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miércoles, 12 de abril de 2017

CLARITAS, INTEGRITAS Y CONSONANTIA EN PATERSON, DE JARMUSCH



He visto, algo tarde ya en la cartelera, la película Paterson de Jim Jarmusch, director siempre personal y peculiar. No había podido leer ninguna crítica a esta peli, a pesar de que el tema me interesaba de antemano. La película es una maravilla, como se ha repetido. Este año está siendo un año de buenas pelis, como Hidden Figures. No siempre ocurre, y muchos éxitos cacareados son auténtica porquería desde el punto de vista de la creación.

Paterson es una rareza cinematográfica, la primera película que traslada la creación poética a la narración fílmica con total acompasamiento y claridad. Ha habido mil intentos de películas por recrear la poesía verbal en el lenguaje del cine, sin éxito, desde intentos como el muy fallido de este año de Terence Davis sobre la poetisa Emily Dickinson hasta los incapaces esfuerzos por trasladar el poema clásico en obras como El perro del hortelano. Algunos directores notables, como Kenneth Branagh, han emulado la poesía shakespeariana con un espíritu fílmico que recuerda a Shakespeare. Otros con menor fortuna lo han intentado con el poema clásico francés, de Arianne Mnouschine a Jean Paul Rappenau. En todos los casos el cine tiende a fracasar a la hora de verter la poesía verbal a su lenguaje. Salvo en este caso. de ahí que esta película sea tan magistral.

El cine tiene su poesía visual, su exaltación poética mediante la narración verbovisual y musical, mediante sus tempos y espacios. El cine por supuesto genera universos poéticos, como los de directores como Kurosawa, Kieslowski o Zang Jimou. Pero el cine es particularmente incapaz de reproducir la creación poética verbal registrándola tal cual. Puede hacer perífrasis del lenguaje poético, puede traducirlo a su universo magistralmente, como han hecho tantos autores geniales de películas, pero no puede literalmente mostrarlo, porque se trata de otro modo creativo. Podemos traducir un modo creativo a otro modo sin problemas, y exhortar la belleza de uno en el otro, con particular gracia o exaltación. Pero hasta ahora, ningún director ha podido filmar la creación poética verbal. Hasta Jarmusch.Resultado de imagen

Ese algo especial, único, que los críticos de cine no aciertan a describir del todo, en la película, y que definen como "simplicidad" " trasparencia", "capacidad narrativa", "sencillez narrativa", es la presencia ni más ni menos del impulso creativo puro de la poesía que se manifiesta en esta película de una manera totalmente nueva. Hasta ahora ningún cineasta ha retratado la creación en la mente de un poeta de una manera directa. Aquí lo podemos ver. Podemos comprobar que efectivamente no hay un hilo narrativo cinematográfico que parafrasee el proceso. No hay una consecución de funciones narrativas, sino que la poesía es la que vertebra la narración, desde su emergencia, desde su brote.

Jarmusch ha hecho un ejercicio de  espartana rigurosidad a la hora de mostrar cómo se genera un poema en la mente del poeta. Quizás Von Trotta sea otra directora con la misma capacidad de empatizar y sincronizar su mirada fílmica con la voz de un creador, escritor o artista. Jarmusch consigue algo único, empero: se mete en la mente del poeta, mostrando su universo dotado de aquellos rasgos que Santo Tomás, Joyce y Joseph Campbell aislaron en toda obra magistral: claritas, consonantia, e integritas.

Si analizamos Paterson veremos que efectivamente esta película está dotada  de una peculiar claridad, consonancia o armonía, y completud o integridad.  La claridad emana de cada imagen, de ese acercamiento único a la mente del poeta que se trasluce más en los silencios y situaciones serenas y pausadas que en las peripecias. La poesía acontece al poeta, y es toda su peripecia, su recorrido de tiempo está en ese acaecer de la creación que rapta el tiempo y lo traslada a otra forma de vivir, a otro modo de sentir. La absoluta armonía y consonantia en la película es la correspondencia entre sus partes integrantes que encajan sin que sepamos cómo ni por qué, como dicen muchas críticas, no existe una trama pero todo el ciclo temporal del filme sigue una concordia absoluta guiado por el ritmo de la creación poética, que es la que marca el estado de humor de todo el filme, como digo, armonizando todo, incluidos los silencios, espacios en blanco y elementos asemánticos, que son esenciales en su creación armoniosa. Existe un homenaje constante a los ritmos que emanan de la misma rutina, para edificar con ellos algo más que simple estructura, una armonía que reviste de belleza lo real más rutinario y repetitivo. La identificación entre armonía creativa y concordancia de la realidad cotidiana y rutinaria nos permite deslumbrarnos ante el mundo: eso es puro sentimiento poético, esa es la función poética, que bautiza y se genera en lo real.Nada que pueda producir emociones desaforadas ni ningún tipo de catarsis, porque estamos ante el modo poético, y no el dramático ni trágico, ni el épico. ES escasísimo el número de creadores que pueden generar obras en este modo hoy en día. Vivimos engolfados en géneros inferiores de recepción artística.

La integritas de Paterson se manifiesta en la sensación de plenitud narrativa en una película que apenas admite peripecia ni nudo dramático, y en la que todo surte de la generación de poemas que marcan el ánimo de la película y que enredan en torno suyo toda la aparición de personajes, absolutamente vitales y únicos, a manera de una pequeña divina comedia, entre los que existen consonancias y rimas constantes, pero cuyo carácter coral se reúne en total para darnos una visión de lo real fresca y nueva como ninguna: la vida de un conductor de autobús en una pequeña ciudad, se convierte en un fresco poético de una armonía y capacidad de resonancia increíble. La belleza toca los aspectos más absolutamente convencionales y manidos de nuestra realidad urbana, dotándolos de resplandor. Se produce un auténtico arresto artístico, una detención total de las maneras convencionales de entender y enfocar la narración, y se descubren otras, simplemente acercándose el director a la fuente misma de la inspiración del poeta. Esa frescura creativa está en todos los personajes, en todos los instantes de Paterson. Si Jarmusch ya había mostrado su talento de retratista humano en sus películas anteriores, ahora vemos un ejercicio único de capacidad pintora, desde el perro Marvin, -por fin un perro con personalidad en el cine, un auténtico actor canino- a Everett el amante frustrado que parece sacado de un fancine de los setenta o Laura, la mujer del poeta, encarnado también genialmente por el actor Adam Driver, con su preciosa voz declamando los auténticos poemas de Ron Padgett que son el filme en realidad y fueron creados durante el mismo.

Sin duda Jarmusch ama mucho la poesía y conoce su esencia bien. Lo que aquí vemos es un ejercicio de verdadero clasicismo artístico, eso único que nos muestra bajo el prisma de la gran belleza la mayor sencillez del mundo restaurada en su total integridad: claritas, integritas, consonantia. Un universo irrepetible, completo y nuevo. El de la creación poética en estado puro.

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