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martes, 8 de mayo de 2018

VAMOS A PEOR


Visito estos días Cerdeña, en Italia, y no puedo evitar constatar que comparando la situación italiana y sarda actual con la Española, España obvia y clarísimamente VA A PEOR. Se ve, por ejemplo, en el equivocadísimo modelo de desarrollo, insostenible, injusto y destructivo de todo futuro y de todo recurso del país. Se ve en el ambiente que se vive de crispación constante, constante escandalera, violencia estructural y mal rollo ambiental, dentro del que nos movemos y nadamos como peces en el agua. Se ve en el clima de denuncia y total criticismo impotente que no genera ningún cambio de actitudes generales, y solo sirve para crear griteríos en las redes sociales mientras la sociedad española va dando cada día un paso atrás en su desarrollo humano. Se ve, y esto solamente es un muestrario, en la suciedad, la falta de educación, la agresividad, la miseria general con la que todo se trata y que todos debemos sufrir, en el trabajo, en la calle, ante los animales y la naturaleza. España va a peor. Decididamente sí.

Cerdeña es una isla del sur de Italia, aparentemente afectada por las diferencias económicas y sociales del norte y del sur del país, aparentemente golpeada por la crisis como nadie y por otros problemas históricos. Y sin embargo, VAN A MEJOR. Es una sociedad serena y pacífica, que está formada por los sardos, gente que sobre todo y por encima de todo ama su país y su tierra. A diferencia de los españoles actuales, que están siempre enmierdando física y psicológicamente a su país, aquí los sardos dedican toda su ganancia y riqueza al país mismo, a sus casas, al bien común. Gente no afectada por la crispación, disfrutan de su clima -muy similar al nuestro-, de su historia, han sabido no abandonar sus tradiciones y no enloquecer con el turismo. Más pobres en industria que España, sin embargo los sardos son más ricos en sabiduría y en verdaderos bienes y valores: el cuidado de la agricultura tradicional y las formas artesanales de trabajo, el respeto y hasta adoración por las cosas antiguas, que les hace, por ejemplo, respetar un árbol enorme aunque esté levantando con sus raíces el hormigón de un paseo urbano. En España ni uno de los árboles que abomban a decenas los paseos habría subsistido a las ansias de los "jardineros" y de los "expertos" en jardines españoles. Habrían arramplado con todos. Y así nos va: nuestras ciudades tienen árboles enfermos, raquíticos, o muñones que han quedado ensangrentando el suelo. Vamos a peor.

 Los sardos se han tomado con calma, cuando han visto sus efectos, la turistificación de la isla. Aunque el norte de la misma está degenerado, no dejarán que eso ocurra en el sur ni en las otras costas. Han entendido que hacer "Ibizas" de las islas mediterráneas es un suicido social, moral, económico y ecológico. El dinero destroza la tierra. Destruye paisajes, ahuyenta a los pájaros -aquí vives y duermes constantemente acompañado de los pájaros, en una ciudad como Cagliari-. El ansia de desarollo desaforado, o quizás el terror a la crisis, llevan a una sociedad crispada, atontada, desorientada, que adopta un estilo de vida suicida, y al mismo tiempo, agresivo. Una ceguera total está destruyendo los recursos en España para generar dinero a espuertas que no redunda en verdadero beneficio común. Ignorante en grado sumo, el país ha abrazado el nuevorriquismo y el culto al dólar, destruyendo su único patrimonio ambiental verdadero. 

En España vamos a peor porque no hay un sentido constructivo de la vida: se sobrevive, con pánico a la crisis, con odio a los causantes, con inconsciencia hacia sus efectos. Estamos generando una sociedad atontolinada con las nuevas tecnologías, amante del consumo, y con un pésimo sentido del desarrollo humano, que todo lo cifra en la masa media, el consumo desaforado y los fenómenos virales más estúpidos. Ahora mismo el España no se construye nada: se destruye, como modo de vida. Eso es fatal para nuestra sociedad.

La capacidad creativa y de iniciativa está agotada y amordazada por unos medios sociales que tienen una función fundamentalmente laxante y destructiva. La sociedad española se debate en la impotencia, porque no es capaz de desbancar a un partido corrupto en el poder, por pánico a que ello haga volver los peores años de la crisis. Esta sociedad no apuesta por su crecimiento, ni por un cambio. Es cobarde y negativa. Sabe denunciar, pero no sabe ensalzar lo nuevo ni detener los fenómenos de odio. Vive en un hábitat de conflicto constante. Todo es deleznable, todo es mentira. Y nuestra historia es objeto, en las redes sociales, del mismo ataque al entorno, que no construye nada nuevo.  

A 7 años del 15-M vamos a muchísimo peor que por entonces.  Nuestra revolución se ha quedado en una caricatura que vocea en las redes y cada cierto tiempo se adormece. Tenemos una España cruel, insensible y violenta, en todos los sectores. Una España quemada y estresada en su propia opción política y económica, que es incapaz de saludar al sol o a la primavera salvo para sentir cómo puede sacarle un partido personal. Una sociedad crispada y negra, sucia y poco empática. Donde todo el trabajo de generar una democracia y un sistema económico justo está abocando a un país de gente loca y mala. Donde los políticos, del primero al último, están por beneficio personal y no tienen personalidad ninguna.

Yo espero que toda esta miseria tenga un punto final. Necesitamos un cambio político y líderes que recuperen la sabiduría, la serenidad, que orienten hacia los verdaderos valores de la sociedad: la paz, la tranquilidad, el bien repartido entre clases y entre géneros y especies, la justicia y dignidad de la vida humana, el cuidado de la riqueza esencial del país: su clima, su tierra, sus frutos, su alegría. Necesitamos salir de ese clima de terror y de sometimiento a la miseria, hacia un país de valientes que arrostren la crisis sin miedo, que echen a los corruptos sin pensar en lo que pierden con ello. Necesitamos amanecer a cuál es el verdadero sentido de una nación, de una comunidad en una tierra, porque hoy por hoy vamos completamente equivocados de camino.



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