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jueves, 20 de junio de 2013

FIN DE CURSO EN EL COLEGIO


Por fin termina el curso en el colegio. Los niños han disfrutado y estudiado, y los maestros, en su mayoría, como honestos servidores de lo público, han cumplido con su tarea agotadora y profunda. Los colegios, esos espacios donde nada es de nadie, donde se protege, se cultiva, se alimenta el crecimiento humano y la evolución social, resisten un año más el embate de los muy diferentes enemigos que desgraciadamente los amenazan en este país primitivo.
Hoy por hoy, en una escuela pública que conozco, el enemigo peor son algunas personas que llevan allí a sus hijos. Y el peligro que entrañan es que estas personas, núcleos de ambiciosos y hampones cuya visión de la vida es completamente empresarial y competitiva, incapaces de entender siquiera lo que es un espacio público educativo,  quieren apoderarse del colegio embozados en la capa de la Ampa. Con completa impunidad, un grupo de individuos resentidos y maleducados insultan a los profesores y directiva del colegio, maltratan e ignoran a los padres que no son de su cuerda, emprenden, en un anonimato asquerosamente cínico, escudados en la asociación o a partir de intereses sindicales clarísimos, que nada tienen que ver con el colegio, ataques contra la dirección del colegio, y todo lo hacen por su egoísmo particular, por su asociación, por su chiringuito de actividades para los niños previo pago de cantidades irrisorias, y mezquinas en definitiva. La medalla que se ponen y el chantaje que les permite tapar a todos la boca, el eurillo que sacan de una fotito, el poder poner a su hijito el primero en  el cuadernito de clase, el poder sacar el favorcito a su banco, a su empresa, a su tienda de hortalizas, el llenar de objetivos una vida incompetente, el favorecer la guerra de esas masas de caraduras que dicen representar a trabajadores…cada mente interesada y egoísta encuentra en el escudo indignante de una supuesta representación de todos los padres, el escondite ideal donde medrar: ellos o sus nenes.
Y desgraciadamente, ese ambiente trasciende. Trasciende a los niños, a los hijos de estos prohombres y mujeres que no tienen la mínima educación de ceder su interés al espacio público. Los hijos de éstos que medran, pisan e insultan la escuela pública, medran, pisan e insultan a una compañera sorda, a una niña recién llegada, a un chiquito de piel oscura. Pero los profesores, servidores de lo público, procuran no hacer daño a los niños, a todos los niños, y no dejan que eso llegue a los oídos de todos.
Claro que trasciende: cada espacio público que es violado por un interés mezquino en un colegio es un espacio robado al ejemplo que debe existir. Jamás, en mi vida universitaria, en mis diferentes sectores de actividad, me he encontrado con la violación psicológica bestial, con la zafiedad y la agresión casi nazi que he visto en este sencillo cole de barrio: y la he visto, no en directores, no en profesores: la he visto en padres. En estos supuestos progenitores honorables capaces de chillar, en el despacho del director: “¡¡pero aquí hacéis lo que os sale del coño!!”. ESta violación psicológica de un espacio educativo la he presenciado, como quien dice, antes de ayer. Y se me revolvieron las tripas de que una señora consejera escolar pudiera llevar su zafiedad extrema a un centro público de esta impune manera. Todos nos tragamos su expresión, y allí quedó. Hoy la relato, porque se ha silenciado enormemente. La politización completamente interesada del colegio está usando este fenómeno, además, para torcer el curso de su evolución y ocuparlo con intereses horrendamente cutres.
