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martes, 9 de octubre de 2018

KARMA





Resultado de imagen de karmaAl pasar de los años, y de los acontecimientos, se empiezan a entender ideas que cuando eres joven no puedes captar en toda su perspectiva. Esto ocurre, y no solamente a los jóvenes, con la idea del Karma.

En sánscrito, la raíz "kr" significa "hacer", y probablemente por la común raíz pre-hindoeuropea está relacionada con el "creare" latino. De "kr" deriva la palabra "kriya", muy conocida en yoga, que significa ejercicio, aplicación o actividad. De la misma raíz deriva el nombre del idioma sanscrito, -que significa algo así como "el habla suma, el habla perfecta", que es también el "habla de todos, o común". Quizar el "cr" en "escritura" deriva de la misma base. De la raíz "kr" derivan muchos sustantivos en otros idiomas hindoeuropeos, como el "karpós- karpí" griego, que significa fruto, es decir, el resultado de la creación, y en idioma sánscrito, la célebre palabra religiosa y metafísica "karma". Como sabemos, lo kármico es aquello relacionado con el destino concreto de alguien. El karma de una persona es, en nuestra acepción común, la consecuencia de cómo nace, lo que su nacimiento implica. Comúnmente también se asocia con las acciones que en otra vida ha podido llevar a cabo, de manera que el karma es una especie de castigo, o de consecuencia, que produce una reencarnación o encarnación acorde con lo que uno ha hecho o la ética que ha tenido.

En realidad, estas ideas deforman mucho lo que sin duda es el karma y de dónde proviene semejante concepto. Lo que parece claro, y es interesante para nosotros, es que karma conecta directamente las acciones que uno emprende y el ser que uno es o en el que se convierte. Y esta vinculación es muy importante, porque efectivamente, hay una ley absoluta que se cumple en esta vida, que conecta cuanto ocurre, con cuanto es, en un vínculo que circula atrás y adelante en el tiempo.

Karma significa básicamente el efecto producido por una acción. Es la consecuencia que, de acuerdo con el principio oriental, encaja exactamente con cuanto se hace, y que redondea, por así decir, el conjunto de lo que ocurre en una armonía total.  Karma es también el conjunto de la acción, que incluye un desarrollo en sus consecuencias, y que, como el fruto, germina en un conjunto. Las consecuencias de las acciones se generan por el karma. pero igualmente, las acciones las genera el karma, en el sentido de que es el ciclo del actuar el que está conectado con el ser. La complejidad, y la riqueza de estas ideas, se nos suele escapar cuando identificamos de manera muy simplona el karma con el destino o la predestinación. Creo que la idea del karma proviene de una concepción del tiempo circular, mucho más rica que el tiempo lineal, en donde el presente puede ser causado por el futuro, y el pasado sigue actuando, conformando el presente. La conexión del karma con lo que finalmente es, con lo que viene a ser, tiene que ver con su dibujo continuado y rotundo de nuestra esencia.

También para los griegos, como buenos hindoeuropeos, el destino era algo más que simple determinismo lineal. Y gracias a algunas de sus ideas circulares, como las de Heráclito, pasó a la cultura europea, en su Edad Media grecolatina, el concepto autodeterminado y complejo de la acción conectada con el ser de las cosas, en un doble lazo. Así, también para Tomás de Aquino, como para el Dante, las acciones causan el ser de las cosas al mismo tiempo que el ser de las cosas causa sus acciones. Las formas provienen del ser  pero el ser lo generan las formas. No vamos a profundizar más en estas bellísimas ideas que ocuparon a los filósofos de esos tiempos ricos en cultura. Pero el concepto de "merecimiento", que pasa a nuestro Siglo de Oro literario y místico, proviene directamente de la raíz de estas ideas.

Sí debemos tener en cuenta que cuando avanza la vida no hacemos, una y otra vez, más que comprobar que el "karma" ordena no solamente nuestro destino, sino lo que somos reforzando nuestra elección primera. La vida es una escritura de una única frase cuyo sentido predeterminado está en lo que se va escribiendo. El final de nuestra frase es un perfeccionamiento de lo escrito al comienzo, un redondeo. A menudo debemos esperar décadas para ver cómo perfecciona la existencia aquello que viene pedido por cada ser desde que comienza a actuar en este mundo. Y muy, muy a menudo, la existencia de una vida humana en su conjunto es un verdadero ajuste de cuentas de la vida con el humano en cuestión. Hay, es cierto, una especie de concordancia, de ley de contrapaso, entre lo que sucede a una persona y lo que esa persona hace en su vida, como si rimara aquello que el azar le trae, con lo que esa persona ha escrito con su biografía.

