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martes, 11 de marzo de 2014

paco de lucía, en memoria

 

Cuando desaparece un artista grande como era Paco de Lucía, la necesidad de él se convierte en una verdadera injuria para los que estamos vivos. ESta injuria es la de seguir viviendo sin la fuerza, la belleza, la honestidad y la modestia de este enorme guitarrista español, y su presencia que daba lecciones de educación y de dignidad como músico de nuestro país. Y el llanto de su guitarra ahora llora todo esto como una especie de cierre de gran ciclo.

Paco de Lucía solamente hablaba con la guitarra, era un hombre tímido, sencillo, silencioso. Nunca fue un figurón ni su carrera se proyectó en la vida social como un fogonazo ilusorio o vano. Paco de Lucía innovó definitivamente en la guitarra flamenca creando un estilo abierto a la música del mundo, a la vez serio y hondo, y conectando con la necesidad de modernizar y a la vez dar raíces artísticas auténticas a la música española contemporánea. Todo ello sin palabras. Con la guitarra. Y nunca traicionó esa postura.

Paco de Lucía tocó con los grandes de la guitarra mundial, con John Mc Laughlin, Coryel, con Al DiMeola. Creó todo un nuevo ambiente en torno a la guitarra,  y supo inspirar el respeto absoluto  en los grandes artistas internacionales a la maestría inmensa de su guitarra flamenca.  La limpeza de su sonido es única, inimitable, la pureza de su investigación flamenca lloverá para siempre en el desierto musical español, con agua a raudales.

Es un oprobio que haya desaparecido tan pronto cuando podía seguir en su tranquilo camino de artista sólido, sencillo, dedicado enteramente a la creación musical.  Es repugnante que un artista español, tan necesario, tan imprescindible, de vida tan serena y tan humilde, se haya ido de sopetón sin recibir los homenajes en vida que se le debían a puñados. En este país crear es entregarse a un sacerdocio sufrido y brutal, en el que hay que condecorarse con lamentos día a día o con omisiones año a año. Sin embargo, Paco de Lucía no dejó de tocar, componer, crear, ni uno solo de esos días, de esos años. E inspiró a muchos músicos a seguir tocando. Y todavía lo hace. Porque los artistas como éste llaman a oírlos después de muertos, más que vivos.

La música llega directamente a nuestra mente sin la mediación de las palabras, sin los tamices que la estupidez a menudo nos pone para que no crezcamos, no aprendamos, ni maduremos. Oír a un músico como éste es sin duda elegir pensar, y crecer como públicos, y madurar.

Espíritu de lo más profundo y lo más brillante, de lo más viejo y lo más innovador, silencioso y limpio, joven y recio, Paco de Lucía será siempre lo que aspiramos a ser en este país. Un artista respetado que se respetó a sí mismo con la misma pureza con la que tocaba la guitarra. A quien la muerte no ha ofendido ni lo más mínimo,  ni ha rozado en su grandeza, aunque nos haya dejado a todos avergonzados de ser mortales.

 

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