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miércoles, 23 de marzo de 2011

JOSÉ LUIS GÓMEZ, DOCTOR HONORIS CAUSA EN LA COMPLUTENSE

Hoy han investido a José Luis Gómez con el título de Doctor Honoris Causa en la Complutense. Es una decisión acertadísima, pues no hay hombre más sapiente y esencial en la cultura teatral al que se pueda considerar doctor en términos académicos. La tarea del Gómez, como es conocido en el mundillo teatral, en la Abadía, ha sido un auténtico magisterio y mecenazgo cultural estos últimos decenios. Sin él el teatro en Madrid sería infinitamente cutre y pobre.

En el Paraninfo, donde se alojan las inspiradoras ideas y los conocimientos últimos, de la Universidad, había hoy mucha gente de universidad y mucha gente de teatro. Y era divertido ver la mezcolanza: algunos miserables tradicionales del mundillo teatral estaban allí, como siempre, como cuando yo iba a los estrenos de teatro con mi madre, que dirigía el Albéniz: nunca olvidaré que un porcentaje muy alto de los teatreros de esta generación se portaron como auténticos cerdos con el Albéniz. Algunas de estas personas, trepas y ambiciosos que viven en ese mundo, estaban hoy en el Paraninfo. Allí estaban también los periodistas y gestores culturales que, igualmente marranos, trepan con ellos y les acompañan, y por lo que he visto, por ellos no pasa el tiempo: siguen viviendo de las migajas culturales, vendiéndose a quien puedan, haciendo como que son artistas. Allí estaba la ministra de incultura, y el vicepresidente de la comunidad que es como un maestro jamonero con chaqueta, per´don, es como el tocino, con chaqueta.

José Luis Gómez

La laudatio del profesor Huerta ha sido excelente, y el dicurso de José Luis Gómez, una delicia de expresión y confidencia íntima, una auténtica lección magistral. Ha citado un texto de Conrad sobre los factores que ayudan a la realización técnica, que él considera un auténtico sacerdocio de la interpretación. Para Conrad la maestría técnica se acompaña de la intuición del artesano, de un arte especial, y también, de la tradición de los expertos en esa técnica y del elogio de los que la disfrutan. Gómez es un titán de la cultura profunda, sabe de la concepción normal del arte y sabe que es fundamental la disciplina para llegar a crear a fondo, más allá de la vanidad y del aplauso, la obra que `perdura.

Después habló nuestro rector Berzosa, terminando sin gracia y con torpeza, pero el zafio vicepresidente González no tuvo ni la cortesía de aplaudirle. Vaya panda de garrulos en la mesa del tribunal. Al fin y al cabo Berzosa es un aficionado pasional al teatro, y eso hay que agradecerle. El otro es un mindundi.

Y entre besos, aplausos y elogios, se mezcló la gente de la universidad y la del teatro, los que viven de sus manos y los gaznápiros como la que fuera directora del Albéniz, que ni es profesora ni es de teatro. Es una pena que si pasáramos la liendrera por actos como éste, se quedarían prácticamente vacíos.

Es un consuelo que las obras hayan sido creadas, publicadas, interpretadas por la gente realmente culta, que es la que labra el tiempo, mientras los piojos de las mafias culturales sobrevuelan el sembrao.

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