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lunes, 28 de junio de 2010

elogio de la soledad

Se me ocurrió hace años, en un poema, decir que el hombre también vive de la soledad, es decir, que necesitamos estar solos de vez en cuando, porque nos alimentamos con ella. Y eso es lo que yo experimento cuando me ocurre que me quedo a solas, que experimento una auténtica nutrición individual.

soledad

Es difícil explicarlo hasta para uno mismo. Pero para que se abran las puertas de la percepción, y para poder conocer el mundo, hay que estar solo. La soledad es como un agujero de gusano por donde uno entra y no sabe dónde va a salir, de uno mismo.  Como somos de agua prácticamente, las ondas de nuestra esencia más profunda necesitan fluir hacia lo más hondo para poder estar frescas y vivas, y solamente vemos el lago más ignoto de nuestro ser cuando nada lo inquieta: en la pura soledad.

 

Es como si alguien sordo de nacimiento, al encontrarse en soledad, recuperara de repente el oído y sintiera el eco de una cavidad inmensa donde repercute todo, donde unos sonidos se entrelazan con otros, formando oleadas y espirales: la soledad devuelve a mi vida una energía como una oleada tremenda que transforma, agita, conmueve y trascabala.

Hay quien teme a la soledad, porque efectivamente es dura. Estar solo significa combatir contra las propias ansiedades, contra las taras y empecinamientos que al estar solo se manifiestan más claramente. Enderezar las terquedades, las obsesiones, y pulir el alma, solamente se puede hacer cuando uno se obliga a morar consigo mismo un tiempo prolongado, sin posibilidad de atontarse o drogarse con la voz de los otros.

Porque, bien pensado, los que nos rodean pueden ser una droga, algo que utilizamos para evadirnos de nuestra propia educación. Hoy en día se glorifica por todas partes el contacto humano y la amistad, como si estar con los otros, vivir junto a otros, fuera el oro de la vida. Pues tararí que te ví. Nunca podrás estar con otros si no sabes estar a solas contigo mismo, algo parecido decía Pascal.  Solamente  quien es amigo de su yo a secas puede ser amigo de otros. Solamente el que habla consigo mismo puede dirigir la palabra honesta a otros, sin estafar su amistad, sin utilizarla. El mundo social puede ser el peor enemigo del hombre, ya lo dijo Platón, y la bella Simone Weil.

Y es la pura verdad: vivimos una civilización alienada y estúpida por el mundo social, por su devoción babosa al contacto humano, por la huída del sí mismo y la narcótica proyección a los amigos, a los colegas, y demás. A mí no me parece mal tener amigos, pero siempre que no sea comprando con ellos la propia conciencia, la estabilidad del yo. Quien compra o se oculta cosas con el contacto humano siempre estará muy solito.  Así que os animo a cultivar la soledad, esa bella noche oscura del alma de la que se sale felizmente casado.

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