad fundamental es impactar la sensibilidad social y llamar la atención, siendo así de una depravación moral muy grande. Las acciones terroristas que vemos, por parte de individuos alienados o desequilibrados, contra masas indefensas de humanos en colegios o en aeropuertos, en cualquier parte del mundo, son un tipo de maldad producida por falta de empatía y pérdida de sentido de la realidad, cuya intención es provocar un dolor inmenso y epatar mediante la crueldad. ESte tipo de acciones son muy sensibles al rechazo y a la resistencia simbólica, porque no hay nada que pueda serles más dañino que la denegación del poder simbólico que tanto buscan y el desvío de la atención hacia el rechazo del propio mal. Por eso es vital que desde las redes sociales, desde las comunidades virtuales, sigamos haciendo humor ridiculizante, sigamos rechazando, mostrando la repulsa de mil modos, ostentando el dolor. Todo ello es como un balazo en la conciencia moral del terrorista que le va quitando fuerza moral y lo debilita hasta s desaparición.

Los movimientos de activismo social terminan sensibilizando aunque en principio parezcan ridículos, minoritarios o ilusos. Hoy en día es cada vez mayor la sensibilidad hacia los animales, hacia los sufrimientos humanos o hacia las desigualdades sociales y todo ello es fruto del activismo comunicativo humano que despierta en las conciencias dormidas el sentimiento de lucha y la capacidad de pasar de la contemplación a la acción. Cuando Gandhi se propuso liberar a la India del imperio de los británicos no usó más armas que su cuerpo y su palabra, simbolizando una resistencia firme y una convicción de hierro. Con esto, le bastó para derrumbar al imperio inglés en la India.

¿Cómo pudo ser? ¿Por qué líderes indefensos, o grupos inermes, pueden ser tan fuertes como para doblar a un imperio o debilitar la mente asesina hasta aburrirla de sí misma? ES una cuestión de resistencia moral que preserva el equilibrio homeostático asimétrico entre el mal y el bien. 

Cuando se nos inflige un dolor, se produce un reequilibrio en la situación de fuerzas iguales que previamente existe entre los individuos, de manera que el atacado no solamente sufre de ese dolor sino que pierde parte de su fuerza moral porque mediante el dolor también entra en su esfera psicológica el mal intrínseco de ese dolor. Muchos seres oprimidos se sienten sin fuerzas para luchar porque la miseria no solamente les ataca, sino que debilita sus almas. Es así porque parte de lo que nos agrede e invade es ese mal neutro y duro que se proyecta sobre nosotros. 

Defenderse del mal es rechazar y resistir, no el dolor mismo, sino sobre todo, ese mal moral que lo acompaña, el sentimiento de que no es posible combatirlo, o que no se tienen fuerzas para rechzarlo. Y sin embargo, nada hay más fácil que decir No al dolor o a la injusticia: es un acto indoloro y pacífico, como sabía Gandhi. Simplemente rechazando con la conciencia el mal que nos invade, y luchando con el fondo del alma, con el arte que poseemos, contra la injusticia, la vencemos en seguida.

La resistencia y la lucha activa en forma de acción simbólica es poderosísima. Solamente requiere del uso de nuestro ser íntegro, no agredido por el dolor, libre y valiente. Debemos resistir al mal o a la injusticia mediante ese arte que es la resistencia basada en la negación, la ridiculización, la argymentación poderosa, la creación. Todas esas capacidades las tenemos en el fondo de nuestras almas intactas e inaccesibles a las heridas del combate. Basta con que las despertemos frente a las agresiones y ellas mismas nos mostrarán de lo que son capaces.

La pluma es, efectivamente, más fuerte que la espada. La inteligencia, la motivación y el raciocinio pueden con mil dictaduras o insanías morales. La comunicación, cuando es blandida con suave fe y con convicción, es invencible. 

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Hoy tenemos como comunidad global en Internet, la responsabilidad de hacer valer este poder para acabar con todas las fuerzas malignas que quieren someter sobre todo nuestro espíritu de lucha simbólica, mediante la locura y la crueldad sinsentido. Nosotros, como redes sociales, como comunidades que compartimos el medio virtual para generar fuerza de resistencia, podemos oponernos creando sentido al rechazo, mostrando en toda su profundidad la negación que la justicia puede generar como una ola inmensa que abata las peores artimañas del perverso. Y podemos hacerlo mediante el humor, la mostración del argumento inteligente, mediante el rechazo emocional intenso, mediante el calor compartido en la unión simbólica.

