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miércoles, 19 de noviembre de 2014

CRISIS REPRESENTATIVA

Una de las claves que más nos sirve para interpretar el momento que vivimos es la inmensa decadencia y crisis de los sistemas representativos y de decisión colectiva que sufrimos, sin ninguna evolución ni avance hasta la fecha.

Desgraciadamente todos los movimientos políticos están inmersos en la misma decadencia que no es moral únicamente, sino sobre todo, funcional. No solamente hay una generación anciana que se niega a dejar sitio a la siguiente, más activa, y aplastada por el poder fosilizado e inamovible de la vieja casta, sino sobre todo, y más temible, hay una obsolescencia total del sistema de decisiones, de representación colectiva, y de acción grupal, que se sigue rigiendo por valores del siglo XVII y XVIII y que se niega a evolucionar con la sociedad del siglo XXI.

Mucho me temo que el asamblearismo y el comunismo no son recetas válidas para avanzar, sino para retroceder. Todavía no ha habido una agrupación política capaz de generar un nuevo sistema de acción y representación común, que no disfrace la necesidad de evolución, con la involución.

Hoy tenemos en nuestro poder mecanismos de comunicación grupal, de representación directa, de difusión de iniciativas, que son veloces y eficaces. Sin embargo, el mundo político y el poder desprecian esos mecanismos y los usan residualmente. No se considera que se pueda decidir mediante la democracia directa tecnológicamente posible. No se aprecia la velocidad con la que los grupos toman decisiones mediante las redes. No se organiza la gestión de los asuntos públicos a partir de la transparencia que estos sistemas  imponen. Y esta cerrazón al cambio evolutivo nos lleva a ver resquebrajarse como un melón podrido el sistema representativo y el perfil de los representantes de lo público.

Estos síntomas de que es necesario crecer o morir se aprecian en todos los fenómenos políticos: las reputaciones de los grupos se deshacen en milésimas de segundos. Nadie que no sea idiota será engañado ya en un sistema que somete a su rigurosa capacidad de información absolutamente todos los actos públicos. Quién le iba a decir al pobre Iñigo Errejón que su actividad investigadora se iba a ver en los periódicos, sometida a público escrutinio. Pues así es: si quieres ser un hombre de lo público, debes tener un expediente impoluto.  Y si no, te pudres como el resto de la casta, porque ahora podrás vivir de lo público deshonestamente, pero todo el mundo lo va a ver.

Estas situaciones tan paradójicas nos enseñan que lo radicalmente nuevo exige verdadera innovación política y social. Necesitamos un universo político de gente impecable, a prueba de la red. Y ahora mismo, no hay nadie que esté en ese nivel.

Necesitamos también grupos políticos que estén dispuestos a actuar voluntariamente y a servirse de las tecnologías en red para ejercer sus funciones. Nadie lo hace ahora. Que no se resistan a la instauración de una democracia online, por conservar un sueldo y prebendas múltiples. Nadie dedicado a la añeja política decimonónica que hoy se apega al sillón está dispuesto a mutar su modelo de negocio.

Necesitamos  que la velocidad de trabajo y la eficacia que las redes de comunicación están imponiendo en el sector empresarial o laboral se aplique también, y más aún, al sector público y político. Que la inercia funcionarial desaparezca, que se eliminen trabas burocráticas para emprender acciones, que se copie la rapidez con la que se convocan mobilizaciones, para convocar referendums y decisiones colectivas.

Necesitamos, en definitiva, gente joven y limpia, dispuesta a renunciar a la mentira, en todos sus aspectos, incluido el representacional político, a comienzos de un nuevo siglo. Y mientras esta gente no salga a la luz, seguiremos viendo abrirse el pudridero político y público, tragándose con él a esos supuestos renovadores que en cuanto han echado mano al pastel,  se han pringado, contra todo pronóstico de otra época comunicacional

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HACER ALGO CON LAS MANOS Blog de creación y comunicación de Eva Aladro Vico