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jueves, 9 de mayo de 2013

qué es una secta (PARTE III): estrategias desinformativas, propaganda negra, agentes provocadores y escaladas de agresión. (leer previamente cap. i y II a continuación)

 

Veíamos ayer que la estructura básica de una secta poderosa está conformada por tres círculos –núcleo de interesados, círculo de resentidos, círculo de tontos-, y también, integrada por dos capas exteriores, el círculo de los cobardes que temen actuar o intervenir, y finalmente los excluidos por la organización sectaria.

Cada uno de estos elementos funciona en un sistema estructural. Esto quiere decir que todas las piezas son clave en el sistema y cumplen varias funciones a la vez.  Así como los cobardes se adaptan a la secta y le ceden su espacio para que gane terreno, el ataque a los que son excluidos, su estigmatización o su aislamiento individual, es vital para que la secta gane seguridad negativa desde un primer momento. Los excluidos son las personas que desde un comienzo se oponen a la secta y son estigmatizados por ella en ataques iniciales. Son los miembros de la asociación que tienen dudas profundas sobre la ética de lo que se está haciendo, y a los que se deja de informar para que dejen de estar al tanto de cuanto ocurre. Son los que, en un grupo sectario, son atacados fieramente por la mayoría, para ensayar, por así decir, la maquinaria bélica de la secta.

Toda persona que tenga un pensamiento propio, que exponga libertad de conciencia ante una secta, será automáticamente sometida a la exclusión y al intento de abducción. Así, la secta cierra el círculo informativo evitando que sus correos electrónicos salgan a direcciones de personas independientes, que circulen papeles que expongan a la crítica los planes sectarios, o que entren directamente personas excluidas en las liturgias y rituales del círculo sectario.

También utiliza la secta a agentes dobles que se infiltran o espían las actividades de las personas que se encuentran en el territorio que se quiere dominar. Es característico el papel de individuos que fingen tener, por ejemplo, una actitud y luego desvelan otra. Los agentes provocadores difunden por un lado el ideario de la secta para captar tontos que puedan actuar como ejército de base, Por otra parte, detectan a individuos que deben ser excluidos por su independencia, inteligencia y capacidad crítica.

Ante estas personas capaces de detectar que se está formando una secta, la táctica que se emprende es la de la demonización –“esta individua es muy destructiva, solamente quiere hacer daño” o “este personaje siempre ha dado problemas a nuestra asociación, está un poco trastornado”, o “no pertenece a la asociación, no paga la cuota” o “no trabaja para el bien de nuestra sociedad, desconfiemos de él”.  La secta desarticula la posibilidad de que las personas con inteligencia crítica puedan formar un frente común, mediante el sufrimiento que les inflige con el aislamiento y la demonización. De este modo, hace creer al excluido que está solo, o que está loco, o que realmente no tiene nada que hacer frente a la cohorte de tontos que férreamente defiende las consignas del núcleo de interesadas, o interesados, en mantener el chiringuito sectario.

La táctica fundamental de la secta para dotarse de poder, captar abducidos, propagar desinformación y dar saltos cualitativos en su desarrollo, son los rituales. Un ritual puede ser, por ejemplo, reuniones festivas como las que hacía Hitler en los comienzos de su movimiento nazi, en los que congregaba a sus seguidores a una especie de liturgias donde la música, el colorido de los símbolos, la masa humana reunida, el sentido de comunidad o social acendrado, ayudaban a escalar emocionalmente a los miembros del partido, para desembocar al final en contagios fóbicos coléricos como los de la temible “noche de los cristales rotos”.

Más modernamente, un ritual sectario puede adoptar la forma de una fiesta o banquete, o una merienda, en la que los componentes de la secta reafirman su pertenencia al grupo, adquieren sentido de colectividad, invitan a  otros a pertenecer a la misma, captan acólitos, y sobre todo, muestran el aspecto físico de su ansia territorial. Invaden y ocupan un espacio, hacen alarde de su capacidad física.

Las asambleas sectarias más agresivas, en las que el mismo sentido se desarrolla,  precisan de grupos de agentes provocadores que azuzan el ambiente hacia la agresividad, y permiten desarrollar la rabia agresora. Son las reuniones donde reventadores o abucheadores, agresores de mil tipos, van caldeando el humor para generar el clima de agresividad adecuado. En este tipo de asambleas los aplausos, griteríos, efusiones, son muy bienvenidos, porque se trata de llegar a un contagio emocional primario. Es muy significativo de que hay un proceso sectario en marcha cuando un grupo humano tranquilo y racional se transforma en un grupo ruidoso, chillón, insultón. El control de la personalidad baja hacia la mente irracional, infantil.

