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miércoles, 14 de agosto de 2013

EL REY DE IPTUCI



En un casi olvidado lugar de la sierra de Cádiz hay unas ruinas comidas por matojos y arboledas, que reciben el nombre de Iptuci. Los restos arqueológicos que emergen a pesar del olvido actual, han arrojado unas piezas que por su misteriosa importancia han promovido que estos cuatro lienzos de muro y una torre circular se levanten en una compleja historia. Y sobre todo, las monedas que con el nombre labrado, en caracteres filofenicios o griegos, de Iptuci, con su enigmática belleza en plata pura, han permitido señalar aquel lugar como una antigua ciudad sagrada.

Cerca de estas ruinas hay un manantial de aguas saladas que lleva actuando como salinas desde hace milenios efectivamente. Parece que desde antes de los fenicios, desde el neolítico, las salinas fueron explotadas por diferentes poblaciones. Sin embargo, la distancia de las ruinas a las salinas aún es grande. El alto lugar donde se hallaron restos como las monedas, el llamado bronce de Iptuci o el cipo funerario romano, que reconocía la importancia de la ciudad anterior quizás bárquida, y desde luego filogriega, parece sugerirnos esa predilección de los helenos por los lugares altos a los que se consagraban los templos y que se dedicaban a dioses importantes para la salud, para la victoria, para la paz.

Las monedas encontradas en Iptuci son de una rara belleza. En una de sus caras aparece un hombre de claros rasgos griegos de época socrática o bien fenicios, adornado con una diadema, como se adoraba al dios Melk, el dios rey fenicio, el dios sabio que dominaba las cosechas y las realizaciones humanas, el mismo que es citado en la biblia como Melquisedec. ES un viejo dios de origen muy arcaico, el rey Sidik o Sedek, que es el iniciador de la orden de sacerdotes que guardan las ciudades sagradas, y que se identifica con Jesucristo también. El nombre de Amílcar Barca también contiene en su raíz al rey del mundo. Melk tiene, en el anverso de su moneda de este lugar la palabra Iptuci inserta en una rueda de ocho radios, que aparece en otras cecas de esta población.


La rueda es igualmente un bellísimo símbolo, que nos parece más celta que fenicio. La figura está hecha con una precisión, sobre un metal tan precioso, que llama muchísimo el interés. A veces parece una rueda de carruaje, o una espuela. Otras veces parece una cruz al estilo franciscano. Leyendo sobre estas poblaciones hispanas, oscurecidas por el imperio romano, vemos que los bárquidas tuvieron a gala emitir preciosas monedas grabadas con distintos símbolos religiosos de gran valor, como hicieron en Gádir o en Cartagena, y además, daban especial importancia al dominio y control minero y de las fuentes de sal en los lugares que colonizaron. Parece que en Iptuci se han encontrado hasta 4000 monedas, muchas de ellas desaparecidas porque se fundían para sacar bronce. Y sin duda muchas se parecían a los duros de plata que se encontraban en las playas de Cádiz, las monedas fenicias de Gádir la antigua.

 Todo este conjunto de datos nos lleva a elucubrar un pasado en ese alto monte de Iptuci en el que poblaciones fenicias, que rendían especial culto a la civilización al estilo ático, generaron centros de desarrollo en lugares estratégicos como minas, fuentes de sal, y otros, y acuñaron moneda muy valiosa así como se dotaron de autonomía e instituciones, que luego los romanos reconocerían en sus cipos y bronces, en el proceso de romanización. Algunas de estas formas culturales son comunes a España y a Portugal, y por eso resuenan en nuestra memoria visual los estilos de construcciones, los símbolos y la estética, que podemos ver también en las dos Extremaduras de la península.

De todos estos misterios, nos quedamos con las ensoñadoras imágenes de las monedas o cecas de Iptuci, que han convertido a aquellas ruinas misteriosas en un tesoro cultural que, si no puede generar más recuerdos en nuestra torpe memoria cultural como españoles, al menos nos permite asombrarnos y sopesar las ceremonias y santuario que en torno a la sagrada sal de Iptuci hubo allí en el alto cielo de los templos, desde los que se divisa la sierra entera de Cádiz, y sus estratégicas carreteras y caminos.

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