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sábado, 16 de octubre de 2010

RETRATO DE UN PROFESOR- CARLOS URRUTIA,YOGA CENTER, MADRID

 kundalini Hoy he asistido a una sesión intensiva de Kundalini Yoga con mi profesor Carlos Urrutia. Si hay placeres en el mundo, o regalos de los más fastuosos que podáis hacer, regaláos una sesión con Carlos. Es realmente un lujo al alcance de todos, algo increíble que nos ofrece esta ciudad tan extraña que es Madrid. ( Él da clases, entre otros sitios, en el Yoga Center de la calle Serrano)  http://www.carlosurrutia.com/

 

La clase de hoy ha sido una auténtica obra maestra. Yo soy profe y sé que una clase es una obra de arte: para dar una clase excelente, todo tiene que estar relacionado, es como un cuadro donde no puede sobrar una pincelada, donde hay que dar todas las capas y trabajar en direcciones diversas: a la derecha, izquierda, en profundidad, en extensión… Pues bien, Carlos  ha dado hoy una clase donde todo sirve para potenciar cada parte de la sesión, el cuerpo para ayudar al espíritu, y al revés, hasta conseguir una exaltación en la mente y el estado físico del alumno, que le lleve a aprender de verdad.

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Siempre pienso que aprender es grabar en el alma de uno algo que no se olvida nunca y que crece sin parar, como dice el poeta canario Juan Jiménez, que crezca eternamente lo que llovió hace años en un instante. Pues eso es lo que hace Carlos: sus clases son semilleros en los que se plantan mensajes de hondísimo calado y larga duración. No me voy de una clase con él sin aprender muchas cosas cada día. Es una especie de milagro.

Carlos es un auténtico maestro, un guía, un gurú. Es una personalidad completamente arrolladora: profundo, simpático, tierno, inteligentísimo, sensible, espiritual, desternillante. De él aprendo siempre, y en todos los sentidos. Es de esas personas tan verdaderas que nos hacen enrojecer a los demás.

Carlos tiene una capacidad para disponer los ejercicios del yoga habitual de modo que el cuerpo no pierda absolutamente ningún beneficio, y que no se produzca ni una sola tensión ni posible lesión en un futuro.  Ejercita su inteligencia sensible con el cuerpo de los alumnos, de modo que entiende mejor tu secuencia de movimientos y los músculos y huesos a cada paso del ejercicio que tú haces. Es como si la inteligencia de tu cuerpo la tuviera él. Esto se va apreciando en las clases cuando estás en pleno desarrollo de las posturas, y en la preparación.  Es de una suavidad, de una calidad, su dirección de movimientos, y a la vez, de una eficacia, que creo que es única. Este conocimiento lo tiene ya automatizado, de modo que te sorprendes de ver con qué cuidado infinito está pensada cada idea de ejercicio, cada pequeñísimo elemento corporal que es considerado y experimentado, hasta que produce un beneficio clave.

Cada ejercicio es un pensamiento que este profesor ha tenido antes. Así debe ser, un profesor tiene que guiar la experiencia con la mente, y enriquecerla y marcarla para que no se olvide. Sus clases no son tablas de movimientos o posturas, son auténticos rezos en el mejor sentido, son reflexiones hechas por una mente y un espíritu que ha dispuesto una serie de técnicas capaces de llevar al alumno hasta la purificación, la limpieza, la liberación, la paz y el amor.  Aprecio muchísimo cada clase porque ni un solo instante de ese presente es en balde, ni está baldío. Cada instante, cada canción, cada postura, conducen a un lugar. Y sales de kundalini con un rumbo. Es de lo poco que necesita el ser humano: un rumbo.

 

INTENSIVO KUNDALINI, abril 2009 por CARLOS URRUTIA, Practika yoga

Pero esto es tan sólo una parte del arte de Carlos. Porque este maestro envuelve toda la práctica en espiritualidad. Es una espiritualidad muy trabajada, muy profunda,  que siempre tiene frutos nuevos que ofrecer a los alumnos en cada clase. Puede hablar de muchísimos aspectos del alma humana, con auténtica sabiduría.  En sus charlas a veces resalta el valor de una frase en la televisión, de una luna llena, de un momento en el año, de una situación personal de alguien. Es también el resultado de otra preparación, la de la persona que medita, que encuentra cosas, y que las ofrece a los demás. Y lo que ofrece es de una densidad enorme. Está en un lugar muy adelantado de la experiencia humana. Creo que los tesoros de conocimiento que transmite son inmensos.A veces es como oír hablar a un viejo yogui de 90 años,  otras veces habla un cristiano del siglo I, otras veces es un filósofo del futuro siglo, alguien que conoce la era de Acuario, o las nuevas formas del ser colectivo, o un poeta.

Porque también hay mucha poesía en sus clases, pues se abre a la música, a las flores, a la penumbra o a la dulzura del contacto humano directo, como a la música potente o rítmica, utilizándolos como herramientas para hacerte practicar el yoga de la energía.  Carlos es además un profesor abierto, ecléctico, absorbe sabiduría de todas las escuelas, de todas las prácticas, y eso es maravilloso.

Pero no penséis que esto significa que en sus clases noojo hay risas, porque nos reímos hasta de nuestra sombra, y una de las cosas que más aprecio de esta inteligencia sobrenatural es su humor: sus punzadas burlonas viéndonos en tal postura, o su visión de la vida actual, o incluso, cómo se ríe del yoga de manual también cuando es preciso. Hay muchísimo trabajo y esfuerzo exigido, pero las recompensas, también en forma de sana risa y alegría, son inmensas:

Cuando termina una sesión con Carlos, sientes paz, pureza, libertad. El cuerpo emite una especie de sonido interior de cántico, como si arrojara fuera la energía que había almacenado y que no fluía.  De repente sientes los huesos, como si fueran esa envoltura de un animal antiquísimo que vive dentro de tí. Se despierta el tacto interior del sistema nervioso, y literalmente oyes hablar a tu carne, a tus músculos y tendones. Todo ello para recuperar ese ser interior, el bardo, el espectador, que como nos explicaba hoy, lo mira todo y ha sido invitado a disfrutar del espectáculo alucinante de la vida. Tienes la sensación de permiso total, para ser feliz, para estar en silencio, para respetar tu vida y tu cuerpo. Tienes la impresión de una absoluta fortuna en tu existencia, de liberación. El cuerpo se vuelve un eco, algo tranquilo, en calma, desatado de sus cadenas, sin miedo.  Hay un callar completo, una plenitud tranquilizada. Esto tan sólo en una sesión.

 

Kundalini es una forma de yoga poderosísima. Los sabios de la India han descubierto cómo agitar la energía dormida en el espacio y en el cuerpo, para convertirla en un elevador espiritual. Como los mandalas, las ondas concéntricas del ejercicio penetran en el espíritu y lo llevan a viajar por su sí mismo profundamente, al tiempo que lo conectan con las vibraciones de los seres del entorno y con el tiempo. Una ve por fin que todos somos capas finas de un mandala cuyo juego de armonías y dibujos va del yo al universo, y viceversa, y esas capas bellamente trazadas y pintadas son los seres, de la tierra, que dialogan en el dibujo.

 

Memorizar y recordar cosas aprendidas debe siempre ser una consecuencia, y no una causa, en la enseñanza. Recordamos lo vital porque lo es. Jamás se olvida una clase de este profesor. Y no memorizamos ni insistimos mucho en nada.

Carlos Urrutia es un maestro en todos los sentidos y estoy muy feliz de haber encontrado esta joya en mi vida.

http://www.carlosurrutia.com/

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