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miércoles, 14 de noviembre de 2012

la conciencia social mueve montañas–y sistemas-

 

 

Una de las cosas de las que intentan persuadirnos constantemente desde el poder político y económico de las minorías es que no se puede cambiar la vida social, y que cualquier cambio tiene que venir de lo físico a lo psíquico, desde el puro bien material o el soporte tangible y visible. Y no hay mayor mentira, como recordaba hace unos días la actriz Nacha Guevara.

Parece mentira que en España tengamos tan poca memoria, y que tenga que venir alguien de fuera a recordarnos que todo el inmenso desarrollo de nuestro país, que se produjo en una decena de años –los 70- fue sobre todo un cambio inmaterial, generado en las actitudes, la conciencia, la juventud mental de la generación joven de entonces –mis padres, y muchos otros padres-. Ellos tenían todo el futuro en sus mentes, y por eso, sólo por eso, modificaron radicalmente la existencia de la gente. Era la capacidad para adaptarse a los tiempos, la modernidad del pensamiento, la libertad como una actitud cotidiana, la flexibilidad para innovar y sobre todo  la conciencia de que lo más importante era avanzar, de que había una obra entre sus manos, que era darle a España la vida que merecía tener desde hacía lustros. Lo consiguieron en seguida, y todo por la conciencia. El cambio está en la mente.

Que no nos digan ahora que es imposible cambiar el podrido sistema financiero o la corrupción política, que sin dinero, sin materia, nada es posible. Una mierda. El dinero no produce nada que no esté en la mente de quien lo usa. Es la conciencia de un país la que mueve montañas, y la que puede sacarnos de esta crisis en un año. Es la mente, la actitud de la gente, la que hace o deshace, por más que los usureros europeos no lo quieran, por más que los inmovilistas o los viejos de espíritu no apuesten por ello.

Cada vez que hay un obstáculo, si el grupo social tiene la mente dinámica y la actitud optimista, eso se convierte en un acicate para desarrollar más energía, más actividad. Son las ideas, las palabras, las que mueven el mundo. Esta es la convicción que debemos recuperar. Pensemos en cómo hoy la comunicación puede movilizar a masas, en cómo podemos compartir más rápidamente que nuestros padres las situaciones y las soluciones. No hay más que ver, leyendo al revés la historia, cómo el futuro siempre da la razón a los movimientos por la justicia, por la dignidad humana. Ellos son los que hacen la política y los que funden la vida social en nuevas formas.

Si somos capaces de darnos cuenta de que el inmenso poder está en las mentes, en sus palabras y su comunicación, en la conciencia que debe despertar, como ocurrió el día 15 de mayo de hace dos años casi ya, entonces habremos avanzado velozmente hacia el bienestar.

Hoy el futuro es más prometedor que nunca en este sentido, porque hoy he visto de nuevo ese espíritu moviéndose, creando una conciencia ciudadana, amasando una fortuna en ejemplos de personas que secundan una actitud, que quieren que se madure la evolución de una vez por todas. A pesar de la situación, y en parte por ella, la conciencia en España está creciendo. Pronto estará preparada para tomar de nuevo el mando, como ocurrió en los años 70.Foto aérea de la manifestación de la huelga general del 14N. / Juan Luis Sánchez

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