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jueves, 3 de junio de 2010

ESTOY HASTA LOS MISMÍSIMOS DEL CURSO




Queridos amigos: la Universidad se está convirtiendo en un negocio ruinoso. Cada vez trabajamos más, en tareas inservibles, inútiles, hastiantes, por las que no nos pagan. Tareas que no son de profesor, sino como de gestor burocrático, de manitas informático, de arreglapapelas y convocajuntas, de docente de cursillitos y charlatán tutorial.

A mí la universidad que me gusta es la arcáica, lo siento. La universidad de la oratoria y el efecto teatral, de la profundidad de miras y de lecturas, del silencio, del misterio. Estas últimas décadas la universidad es un corteinglés monocolor donde se nos entierra en papeles, donde se contrata a hombres y mujeres grises o ambiciosos, y donde el alumnado no tiene interés por conocer nada que no sea su propio monedero o cuenta corriente del futuro.

En esta situación, tiene uno que salirse con la suya casi a escondidas. Leer en los ratos que te dejan las interfaces mongólicas creadas desde el Rectorado. Enseñar cuando consigue uno que se callen las charlas sobre las acreditaciones y las calificaciones. Y callar, que es lo más importante, solamente en los días que uno no va a la universidad. Allí se habla demasiado.


Esperemos que, como la universidad es una institución centenaria, su vieja corteza escamosa sepa sortear estos tiempos en los que ejecutivos sin seso controlan desde extrañas agencias las mentes de los profesores, y en que los alumnos se ponen un título como si se pusieran un traje de neopreno. La universidad, ente medieval, es como un dinosaurio al que le resbalan estas paridas "boloñese". Por su cuerpo han pasado cátedros sinvergüenzas, impostores, funcionarios desalmados, todo tipo de indeseables, desde el siglo XIII, y ahí está... todavía es posible hacer verosímil lo imposible, en un aula....

Total, que estoy hasta los huevos internos del final de curso.

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