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sábado, 16 de julio de 2016

DE LA RESISTENCIA COMO UNA DE LAS BELLAS ARTES


Viendo estos días los horrores de los atentados, y el menor rechazo que se va generando en las redes sociales en torno a estos fenómenos del terorismo yihadista, se puede llegar a pensar que toda resistencia en forma de protesta en Internet, e incluso, que toda lucha simbólica por resistir a la violencia o a cualquier tipo de injusticia empieza a perder sentido, y no es así.

La resistencia a la injusticia y la lucha activa, mediante el poder simbólico y la negación de la injusticia son el arma más poderosa que el ser humano tiene. Fue gracias a la resistencia en las calles y en la gente como se minó definitivamente el fenómeno terrorista en España. Cuando se lucha con la pluma y no con la espada, nuestra escasa capacidad de percepción nos puede llevar a pensar que somos más débiles y que no hacemos nada. Pero cuanto hacemos con ese tipo de resistencia es de un poder que ni mil ejércitos podrían allanar,

Cuando murieron los dibujantes de Charlie Hebdo se organizó en la red un movimiento global de geniales intervenciones simbólicas de la gente, que mediante el humor visual y verbal, combatieron aquel golpe horrible. Es necesario que se siga esa línea de intervención porque mina la moral de los terroristas, y además recarga de superioridad moral a los que se oponen a la violenta injusticia y locura del terrorismo.

El terrorismo de ISIS es muy similar al que tuvimos en nuestro país durante décadas. Es un tipo de acción irracional que golpea a los miembros más inocentes de la sociedad mediante acciones sorpresivas cuya finalidad fundamental es impactar la sensibilidad social y llamar la atención, siendo así de una depravación moral muy grande. Las acciones terroristas que vemos, por parte de individuos alienados o desequilibrados, contra masas indefensas de humanos en colegios o en aeropuertos, en cualquier parte del mundo, son un tipo de maldad producida por falta de empatía y pérdida de sentido de la realidad, cuya intención es provocar un dolor inmenso y epatar mediante la crueldad. ESte tipo de acciones son muy sensibles al rechazo y a la resistencia simbólica, porque no hay nada que pueda serles más dañino que la denegación del poder simbólico que tanto buscan y el desvío de la atención hacia el rechazo del propio mal. Por eso es vital que desde las redes sociales, desde las comunidades virtuales, sigamos haciendo humor ridiculizante, sigamos rechazando, mostrando la repulsa de mil modos, ostentando el dolor. Todo ello es como un balazo en la conciencia moral del terrorista que le va quitando fuerza moral y lo debilita hasta s desaparición.

Los movimientos de activismo social terminan sensibilizando aunque en principio parezcan ridículos, minoritarios o ilusos. Hoy en día es cada vez mayor la sensibilidad hacia los animales, hacia los sufrimientos humanos o hacia las desigualdades sociales y todo ello es fruto del activismo comunicativo humano que despierta en las conciencias dormidas el sentimiento de lucha y la capacidad de pasar de la contemplación a la acción. Cuando Gandhi se propuso liberar a la India del imperio de los británicos no usó más armas que su cuerpo y su palabra, simbolizando una resistencia firme y una convicción de hierro. Con esto, le bastó para derrumbar al imperio inglés en la India.

¿Cómo pudo ser? ¿Por qué líderes indefensos, o grupos inermes, pueden ser tan fuertes como para doblar a un imperio o debilitar la mente asesina hasta aburrirla de sí misma? ES una cuestión de resistencia moral que preserva el equilibrio homeostático asimétrico entre el mal y el bien. 

Cuando se nos inflige un dolor, se produce un reequilibrio en la situación de fuerzas iguales que previamente existe entre los individuos, de manera que el atacado no solamente sufre de ese dolor sino que pierde parte de su fuerza moral porque mediante el dolor también entra en su esfera psicológica el mal intrínseco de ese dolor. Muchos seres oprimidos se sienten sin fuerzas para luchar porque la miseria no solamente les ataca, sino que debilita sus almas. Es así porque parte de lo que nos agrede e invade es ese mal neutro y duro que se proyecta sobre nosotros. 

Defenderse del mal es rechazar y resistir, no el dolor mismo, sino sobre todo, ese mal moral que lo acompaña, el sentimiento de que no es posible combatirlo, o que no se tienen fuerzas para rechzarlo. Y sin embargo, nada hay más fácil que decir No al dolor o a la injusticia: es un acto indoloro y pacífico, como sabía Gandhi. Simplemente rechazando con la conciencia el mal que nos invade, y luchando con el fondo del alma, con el arte que poseemos, contra la injusticia, la vencemos en seguida.

La resistencia y la lucha activa en forma de acción simbólica es poderosísima. Solamente requiere del uso de nuestro ser íntegro, no agredido por el dolor, libre y valiente. Debemos resistir al mal o a la injusticia mediante ese arte que es la resistencia basada en la negación, la ridiculización, la argymentación poderosa, la creación. Todas esas capacidades las tenemos en el fondo de nuestras almas intactas e inaccesibles a las heridas del combate. Basta con que las despertemos frente a las agresiones y ellas mismas nos mostrarán de lo que son capaces.

La pluma es, efectivamente, más fuerte que la espada. La inteligencia, la motivación y el raciocinio pueden con mil dictaduras o insanías morales. La comunicación, cuando es blandida con suave fe y con convicción, es invencible. 

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Hoy tenemos como comunidad global en Internet, la responsabilidad de hacer valer este poder para acabar con todas las fuerzas malignas que quieren someter sobre todo nuestro espíritu de lucha simbólica, mediante la locura y la crueldad sinsentido. Nosotros, como redes sociales, como comunidades que compartimos el medio virtual para generar fuerza de resistencia, podemos oponernos creando sentido al rechazo, mostrando en toda su profundidad la negación que la justicia puede generar como una ola inmensa que abata las peores artimañas del perverso. Y podemos hacerlo mediante el humor, la mostración del argumento inteligente, mediante el rechazo emocional intenso, mediante el calor compartido en la unión simbólica.

Todas esas armas son esenciales, siempre que los pueblos crean firmemente en ellas. la batalla que se libra no es de fuerza física. No es de poder agresor. Es la batalla de la fe en la justicia.

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