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domingo, 1 de noviembre de 2009

EL FIN DE ESPERANCITA




Esperanza Aguirre acabará mal. Cada vez está más claro su verdadero perfil de persona ávida de poder, insensible e inhumana, tal y como muestran las guerras sucesivas en las que se va metiendo con sus propios compañeros de partido.


Imaginemos a cualquier otro presidente o presidenta de comunidad autónoma, enzarzado en tensiones y enemistades con su propio partido, o con otros, por motivos de acumular poder y dinero en cualquier sector de actividad de su región. ¿A que no nos hacemos a la idea?. Y sin embargo aquí tenemos a esta elementa, insaciable en sus deseos de controlarlo todo, y por ello, completamente incapaz de darse cuenta de quién es y de lo que tiene que hacer.


Su ansia de poder ha llegado tan lejos, que está pisando verdín, como dice un amigo mío. Podemos ver ahora, en el espejito mágico de la actualidad informativa, que de vez en cuando da una vuelta de tuerca y nos enseña más la verdad de un político, cómo esta pajarraca amenaza a su propio líder de partido, y va poco a poco perdiendo el apoyo de los que la han votado, votantes del PP, por controlar un banco. El pestilente olor de los manejos de Aguirre está llegando, por fin, a la gente: que pierda de esta manera los papeles por controlar un banco...


Tarde o temprano Aguirre caerá, como cayó Aznar, para no volver a levantarse jamás en la política: hay posturas que aparentemente tienen todo bien atado y atraen por su indolencia, por su autoridad, pero que al final producen una defenestración del autoritario indolente, y lo que es peor, su descrédito para siempre.


De ningún presidente se han oído los comentarios despectivos que se oyen ahora, de Aguirre. LLegarán a la urnas, y entonces, muchos veremos con alegría que esta hydra abandone el control de Madrid. La cultura, el estado social, el bien de la comunidad, lo agradecerán.

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