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domingo, 20 de marzo de 2011

incendios, de villeneuve, ¿debe verse esta peli?

Se ha estrenado en los Princesa la película “Incendies” de D.  Villeneuve , que está basada en una obra de teatro del mismo título escrita por un autor llamado Wajdi Mouawad. El espectáculo de la cinta es tan impactante y tan profundo que te deja noqueado para muchas horas.

“Incendios” contiene algunos símbolos profundos del dolor humano y del modo de consolarlo único que existe.Tiene escenas de cine primordial, donde se entiende y se pinta con verdadera hondura la familia, la madre tierra, el origen del mal, el perdón. El problema está en que para pintar todo esto, el director, y quizás el escritor teatral, se ayudan de la violencia y el mal más cruel.

“Incendios” es una película sobre el mal y el dolor, que para entenderlos y absolverlos, los provoca en el espectador. ¿Se debe hacer esto? ¿Es lícito recrear el mal, aunque sea en la ficción, como mecanismo retórico? ¿no hay una frivolidad, una falta de sensibilidad, en esa postura?

Alguien con una sensibilidad total respondería que nunca jamás: si un director, un artista, utiliza el mal para comunicar algo, aunque sea su solución, está en una posición censurable, cruel. La denuncia es algo importante, pero hay tantas formas pacíficas, tantas formas de alta energía de hacerla, que  recurrir a la denuncia por la expresión del horror es un juego extraño, como una fascinación por el espanto. Y creo que algo de esa fascinación por el espanto hay en esta película.

La expresión de la ciega tragedia –parece que estamos viendo una auténtica obra de Esquilo en la película-, la ciega evolución de la vida que siempre renace a partir de esa tragedia, en pureza, están aquí evocadas de un modo nuevo y alucinante. Cada escena es un símbolo, una imagen profunda que supera al ser humano y lo unifica con los elementos. Pero, como digo, esa unificación es la firma del mal: es por la tragedia como se ve y se expresa, como se hace manifiesta.

No quiero un cine de mundo maravilloso donde no exista el mal. Quiero un cine que ante el mal tome una postura de resistencia. Igualmente, no quiero combatir el dolor y la crueldad con una posición cruel y dura, sino con esas posiciones que ha habido en la tierra, de gente que ha conseguido luchar con él mediante la fuerza del bien absoluto. Además, no es necesario copiar aquello que se combate. Uno puede combatir toda la vida el mal diseminando la alegría, la fuerza del amor, la verdad radiante y la ilusión, como piezas clave de la vida, en mil obras indirectas y en todas las situaciones de la existencia.

No obstante, si decidís ir a ver esta película, veréis con qué profundidad el director ha llegado a mostrar que no tenemos un sólo corazón, sino un prisma de múltiple esencia que no puede entenderse a sí mismo si no es en la propia desenvoltura de la vida. El animal humano es mostrado en toda su raíz profunda, anclado en el amor como si fuera una raíz gigantesca, y, al tiempo, vuelto hacia la existencia como si fuera a su propio final con toda impiedad y miseria.

Para pensar si uno va o no va a verla.

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