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lunes, 29 de abril de 2013

ESPAÑA Y ALEMANIA: UN PAÍS DE RICOS POBRES Y UN PAÍS DE RICOS SOBRIOS

 

Decía Simone Weil que uno de los aspectos más temibles de la pobreza es que causa miseria moral en el alma humana. Si al menos la gente empobrecida, los países con carencias físicas graves, conservarán su salud moral, todo podría solucionarse. pero lo cierto es que la pobreza crea ansiedad, la ansiedad, genera deseos irreales y desesperados, y pérdida del sentido de la vida auténtica. Weil decía que no había visto mayor ambición en los pobres, ni mayor avaricia en los desabastecidos.

España se retrata en su pobreza por la pobreza moral. Pais despilfarrador, nunca ha sido realmente rico, pues siempre ha consumido sus propios fondos de riqueza con verdadero derroche e incapacidad de ver lo que estaba haciendo. Por supuesto que me refiero a la riqueza generada de manera ilícita y rápida, a la riqueza creada por la burbuja y por la especulación, por el éxito desaforado que se basa en el atajo y en la trampa. En el fondo, quienes así han actuado son pobres mentales, gente avariciosa y cuya ansiedad ilimitada ha llevado al descontrol total y a la situación actual.

Cuando realmente estamos en un país rico, lo que apreciamos es una especie de serenidad, de tranquilidad, en el consumo, en los criterios firmes de vida que no se basan en consumir o en almacenar dinero. La riqueza no es solamente el dinero, lo decía Sampedro. La riqueza auténtica es la felicidad,  la creatividad, el sentido profundo de existir anclado a cada instante de la vida, el desarrollar la energía y canalizarla, el disfrutar de cada pequeña cosa simple de la existencia. Estas formas de riqueza exigen, además, una vida sobria. Es imposible estar centrado en la verdadera riqueza de la vida y ser despilfarrador o consumir como locos, o ganar como sea fortunas o  querer objetivos estúpidamente lejanos. La riqueza de la vida es pobreza o simplicidad en el modo de vivir. La pobreza mental es el despilfarro, el pelotazo inmobiliario, el sueño descalabrado de comprar y comprar.

España nunca ha llegado a ser rica. Ha sido nueva rica,  y se ha lanzado a un modelo de vida  consumista y vacuo, repleto de automóviles y de centros comerciales, donde la verdadera vida, la naturaleza, la tranquilidad, el silencio, se descuidaban y maltrataban. En ese sueño miserable, iba creciendo el agujero de la pobreza moral del país: la de los corruptos y la de los venidos a más sin motivo, la de los ignorantes codiciosos y la de los ladrones astutos. Y ese agujero, al final, se ha abierto, gigantesco, ante nosotros, como el verdadero traje que nos estábamos cosiendo, como la verdadera obra de los últimos treinta años en el país. Hubo algún momento en que, en lugar de conservar la honestidad y la honradez, en lugar de cuidar nuestra industria y nuestra naturaleza, en lugar de apostar por la verdadera educación y la vida sana y sobria, se decidió atajar con el dinero fácil, el boom del negocio vago, el sector burbuja en servicios o construcción, o el pelotazo cultural o social. Ningún valor de éstos es verdaderamente rico.

Cuando ves una sociedad como la alemana, donde siguen bien centrados en la verdadera calidad de la vida, donde el pensamiento ecológico ha marcado a toda una generación, y donde el dinero es sobre todo la gasolina que mueve el sistema, pero no un fin en sí mismo, aprecias la diferencia con España, donde ningún valor sostiene el sistema. Solamente entre la gente empobrecida que ahora reflexiona, fuera de los extraños sueños monstruosos de la miseria, podemos ver lo importante que es saber que los verdaderos ricos no son avariciosos.

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