El karma es muchas veces una especie de justicia. Y a veces es negativa para el individuo. Una persona que, como decían los medievales españoles, "merece" en sus acciones y en su ética, en su honestidad y conducta ímproba, termina generando un aura que no obedece a lo que ha hecho, sino más bien, a lo que es al hacer, de manera que de algún modo transmite un respeto que, finalmente, se le otorga en forma de atención, paz o aprecio. Al contrario, una persona que lleve años y años obrando mal con unos y con otros, a escondidas, genera una especie de hartazgo común que conduce a la conmiseración y a la repulsa de todos, sin que exista propiamente la idea de un castigo  efectivo por parte de nadie. Simplemente la persona "se lo ha ganado a pulso". Eso es el karma en otro modo de manifestarse. Un acoplamiento entre la realidad y las apariencias, que sólo el tiempo nos exhibe. Lo más sorprendente es que a menudo esa relación de reforzamiento de una consecuencia la trae el azar, la tragedia casual, y nos da la sensación de que la persona comenzó a obrar como lo hizo porque esperaba el contrapaso, la contradanza, del karma rítmico sobre su existencia.

En realidad, en muchísimos casos, nos diría un metafísico, o un psicólogo, que es el ser del individuo el que completa su karma, armonizando sus acciones con la definición  que se da. Y en muchos casos así es. Los guiones vitales se escriben para el giro final inesperado. Así, aún cuando el arco de expansión vital de un individuo parezca llegar  a un cielo, hay que esperar a lo que sobreviene, sea por azar, sea por una acción que se oculta a sí mismo, sea por un conjunto de factores aparentemente inconexos pero en realidad dispuestos por una parte de la personalidad, que cambiará absolutamente el curso de una historia y la  final definición del individuo. Pues somos un todo solamente cuando terminamos nuestra escritura, y el giro final puede cambiar, rimar o atronar, el sentido de lo que somos. 

Y más allá de las apariencias, las famas o los efectos generados por las acciones, lo impresionante del karma radica en la inmensa fijeza con la que determina que el ser de las cosas continúe, en una predestinación que no es algo burdo y simplón, sino profundo. Todo cuanto ocurre se acendra en ocurrir, sigue leyes que provienen de su ser, confirma su esencia en el desarrollo vital. Todo azar es una variación de un tema fijo, aquel que establece la melodía vital de cada ser. La variación confirma la melodía de fondo, y así la existencia confirma el ser de cada uno, que, de modo circular, se establece con los instrumentos vitales que nos dan a cada uno para que elijamos qué tocar. 

Es más notorio todo esto si adoptamos el punto de vista ético. Cuando actuamos, constantemente elegimos cómo hacerlo, y aunque en situaciones determinadas estemos obligados a algo, nuestra conciencia nos hace refrenar y paliar la fuerza de las situaciones, reconduciendo su impacto en nuestras vidas. Cuando actuamos sin consciencia, cuando aprovechamos ese kármico impulso para intentar aprovecharnos, o para dañar a otros, o para satisfacer nuestra ansiedad, ello genera un efecto, una consecuencia, que es en su fondo un nuevo ser para nosotros, el revestimiento de un destino que nos llamará en el futuro, para confirmar su fuerza sobre nosotros mismos. El proceso tiene la forma de una invitación a ser, revestido de una invitación a actuar. Si actuamos con ética, rechazaremos todo cuanto de gratuita fuerza nos otorgue. Si actuamos sin sentido, la fuerza de esa invitación se convertirá en algo que nos obligue a seguirla. Por eso, los antiguos religiosos de la India o de China creían firmemente que de las acciones de las personas brotaban seres en otra vida. No es necesario esperar a otra vida. Nuestras acciones hacen brotar en nosotros nuestro propio ser, o acaban con él.

Cuando has vivido mucho, es fácil ver en cada acción y cada individuo al karma actuando, incluso a escondidas de ese ser, pero palpable e inexorable para el que reconoce cómo cada uno vamos pintando nuestro propio retrato en la vida, ese que al final seremos con toda su fuerza simbólica, y que arrastrará, sin la menor duda, el ser hacia la forma que ha escogido con determinación. La misma determinación que caerá como una bomba, o como un amanecer, sobre quien vive.


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