Todas esas armas son esenciales, siempre que los pueblos crean firmemente en ellas. la batalla que se libra no es de fuerza física. No es de poder agresor. Es la batalla de la fe en la justicia.

Cuando narrar es mas que pensar


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Estos días he podido ver en Madrid una versión increíble del Mahabarata de Peter Brook por  su compañía francesa de actores internacionales . Brook es un genio de la escena,  lo sabemos desde que hace mas de veinte años hiciera su primera puesta en escena del milenario texto hindú. Pero la depuración y la esencia  que alcanza en esta versión no tiene nada que envidiar a aquella inmensa representación  que duraba tres dias. Lo esencial, el arte de saber narrar en escena  no solamente se conserva ahora  sino que aumenta y asombra con magia pura.


Y es que lo que la lectura  atentísima de Peter Brook ha conseguido ver en el libro mas antiguo de la India es único. Es la historia sagrada. La narración que se recuerda entre todos porque  el misterio de su relato unifica la memoria humana en torno a una verdad profunda, inefable. Es la historia creadora del teatro, capaz de  reunir  en torno a  su imagen de magnetismo profundo las piedras en   círculo del auditorio, del templo o del misterio. Es el mythos, lo que se cuenta.  Lo que se narra y es en la imagen creada por la narración donde tiene su profundo misterio,  su eterno mensaje.

Este mensaje tiene que   ver con la muerte y con el sentido de la vida. Tiene también que ver con el sufrimiento y con la justicia  en este mundo. Tiene que ver con el dolor  y la crueldad y las heridas sin fondo que causan  en el corazón de todos.   Tiene que ver con el lugar del hombre ,su poder,  su fuerza, y su destino.Y para todo esto hay en la narración que el Mahabarata acoge, en rizomas de historias dentro de historias  vividas por  animales,niños, madres, reyes y dioses, un consuelo infinito.

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Cada historia trama sin razones ni causa una explicación  que habla como bálsamo  al alma.  En las pinturas mitológicas de las historias del Mahabarata hay un color de esperanza  y milagro mas allá de lo humano. Mas allá de la razón lógica y mas allá incluso del mensaje mistico. Porque  atendiendo a estas simples historias de pura belleza accedemos  a nuestra percepción de la belleza armónica del destino y de   cada acto vivido. Sentimos gota a gota la miel del cuento precioso del hombre que cuelga de una rama en el abismo, como el pájaro que asombroso se posa  milagrosamente junto al rey,  como el peso inmenso de la vida sagrada  de una palomilla en la balanza del justo rey del mundo. Y en la transicion que va pintando cada ser, cada trama, hay una profunda atención para captar la razón inefable de todo,  aquello que está  tras las simples escenas mas antiguas y que mas allá de la ética, de la mística,  o de la espiritualidad, se revela redentor  y salvador de todo en la simple vida humana.

La literatura  que llega a estos limites de  creación es una religión ilimitada. Es un saber inefable escondido en  las costuras de las historias, en la verdad fantástica que a menudo es literal. Es la epifania de la eternidad presente en las intimas sensaciones que escucha quien oye. Quien  escucha,  quien ve representar y quien representa. Es la verdad inefable del presente. Una religión trascendida.

Brook ha llegado a ese nivel de teatralidad.  El que había cuando el teatro era una religión ilimitada y en él se hacían presentes los dioses y reían los hados.  Los actores, descalzos, desnudos de todo aderezo, cuentan historias.  Todos escuchamos su relato porque en su monodia de repente se ilumina con vida propia   el color de la mitologia y la frescura de la fantasía  poetica. Hay una liturgia sagrada en estos actores  que no necesitan escénicos efectos  y que reducen la economía  de la ilusión a la pura magia del mito sagrado. Cuando  la función termina,  el tiempo se detiene y  el silencio habla de los sonidos que hemos escuchado.  Un sonido que se iguala y redime al silencio ha poblado la sala. Y  ser humano se sienta a escuchar cómo se apagan y se mezclan los dos.


HACER ALGO CON LAS MANOS Blog de creación y comunicación de Eva Aladro Vico