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martes, 9 de abril de 2013

JOSÉ LUIS SAMPEDRO, UNA HUELLA PARA SIEMPRE

 

Por simple y estúpida casualidad estos días, además de morir José Luís Sampedro, han fallecido otras personas famosas, políticamente, O del mundo del cine y del espectáculo. En la verborrea de los medios, muchas personas que no andan bien calibradas  llegan a llamar inmortales o históricos a algunos de ellos, y se hacen elogios no mesurados y hasta se fija la memoria más de la cuenta, más de lo debido, en la carrera o en los muy poco memorables hechos del fenecido o fenecida.

No es el caso de SAMPEDRO. José Luis Sampedro se ha hecho su propio monumento fúnebre en vida, porque ha construido, como las estatuas etruscas funerarias de enigmática sonrisa que le asombraron, una huella vital imborrable en la vida futura. Es una huella alegre, de vida sencilla y digna, de capacidad para sostener toda la vida el ánimo enérgico del luchador y del héroe de verdad. ¿Por qué? Pues porque este Señor dijo una vez, entre mil otras maravillosas e iluminadas afirmaciones: “Si te parece que este sistema es injusto, dí que no. Si no puedes rebelarte contra él, por lo menos díte a tí mismo  interiormente que No. No lo aceptes interiormente. Con eso, ya estarás haciendo mucho por acabar con la injusticia”.

Jamás me olvidaré de esta frase. Muchas veces me digo a mí misma interiormente ¡No! y recuerdo el consejo de Sampedro, cuando  quiero rebelarme contra la basura o la mediocridad. No aceptar mentalmente  la estupidez, rebelarse interiormente contra la avaricia, el egoísmo, la falsedad, es una auténtica heroicidad que marca tu actitud y la de los demás que la perciben. Sampedro, con esa clarividencia de sus últimos años, en los que se convirtió en el cerebro mejor amueblado de este país, lo dijo bien claro.

Recuerdo un segundo momento increíble de este profesor y autor. En 2008, cuando comenzaba la crisis, dijo en una entrevista que la época que se avecinaba recordaba mucho a la decadencia del Imperio romano y los años y décadas turbulentos que se produjeron hasta que se  generó la gran mutación hacia la Edad Media, con un cambio total de mentalidad, la descomposición de las ciudades imperiales y el surgimiento de un sistema desagregado y feudal, mucho más espiritualizado también. Su visión del mundo al final del siglo XX y comienzos del XXI era preclara. Estamos viviendo esa convulsión, y el futuro es tan inconcebible como sería para un ciudadano romano la panorámica de una ciudad del medioevo. Otro hemisferio, otro universo viene, y en su llegada la oscuridad y la decadencia dominan todo. Sampedro mostró su visionaria imagen a todos. No sólo esta. Muchas más.

Recuerdo con qué claridad señalaba este enorme pensador que el sistema capitalista está muerto hace mucho tiempo. Con qué sagacidad defendía los movimientos sociales del 15M y la PAH, sabiendo que son el único impulso político que queda. Cómo relataba de su propia vida los momentos en que había sabido virar con energía y conservar únicamente lo bueno, lo maravilloso, esa simpatía con el mundo que le condujo a ser la voz de la España más joven y moderna, con 95 años.

Un último recuerdo imborrable fue cuando le pedimos el apoyo para el Albéniz, al que había venido varias veces al teatro.  No se lo pensó ni un instante. Nos dio su apoyo inmediatamente, porque en su sensibilidad juvenil se daba cuenta rápidamente de dónde tenía que alinearse y dónde se necesitaba su apoyo.

Sampedro ha transmitido un espíritu de lucha a toda una generación. Su No interior perdurará en nuestras almas porque es un arma sólida y duradera: nos ha enseñado, de qué manera tan sencilla, puede vivir dignamente y morir una persona.

ESTO ES LA INMORTALIDAD. DESCONFIAD DE OTRAS ESTATUAS.

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