seguir por correo el blog

miércoles, 12 de septiembre de 2012

TEORÍA DE LA VIBRACIÓN


Yo soy profesora de Teoría de la Información, pero la verdad es que este post es una reflexión sobre un conceptillo profundo, el de la VIBRACIÓN. Me chocó mucho cuando hace unos años leí en Napoleon Hill la teoría creativa de la vibración, que estuvo muy de moda a comienzos del siglo XX, y creo que es original de este autor, según la cual las personas que entran en creatividad lo que experimentan es una sincronía con frecuencias vibracionales de energía creativa que existen en el mundo, y que ayudan a la persona a desarrollar la actividad creativa, que siempre va más allá de la simple contemplación. Según  Napoleon Hill  cuando las personas experimentan una visión creativa lo que ha ocurrido es que han entrado en la frecuencia energética de la creatividad que existe como una emisión de ondas en el universo. Con esta sintonización, que la persona puede provocar de diversos modos, es posible situarse por encima de la capacidad normal para hacer y construir cosas.
Me pareció muy atrayente esta idea, reconociendo en mí misma que efectivamente el tipo de sacudida que se experimenta al crear y acometer una creación es efectivamente una especie de sintonización con una fuerza que te eleva y te da fuerzas, igual que si a una campana sagrada hindú le dan el golpe que inicia una vibración  indefinida en tiempo y espacio, y que simboliza el ser más allá del universo.
En la sabiduría del yoga también se trabaja, y mucho, la vibración. Particularmente en el canto de mantras, cuya vibración también despierta en el cuerpo, por virtud del sonido de la propia voz, energías dormidas para llevar a cabo la “criya”, es decir, la creación física del yoga que desencadena la energía kundalini. En la sabiduría védica la vibración no es solamente un elemento yóguico, sino que se considera el universo todo como un cántico o una manifestación en torno a un único acto creador. La sílaba que representa a Dios es también una vibración que se evoca y provoca la sensación y el pensamiento de la unidad fundamental de cuanto es.
He encontrado en René Guénon una certeza profunda de que la vibración es un símbolo profundo de una realidad espiritual universal y unánime. Guénon dice que cuando el ser humano accede a la espiritualidad vibra en un nivel superior al mismo  y con ello se eleva sobre su propia circunstancia para llegar a unirse con el centro sagrado, con la fuente inagotable de toda existencia e inexistencia.  Guénon habla en 1930,  inspirado por el Vedanta, por su conocimiento de la sabiduría hindú.
Vibrar físicamente es un símbolo de una operación espiritual muy significativa. Cuando un objeto o una superficie vibra, experimenta una actividad que lo envuelve completamente, conectándolo con un impulso  externo. Se puede vibrar con la música que se escucha o una superficie ligera puede vibrar con un impulso eléctrico que se le comunica. Lo esencial es que la vibración traduce una energía a un medio distinto del que proviene: una imagen perfecta de cómo se traslada la capacidad vital infinita a seres finitos y limitados en vitalidad.
La vibración además suele ser una onda, es decir, un movimiento rítmico, en muchos casos proveniente de un centro y expandiéndose en forma concéntrica –en torno a un centro-, que perturba el medio en el que se propaga alineándolo con su origen.  Por ejemplo las ondas en los fluidos, en el agua, vibran en torno al impacto en un centro. Una imagen perfecta que representa al universo que existe, en torno a un centro, y expandiéndose en ondas concéntricas que son las manifestaciones, que diría Guénon, del Ser.
Aunque de naturaleza esencialmente diversa, cuando algo vibra en concordancia con una fuente de energía se convierte en un medio de traducción. Además, empieza a cumplir una función análoga: el impacto en la campana se prolonga en el sonido de la vibración, igual que cuando sintonizamos con una música empezamos a bailarla o sentirla rítmicamente convirtiéndonos en parte de su sonido,  interpretación y de su acto creativo. La vibración hace similares a medios o seres diversos, separados por una distancia: es una buena imagen de la comunicación que la creatividad consigue.
Vibrar, además, no es una operación pasiva. Efectivamente cuando algo nos gusta nos hace vibrar, y hay parte de una operación activa en la vibración rítmica al escuchar una música. Cuando un objeto, medio, superficie o ser se coloca en una frecuencia vibracional intensa, empieza a actuar por sí mismo, y se anima con una emergía que no proviene solamente de la energía de origen, sino que se sirve de la naturaleza del medio de difusión. Por eso cuando un color nos induce a pintar una forma lo que ocurre es que la vibración estética del primer estímulo nos hace generar en nuestra imaginación y capacidad creativa una forma sintonizada con ese primer estímulo. No es que el color genere la forma, pero ambos están en una frecuencia de vibración común que se propaga en ellos.
Cuando vemos algo creativo, cuando una persona con esta energía se nos acerca o inunda nuestro espacio, automáticamente despierta en nosotros una energía similar. Esto no es sino otro ejemplo del poder de la vibración, es como si esa persona fuera un impacto que despierta en nosotros las ondas del mismo fenómeno. La vibración es esa actividad indeterminada y a la vez determinante, esa fuerza que sin un nombre concreto, se transmite y transforma a la vez alineando a seres o a formas en un nivel de expresión. Hay vibración en la creatividad, en los movimientos humanos en redes, en la sensibilidad, y sobre todo en la espiritualidad, que mediante este símbolo muestra además la infinitud y la concreción a la vez: cuando se produce una vibración a partir de un primer impulso, por ejemplo un sonido a partir del soplido en un instrumento, esa vibración se propaga y puede generar otras en otros medios, por ejemplo eco en el espacio, sutil movimiento en el mundo vegetal, o transformaciones en otros medios vitales, del animal al humano. Las vibraciones se convierten en impactos que generan nuevas vibraciones, y al mismo tiempo, se mantienen análogas a su origen, siendo todas ellas iguales en un sentido algo más abstracto.
Cuando experimentamos, por fin, una emoción o agitación entusiasta, normalmente estamos vibrando: vibramos por efecto de algo que nos ha llevado a ese entusiasmo, y que nos ha sintonizado, pero a la vez somos diferente a ello y de distinta naturaleza: lo manifestamos de diferente forma, pero al mismo tiempo con ello entramos en el mundo de las formas vivas que están todas conectadas y resuenan como una enorme orquesta universal. 

La enseñanza, decía Guénon, es un modo de despertar la vibración de la capacidad autónoma que el alumno tiene para manifestar su propia energía creativa en el conocimiento. En realidad, lo que transmitimos cuando enseñamos es un impulso en el que vibramos, que simpáticamente comunicamos a los seres similares, que, poniendose a su vez a vibrar, continúan la expansión infinita de la onda de la sabiduría eterna y externa al humano.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Respóndeme si quieres

HACER ALGO CON LAS MANOS Blog de creación y comunicación de Eva Aladro Vico