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sábado, 21 de noviembre de 2009

HACIA LA PERFECCIÓN INFINITAMENTE...




El camino hacia la perfección es infinito. Cuando compruebas que en tu vida has realizado las cosas que debías emprender, y que vas haciendo todo lo que te pide tu libertad y tu sentido estético, sientes una especie de emoción inquieta: como si, a la vez que experimentas el placer de la obra bien hecha, sintieras que debes de continuar por ese camino, porque todavía no has sentido ni una milésima parte de la satisfacción que puedes conseguir...


La realización personal es infinita. El pensamiento humano me sorprende constantemente por su delicadeza infinita, por su sutileza y sus mil gamas de colores posibles en las ideas, en los aspectos que considera. La comunicación humana y con el entorno es también asombrosa, inaudita. Ahora mismo puede haber millones de personas siguiendo un simple mensaje que ha dejado en una botella en forma de blog, un navegante... No sospechamos siquiera, ni nos podemos hacer una idea, de lo inmenso del poder de la comunicación de la belleza para atraer a sus herederos, DEL PODER DE LA FE -ES DECIR, DE LA GESTIÓN DE LA INFORMACIÓN- para crear lo real.


El otro día pensaba que dentro de nuestra mente tenemos un inmenso fondo de todas las cosas y fenómenos que deseamos que acontezcan. Todas las puede generar nuestra mente, todas las almacena, y todas están ahí dentro, a nuestro alcance. No en la palma de la mano, sino en la mente, dentro de nuestra cabecita. Todavía más cerca que la mano.


La cuestión es cómo conseguir que de la mente, pasen a la mano, es decir, que adquieran vida práctica y se traduzcan en materia concreta. Pues la idea es simple: necesitan un traductor. Un traductor es algo o alguien que cambia de idioma un mensaje existente.


El traductor de todo lo que queremos y deseamos puede ser la emoción: ella puede llevar aquello que tenemos pensado a aquello que deseamos tener en nuestras manos. Otro traductor es la fe. La fe puede ayudar a extraer de nuestra mente el objeto de nuestras aspiraciones, materializándolo. Otro traductor es la poesía, la metáfora. Una simulación -como la que hizo el Doctor House el otro día en el episodio de la "mano fantasma", puede indicarle a nuestra mente lo que tiene que hacer con ese mensaje dormido en su fondo.
Muchas terapias encuentran simuladores, metáforas, expresiones poéticas. Otro traductor es un cambio de plano, que ayuda a desbloquear aquello que está hundido en nosotros mismos y que no puede salir aunque está en nosotros. Por ejemplo, realizarse en otro soporte de expresión, o encontrar el amor en una persona diferente a la idealizada. Y otro traductor, que ayuda a la mente a poner en sus manos lo que quiere, es la insistencia y la paciencia: esperar, darle tiempo a que trabaje, saber aguardar al momento preciso, y tomar la vida como una trama, no como un simple paso de días, sino como una aventura, como algo que se está fraguando...


Feliz descenso hacia la perfección, amigos...ya estamos acercándonos...


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HACER ALGO CON LAS MANOS Blog de creación y comunicación de Eva Aladro Vico