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viernes, 22 de abril de 2011

teatro en madrid: veraneantes, de miguel del arco, mediocridad a raudales. ha nacido un bluff.

Estos días se representa en el Teatro de La Abadía la obra “Veraneantes”, versión libérrima de la obra de Gorki, por la compañía de Miguel del Arco, Kamikaze producciones.image

Tengo que decir que ha nacido un bluff. Si hace un año hablábamos maravillas de este director y su compañía, hoy podemos decir que el ambiente teatral y el éxito temprano han hecho que la compañía se haya convertido en una sombra de sí misma. Y ello por muchas razones.

En primer lugar, el éxito abrumador del primer montaje de Del Arco, “La función por hacer”, se extendió como un tsunami por los campos del mundillo teatral, produciendo la adoración y el culto al ego característicos de nuestro tiempo, y en consecuencia, al director y autor Miguel del Arco le llovieron premios, encargos y loas de todo tipo. Consecuencia final:  sin tiempo para digerir y medir su capacidad –la famosa medida griega-, el pobre Del Arco se ha puesto a imitarse a sí mismo en una nueva versión de un clásico, pero esta vez con total desacierto en su escritura. No se puede ganar en todo.

El texto que aquí oímos es malísimo: humor de comedia burguesa mala, ínfulas culturales desorbitadas, no hay profundidad ni hondura, no hay trama. se ha cargado a Gorki.

Pero el fallo no es solo del guión, pésimo y aburridísimo, que se extiende dos horas y media por esa falta de mesura y de humildad en el autor. El fallo está también en los hasta ahora excelentes actores de Kamikaze Producciones: se lo han creído mucho más de lo debido, y una vez que su director ha descubierto el truquito de situarlos entre el público, en el corazón del proceso teatral, lo repiten hasta la saciedad. Esta vez los actores hacen lo que pueden para levantar un malísimo texto, pero su falta de discreción, debida sin duda a los elogios y adoraciones del contexto estupidizante en el que viven, hace que se crean guapos, listos y que repitan sus ripios y sobreactúen constantemente: un detalle clave: el autor ha decidido poner a los personajes el nombre propio de los actores de su compañía. El ego crece y crece como la clara a punto de nieve.

El resultado es una función mediocre cuando no malísima: a ratos se tolera gracias al buen hacer de Israel Elejalde o de Miriam Montilla. Pero Bárbara Lennie está DE PENA: esta chica, a la que quieren convertir en una Aitana Sánchez Gijón segunda parte, es un delirio de afectación, de mala dicción, de artificiosidad: es una actriz del siglo pasado, por su culto a su propio ego. No respeta el texto y entona como le dala gana, y su personaje, supuestamente intelectual y torturado, es una verdadera injusticia a la obra de Gorki, porque de ella emana frivolidad y culto a su yo de actriz, no a un personaje. Una pena, vamos. No para de tocarse el pelo y de retorcerse en medio de la mirada atónita del público. Por más música y saltitos que dén entre nosotros, la compañía no levanta ni un palmo del suelo el vuelo dramático. la fórmula Del Arco se agotó.

Está mal el mismo Raúl Prieto, porque se copia a sí mismo en “La función por hacer”. Los demás actores, aunque hacen lo que pueden, han sido víctimas de su propio éxito y producen un resultado caricaturesco. Eso sí, los compañeros de profesión que asistieron a la función vitoreaban a la compañía, sin absolutamente ningún criterio profesional.

Es una pena que la tendencia a la baja que se apreciaba sutilmente en El proyecto Youkali  se confirme aquí. Yo recomendaría a Miguel del Arco que no juegue más a la escritura improvisada, que busque fórmulas nuevas, y que deje de lado la adulación y la ceguera que sobreviene con estas proyecciones al imaginario teatral.

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