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domingo, 7 de septiembre de 2014

CARTIER BRESSON EL FOTÓGRAFO advaíta

 

Se ha podido ver estas semanas en la Fundación Mapfre una impresionante exposición de las fotografías de Henri Cartier Bresson, uno de los artistas más totales de este modo expresivo, llamado a traspasar la barrera de la Era de la Imagen, para llegar a ser el medio del “instante decisivo”, como a Cartier le gustaba decir, y convertirse en el paradigma de la nueva conciencia humana que se expresa en el poder del ahora, la filosofía advaíta, y la búsqueda del carácter inédito e infinito y eterno del presente total.

España 1936

La Fundación Mapfre se marca otro golazo porque sin duda es la exposición del año, por su calidad, su gratuidad, su perfecto papel en la vida cultural de Madrid en estos tiempos en que nos timan tanto en algunas célebres salas culturales de la ciudad.

Cartier Bresson es un artista total. Perfectamente consciente de su posibilidad expresiva humana, dotado de una inteligencia incisiva y profunda, de un sentido de la armonía y de la oportunidad excepcionales, comprometido con su tiempo, nos lega un conjunto de fotografías que atraviesan el siglo XX de parte a parte. Y sin embargo, este fotógrafo, que ha sido llamado “el ojo del siglo” por esa capacidad de participación en la vida humana tan intensa y prolongada, nos ofrece unas imágenes que están en el futuro, que son intemporales, por la capacidad de sacar en ellas la raíz perenne de ciudades, pueblos, personas.

 

Toda la trayectoria cultural de este francés, hijo de una próspera familia burguesa, sorprende porque parece sostenida por hilos invisibles, precisamente los mismos que aparecen cosiendo sus fotografías, que han captado los rostros de los principales genios del siglo XX (de Gandhi a Giacometti, de Sartre a  Truman Capote, todos los creadores en todos los campos fueron retratados, y qué retratos, qué capacidad de mostrar en cada uno de ellos una verdadera novedad sobre cada uno, el rasgo inaudito que quedaba por desvelar, en cada individuo).

Cartier Bresson fue un fotógrafo en permanente estado de gracia. Utilizó conscientemente el aparato fotográfico, su célebre Leica, para ayudarse a configurar una visión completamente virgen de lo real, que ayudara a comprenderlo más allá del tiempo y espacio de cada forma o cada ser. Gran paradoja, las fotografías de Cartier captan una armonía que está en el espacio, no en el dispositivo, aunque responde exactamente a lo que la máquina puede encuadrar, aislar y fijar. Cartier lo relata en todo detalle en su texto “Fotografíar del Natural”, donde afirma: “La fotografía es, en un mismo instante, el reconocimiento simultáneo de la significación de un hecho y de la organización rigurosa de las formas, percibidas visualmente, que expresan y significan en ese hecho.”

 

Gandhi minutos antes de morir asesinado

 

España(años 30)  intemporal

 

Leyendo sus reflexiones es evidente que este autor había llegado a comprender qué parte de sus creaciones obedecen a sus manos y cuánta a las formas de lo real, que se expresan en instantes de especial significación: “La composición tiene que ser una de nuestras preocupaciones constantes, pero en el momento de fotografiar no puede ser más que intuitiva, ya que nos enfrentamos a instantes fugitivos en que las relaciones son móviles.”. La propia tesitura del arte fotográfico ayuda a los fotógrafos a no considerarse demasiado protagonistas, demasiado artistas: ese componente de azar, afirmaba Cartier, desprendía mucha vanidad del ego del fotógrafo. Y afortunadamente.

 

Cartier Bresson llevó sus reflexiones sobre el instante decisivo de la fotografía a la práctica vital. Fundó la agencia fotográfica “Magnum” donde legendarios fotógrafos como él mismo, Robert Capa o Chim cubrirían los principales acontecimientos mundiales de la segunda mitad del siglo. Bresson se hizo fotorreportero, y aplicó su capacidad expresiva a la ilustración de la actualidad política y social, tal y como había hecho desde sus inicios, cuando, trabajando para diarios comunistas franceses, realizó espectaculares fotografías de denuncia social que son al mismo tiempo retratos fundamentales de la esencia humana.

 

Cuba en los tiempos de la primera revolución

Cartier Bresson renunció a ser un fotógrafo de lo inorgánico, o un fotografo de escenas “chic”, romántico, o un fotógrafo de lo raro, de lo abstracto, de lo asemántico. El hombre, la humanidad, el genio, la pobreza, los hábitos, la pequeñez humana, los niños, ésos fueron sus temas. También el alma de los espacios y los lugares, los dramas y los avatares sociales, y por supuesto la personalidad, el espíritu en sus formas.  Lo que vemos en sus temas es la frescura del ojo de niño que descubre la vida en toda su potencia original, que nos sonríe un instante, aunque se trate de una imagen trágica. Capta no solamente el instante decisivo, sino el instante de ser, el instante de la abrupta manifestación de una existencia. Y esa gracia única la pone el servicio de la expresión de humanidad. Esa vocación de humanidad lo hace único entre los genios de la foto, porque además la cumple con armonía estética, como si se tratara de un escultor clásico griego.

“La fotografía es para mí el reconocimiento en la realidad de un ritmo de superficies líneas o valores…  …En fotografía hay una plástica nueva, función de líneas instantáneas; trabajamos en el movimiento, una especie de presentimiento de la vida, y la fotografía tiene que atrapar en el movimiento el equilibrio expresivo.

Nuestro ojo debe medir constantemente, evaluar. Modificamos las perspectivas mediante una ligera flexión de las rodillas, provocamos coincidencias de líneas mediante un sencillo desplazamiento de la cabeza de una fracción de milímetro…”

La coronación del rey Jorge en Inglaterra

Los que estudiamos los medios sabemos que en la historia de ellos a veces se producen fenómenos curiosos de  recuperación o de re-mediación. La foto, y sobre todo la foto de calidad artística, o se ha convertido en un lenguaje ideal en la era de la velocidad supersónica de la transmisión de los datos, en la era de Internet y de las comunicaciones interpersonales instantáneas. Hoy podemos modificar la información en segundos o en milisegundos. El lenguaje de la imagen instantánea nos deja símbolos de la densidad semántica que nos rodea en cada momento, y se convierte en un arquetipo profundo de la naturaleza informacional de la realidad vertiginosa. Así, fotos de hace un siglo, que expresan la velocidad, el vértigo, la sincronía de las formas en un momento y un lugar, son las fotos que mejor representan el siglo XXI, el siglo que vivimos, en el que los espacios de significación brotan milagrosamente en los intersticios de la conciencia.

 

Descubrir a este fotógrafo es constatar que el artista, nazca en el siglo que sea, está siempre dominado por el espíritu del ahora, y es un vehículo idóneo para expresar aquello que quien mira debe ver, recibir o entender. He visto más chispa de modernidad, de radiante futuro, en las fotos de casi hace un siglo  realizadas por este genial creador, que en las mortecinas imágenes que nos asedian diariamente. Cartier Bresson es no solamente el ojo del siglo XX, sino sobre todo la consciencia del presente, que se mueve con el ser humano, a través de una técnica tradicional, alargando hacia el siguiente milenio su lección sobre la vida.

Henri Cartier Bresson

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