Este grave perjuicio a la enseñanza pública se hace, pásmense señores, como defensa de la enseñanza pública. ES, realmente como dice una amiga, y siguiendo con lo ordinario, para mear y no echar gota. Los señores que linchan a un profesor, que piden una inspección educativa a otro para acojonarlo, que se llevan mal con una directora porque no les favorece las empresilllas y jornadillas, y muy bien con otra porque les trae otras más, ésos hacen en sus asambleas proclamas de que defienden la enseñanza pública.  La alianza entre el egoísta puro y el  hipócrita  ideológico es completa. La enseñanza que defienden será la de los países en desarrollo a donde mandan los eurillos trabajosamente arrancados a los padres del colegio, en  una solidaridad siempre competitiva, desde luego. El colegio es un espacio social, y no solo educativo, esa es otra proclama de estas huestes. Chungo lo llevamos, si ni siquiera queremos ser un colegio: la puerta a la burramia la abre una proclama ideológica. Pareciera que estamos en 1936. LO de que el colegio es un centro social viene a significar, que el colegio no es un colegio, en su mentalidad territorial: es un lugar donde llevar la ambición, el interés, la mala leche, la guerra política. Es el lugar público en donde cagarse, porque para eso es público: que me aguanten, igual que aguantan al ministro. Lo público es para mi egoísmo: ahí radica el terrible mal de nuestro país, trascendental: del chorizo de barrio al ministro corrupto,  del sindicato invasor al enchufado con carné: todos vienen a decir lo mismo: lo público es mi negocio. De un Ampa, de un Banco, de un Partido, de unas Comisiones.
Y es el lugar donde violar psicológicamente a la cultura y a la educación, con un fascismo de baja intensidad en el que el culto al deporte, a la alimentación naturópata, a la socialidad cateta de todas las parroquias del ayer, al espíritu del ku-klux-klan disfrazado de hipster pueda formar cohortes de interesadillos que se sientan seguros en el grupo, que puedan sublimar su rabia social en la secta, que puedan mostrar que son alguien aunque sea pisando las hormigas de la enseñanza en España.
Todo trasciende. Los hijos de los maleducados son maleducados. Los que pisan el hormiguero educativo tienen niños infames que pisan los hormigueros del patio.  El secretijo, el interés, la comidilla, van haciendo más Caínes. Y mientras tanto, la blanda corteza del colegio sigue haciendo su tarea esencial: educar a los niños, hacerles amigos de la cultura.
Este ambiente es muy infeliz. Y los profesores del colegio, y los padres ajenos a este jolgorio de brujas en bicicleta, están deseando que acabe el curso. Es curioso: los niños, protegidos por la institución, reeducados por el espacio colegial, no quieren que el curso termine. Pero los desgraciados de los profesores y gestores viven como un castigo el espacio en el que esta mierda de ambiente social desarrolla su agresión constante.  Esa infelicidad trasciende: España no despega en educación. ¿Cómo despegar en medio de cañonazos de ataques y presiones, de sabotajes y secretijos de correos y wassap contra lo público? Ni de lejos sospechan estos seres primarios de las asambleas paternales el daño que a sus propios hijos hace su actitud destructiva, y cuánto le hacen la tarea a quienes usan la enseñanza como un arma política arrojadiza.
Si comparo en mi corazón la tarea que una maestra de este colegio hace año tras año, rescatando talentos matemáticos, silenciando la violencia y amortigüando con sabia mesura las tendencias agresivas de los niños, con la tarea que hace una madre de esta Asociación, en busca siempre de atacar a la profesora, interesada en su negocio, en sostener sus actividades euro a euro, deseosa de que las clases acaben, de que los niños no pierdan demasiado tiempo aprendiendo y pasen rápido al partido de fútbol o a la merienda fitosanitaria, capaz de aliarse con el mismo diablo para presionar al colegio, de sabotear las iniciativas, de malinformar a todo el mundo, si comparo, digo, en mi corazón, lo que es un funcionario público que lleva en la sangre y en la oposición la honestidad de servicio a su oficio y al bien común, con lo que es una cucaracha de éstas que sin oficio ni beneficio insulta y agrede año tras año a la maestra, veo cuán difícil es, que con estos mimbres, se produzca masivamente el milagro educativo en mi país.

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