En esta situación es cuando se produce la escalada agresiva que tan peligrosa es y que llega a las sectas a cegarse definitivamente y perder el sentido de la realidad. Una escalada es, como sabemos en teoría de la comunicación interpersonal desde Paul Watzlawick, una relación simétrica emocional en la que dos o más personas refuerzan mutuamente el sentimiento creado. Las escaladas fílicas y amorosas hacen literalmente flotar a los enamorados o a los amigos. Las escaladas fóbicas y de agresividad igualmente  impiden que las personas perciban la realidad, produciendo visiones/túnel en las que los agresores solamente tienen deseos de venganza y percepciones del mal a su alrededor.

Cuando una escalada agresiva es protagonizada por una secta numerosa, dotada de agentes provocadores, y azuzada por sus propios rituales y liturgias  de celebración negativa, se produce un ambiente de confirmación, de reafirmación de las agresiones, de reafirmación de la falsificación de lo real y de pérdida total de la conciencia, que es muy  dañina para el propio grupo.

En primer lugar, el grupo adopta decisiones sin percibir las consecuencias de las mismas. Actúa en un nivel de consciencia infantil, agresivo, cegado por el odio. Es tal la pérdida de sentido de la realidad que cuando se pregunta a los integrantes de una secta por qué razón han actuado de una manera tan maligna son incapaces de explicarlo, no saben lo que han hecho.

En segundo lugar, el grupo no razona ya ni al nivel de disimular su base agresiva. Simple y llanamente se lanza a la agresión sin más y proclama que ésa es su decisión final. No admite marcha atrás. Cualquier intento de razonar, de frenar el proceso, será inútil: las guerras, los fanatismos, los linchamientos, son todos ellos ejemplos de este fenómeno.

En tercer lugar, el grupo se instala ya en el denominado “pensamiento grupal”, es decir, deja de tener consciencias individuales en favor de un macro-organismo sin más cerebro que la orden de su líder. Los resentidos, los tontos, son herramientas al servicio de los movimientos de la mente grupal. Los mensajes que llegan contraviniendo al líder son considerados confirmaciones de una visión conspiratoria de la realidad.  (“¿lo ves? todos quieren engañarnos” , “mira cómo intentan que no hagamos lo que tenemos que hacer”, “¡vaya estrategia más retorcida!”). Al mismo tiempo, la propaganda negra que difunden los agentes provocadores entre los círculos de posibles tontos abducidos va haciendo mella y penetrando más profundamente en el contexto social de que se trate.

Todos sabemos ya, pues, cómo comienza una secta, y todos sabemos cómo puede terminar: o en los juzgados, o en la historia trágica de un grupo, institución o país, o en los hospitales, psiquiátricos o no. Es muy importante que, frente a una secta consolidada, todos hagamos lo que más teme una secta, lo que menos digiere su hígado: mermar su autoestima, utilizar la inteligencia crítica, reírnos de ellas en lo posible, y sobre todo, prestar extrema atención, desde los grupos humanos saludables y diversos, libres y sin pensamiento único, a las tácticas de propaganda negra, agentes provocadores, exclusión y demonización imaginaria que son sus tarjetas de visita y que podemos ver a veces, en los niños, reproducidas porque sus papis obran así.

 

Os dejo, por último, con los rasgos característicos de la “personalidad autoritaria”descritos por Adorno en los años 50:


1

Conformismo [convencionalismo]: adhesión a los valores de la clase media. (vida social, deportes, rebaño social)


2 Sumisión a la autoridad: idealización de la autoridad y sumisión exagerada a quienes la ostentan.   (de la propia asociación)

3 Agresividad: tendencia a castigar a los individuos que no aceptan o atacan los valores convencionales. (de la asociación)

4 rechazo a los que muestran imaginación y creatividad (artistas…): oposición a lo subjetivo, a la introspección, etc.

5 Superstición y recurso a estereotipos: tendencia a pensar en categorías rígidas, creencia en la determinación sobrenatural, en el destino… (hoy sustituido por ideología)

6 Gusto por el poder: preocupación por el dominio, identificación con los fuertes, valoración excesiva de la dureza.

7 Espíritu de destrucción y cinismo: hostilidad hacia la humanidad (que no sea socia, claro)

8 Proyectividad: tendencia a  proyectar en el mundo y en los demás las propias tendencias inconscientes, y a creer que en el mundo exterior suceden cosas terribles y peligrosas.

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