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sábado, 27 de noviembre de 2010

ANANDAS COOMARASWAMY

Me quedo pasmada de la profunda e ignorada sabiduría de este ensayista hindobritánico de la primera mitad del siglo XX. Coomaraswamy es citado por Arnheim como un autor con una finísima visión del arte, y como autor, tras René Guénon, de la concepción normal del arte, que es una teoría completamente revolucionaria que pone las cosas en un sitio en la complicada evolución de la expresión humana.

 

 

Coomaraswamy explica que el arte no es sino la ética de una civilización, así de claro. Los artistas son todos los individuos que transmiten el conocimiento de cómo vivir, de cómo hacer las cosas, de cómo entender la existencia y conectarla con sus fuentes de energía fundamentales. La escisión entre arte y ética fue uno de los fenómenos más tempranos de la humanidad, el comienzo de la pérdida o deterioro de las transmisiones normales de conocimientos metafísicos mediante las formas de vida.

Pues bien, leyendo su espléndido tratado sobre La mentalidad primitiva, entiende uno perfectamente el proceso paulatino en el que los hombres primitivos, que sabían que no podían separar lo físico de lo metafísico, lo material de lo espiritual, y entendían la fusión en la vida de la expresión estética y la función activa, empezaron a diferenciar entre ambas cosas. Después llegó la pérdida de dimensiones comunicativas del arte, que ha sido cada vez mayor, y el aumento de las formas de comunicación del pensamiento puro o el conocimiento útil. Pero todas estas parcelas están viciadas de comienzo, porque en ellas  hay dos errores garrafales de partida: una es la separación entre, dice Coomaraswamy, lo contemplativo y lo activo, el trabajo y el ocio, el placer y el deber, que en el primitivo que pintaba los bellísimos osos de la cueva de Chauvet, estaban fusionados, y eran todo uno, igual que su arte se fundía con el mundo.

El otro magno error humano es empezar a considerar el arte como signo del yo, como marca de autor, con todas las monstruosidades a que ha llegado la vanidad artística humana en todas sus facetas, y que lleva su penitencia en la mediocridad y progresiva insignificancia de las formas artísticas humanas, sobre todo en las llamadas artes aplicadas y oficios artísticos menores como el teatro, el cine, etc. Es un crasísimo error considerar que el arte, o el pensamiento, o la poesía, son resultado de un ego. Todas las artes son anónimas e impersonales por su propia esencia de procesos de comunicación con la energía esencial de la tierra.

El culto al autor, a la autoridad, el llamado conocimiento riguroso o científico, la estúpida objetividad, son todo consecuencias de aquella primera división que decapitó la experiencia humana dividiéndola entre lo artístico y lo prosáico. Y sin embargo, toda nuestra experiencia diaria nos llama y atrae hacia la íntegra naturaleza gozosa de la actividad, sea cual sea, y hacia la libertad total de la existencia, sin etiquetas, ni valoraciones, actuando por el puro interés placentero, por la curiosidad y la inteligencia, por la intuición sensible… Y la fuerza que emana de recuperar esa dimensión única de la experiencia, la delicadeza y fortaleza que al unísono esa visión recupera para todos los aspectos de la vida humana, es revolucionaria. Así lo explicó Coomaraswamy: cuando entendamos que el artista no es un tipo especial del hombre, sino que cada hombre es un tipo especial de artista, entonces entenderemos lo que es la cultura.

 

Porque la cultura no es un baño dorado que regenera al bruto humano. La cultura es la nuez del ser humano, que lo conecta con los animales y le hace ver más allá de su existencia individual. La cultura es la ética, y ella produce sensibilidad hacia el entorno, delicadeza en el trato, compasión y armonía. Aporta medida y orden a todo, y hace mansas a todas las fieras, humanas o no. La cultura es realmente algo que no se separa de la felicidad humana. Ser felices es saber ser libres, y saber por qué puertas podemos salir a la libertad.

 

Esto es solamente algo de cuanto está expresado en la fina obra de este autor. Coomaraswamy conoció elvalor de las formas y símbolos y su imbricación con la artesanía, la literatura, la arquitectura o las tradiciones. Suvisión es fundamental hoy en día.

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