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jueves, 21 de enero de 2010

emociones inconscientes

En psicología se ha estudiado mucho la influencia de las emociones imagessobre las actitudes humanas.

Otro avance supuso conocer que las imágenes sobre las que construímos nuestras actitudes y comportamientos son construcciones que también se forman a partir de emociones y experiencias particulares, pero que por la generalización que el cerebro siempre desarrolla se convierten en pensamientos automáticos.

Lo que creo que no se ha estudiado todavía es la existencia de emociones presentes en la mente inconsciente, que condicionan la existencia de la persona porque actúan como mensajes y órdenes para éste.

Por ejemplo, el miedo. Quizás sea la emoción más presente en la mente humana, de manera general. El 90 por ciento de las personas siente constantemente miedo, pero no lo sabe.

El miedo inconsciente produce la agresividad consciente. También produce la pasividad consciente, y es el responsable de la falta de creatividad y de libertad en el ser humano. La gran mayoría de las personas no nos atrevemos a luchar contra nuestro propio miedo, lo que nos convierte en esclavos, en desgraciados, en infelices.

La angustia y la ansiedad son emociones muy presentes también en la mente inconsciente de todos.  En lugar de echarlas de nuestra mente, cuando las reconocemos nos dejamos guiar por ellas. Son emociones creadas por una falsedad, pero ellas mismas se convierten en mensajes para nuestra mente, que las multiplica y hace omnipresentes en nuestra vida, por el poder de la mente involuntaria de hacer real todo aquello que circula con intensidad en su fondo.

Todo esto es suficientemente importante. Tendré que escribirlo en un articulín científico.

Pero más importante todavía es que le demos por saco al estrés, al miedo, al acogote, cuando se han colado en nuestra mente sin que nos demos cuenta.

Recuerdo la anécdota del caballo que cuenta Murphy: un caballo se asusta de una serpiente que salta a su paso desde una roca. El jinete ve que el caballo se aterroriza, pero lo peor es que el caballo, siempre que vuelve a pasar por delante de aquella roca, se aterroriza de nuevo. El jinete hace quitar la roca de ese camino, pero la siguiente ocasión en que el caballo pasa por el punto donde estuvo la roca, se aterroriza igualmente.

El caballo se asusta de su recuerdo.

El caballo se asusta de su propio terror, que está plantado en su mente como una serpiente oculta en una roca.

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