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jueves, 9 de mayo de 2013

QUÉ ES UNA SECTA HOY EN DÍA (ii): ENEMIGOS IMAGINARIOS,la masa cobarde y la EXCLUSIÓN. (leer siempre la primera parte primero para entender el resto)

 

Ayer explicaba lo que es la estructura básica de una secta tal y como puede formarse en cualquier situación, desde en un colegio público en nuestra ciudad en 2013  hasta en el partido nacionalsocialista alemán en 1935.

Como decíamos, el origen de una secta es siempre un grupo minúsculo de individuos interesados y egoístas, deseosos de hacerse, por medios de fuerza, con el poder en un territorio, institución o espacio público. Este núcleo, si no entra en contacto con el segundo círculo, un número importante de resentidos, débiles de mente y personas de baja autoestima, que necesitan convertirse en soldados de un ejército que compense esta inferioridad sentida, no llega a activar la secta. Pero una vez que los cerebros interesados –que a menudo actúan ocultando a todos sus maniobras de interés (lucro, beneficio para ellos o sus familias,  favores por medios ilegales, etc etc)- contactan con el círculo de resentidos, empiezan a compactar un grupo agresivo hacia el entorno, que solo necesita ya, para crecer, del tercer círculo, los tontos, aquellos que no solamente ignoran que sus cabecillas los usan para trepar, robar o aprovecharse de la situación, sino que tampoco perciben que los resentidos expulsan odio y mala baba por la boca y quieren destruir el mundo en el que actúan, como única forma de compensar su inferioridad mental, social o profesional. Los tontos son fácilmente manipulables, creen ciegamente en el falso ideario que la secta usa para agredir a los demás, difunden y expanden el poder de la secta y tienen además la ventaja de que, cuando se inicia la escalada agresiva, ni siquiera perciben la finalidad de lo que está pasando. Los tontos son la máquina mecánica de la locura sectaria.

Interesados, resentidos y tontos son los tres círculos de una secta. Las sectas poderosas son las que consiguen articular los tres círculos. Si una secta empieza en interesados y resentidos, pero no consigue mover a una masa de tontos que aplauda, abuchee, emprenda acciones violentas, linche, justifique y sea completamente ciega a cuanto ocurre, no será peligrosa. Pero si una secta tiene ya el grado de desarrollo que consigue abducir a un número significativo de tontos, se da un salto cualitativo y este grupo numeroso comienza a despegar de la realidad para llevar a cabo sus temibles acciones.

Una secta siempre lleva a cabo lo que se ha llamado la “creación de un enemigo imaginario” (Janis, Fromm).  Estos grupos humanos destructivos solamente se crecen cuando desarrollan seguridad negativa: cuando producen mal en los demás, ellos se sienten bien.  Como hemos dicho, en la mentalidad sectaria se intenta compensar la incapacidad para construir y sumar por la capacidad para destruir y violar. Es fácil que reconozcáis el mecanismo de creación de un enemigo imaginario cuando, ante la información objetiva, que desmonta la existencia de tal enemigo,  la secta se cierra e insiste en justificar su ataque.

Ejemplo:  en el surgimiento del nazismo en Alemania, la teoría del enemigo judío, que surge de intereses ocultos (económicos, de poder financiero, políticos), y que construye a este enemigo imaginario a partir de una serie de rasgos demonizantes falsos (los judíos como usureros, invasores, malmetedores y enemigos del pueblo alemán), cuando se ve sometida a información objetiva que desmonta ese enemigo imaginario, rechaza esa información y continúa con su causa anti-judía, no solamente en la misma intensidad, sino redoblando sus ataques.

Cuando se escoge a una víctima para convertirla en enemigo imaginario en una secta, cualquier información, dato oficial, visión neutra, que desmonte esa demonización, es ignorada, excluida y abucheada. La secta tiene que seguir recargándose de energía, escalando en agresividad, es su via de escape de sí misma y por ello afirmamos siempre que cuando surge una secta –en un colegio, en una universidad, en un pueblo- el fenómeno acaba siempre autodestruyéndose por el propio proceso. Eso sí, en la autrodestrucción que genera acaba también con el entorno humano en el que ha nacido. Es una especie de bomba nuclear humana, cuya radiactividad no deja rastro de vida en décadas ahí donde explota.

Las sectas son autodestructivas y destructivas porque la agresividad que despiertan no tiene fin. Y no lo tiene porque no nace de una causa externa –que una raza esté oprimiéndoles, que una señora les esté haciendo embrujos, que un profeta esté suplantando a su dios, etc etc- sino de una deficiencia interna: la secta huye de sí misma, de su infraestima, de su resentimiento, de su frustración, mediante el ataque a la víctima inocente. Y solamente puede huir hacia adelante.  Por eso son tan peligrosas, y pasan de la simple asamblea agresiva al linchamiento y a un holocausto si se les deja.

Para llevar a cabo este proceso, las sectas cuentan además con dos elementos externos que son muy importantes. Uno es el círculo de cobardes. Otro es el círculo de excluidos. Con estos grupos se ejercita la secta para conseguir seguridad negativa y probar su fuerza ante los resentidos.

El círculo de cobardes es una masa de individuos que, delante de la agresividad de la secta, se inhibe y mete la cabeza en la tierra como las avestruces. Es la gente que “no quiere problemas” “no quiere mal rollito”, “no quiere saber nada” de cuanto ocurre. Esta actitud, en principio neutra, se convierte en dramáticamente perversa cuando la secta desarrolla agresiones en escalada. Quien no quiere participar ni hacer nada, pero ve todos los días la columna de humo de los hornos crematorios en el horizonte de su ciudad, y sabe que allí están quemando a víctimas, pero “no quiere malos rollitos”, esa masa humana es más temible incluso que la propia cohorte de los asesinos resentidos.

Una secta solamente crece y se expande porque los cobardes la dejan. En el momento en que la disidencia y la crítica soplan su aire fresco en las asambleas sectarias, la secta recuerda su corazón débil y empieza a mermar. Una secta solamente avanza porque se le cede terreno por motivaciones que tienen que ver con la indiferencia, el miedo a ser agredido o excluido por ella, o por miedo al enfrentamiento.  Es un curioso fenómeno de inflación que parte de una base ridícula, frustrada, lisiada en algún aspecto. Adler estudió el fenómeno por el cual personas con graves complejos y taras sublimaban en ansias de grandeza y agresividad su sentimiento, equilibrándolo.

El segundo círculo externo a la secta son los excluidos. la secta practica la exclusión y las tácticas de desinformación, malversación y  estigmatización, que trataremos en el próximo capítulo de esta serie, y que impiden que los enemigos que pueda tener la ataquen organizadamente en un ejército de aliados. Pero esto lo vamos a dejar para la próxima.

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