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jueves, 5 de noviembre de 2009

UN DESEO PACÍFICO




La mayoría de nuestros deseos no son pacíficos, sino que sumen a la mente en un estado de ansiedad, agitación y obsesión. Con ello, el deseo de algo necesariamente aleja a la persona de aquello que quiere conseguir, porque la ansiedad y la sensación de impaciencia llevan muchas veces a la desesperación y al pesimismo, en definitiva, atraen más la carencia y la miseria que objetos de riqueza o de deseo.


¿Existe un deseo en paz? Si deseamos algo, su falta nos produce tristeza. Y el deseo tiene que ser alegre, pacífico, para poder llegar a atraer su objeto final. Simone Weil decía que la admiración y el amor eran formas de deseo en paz, pues con ellos deseamos algo pero no nos inquietamos ni nos impacientamos, sino que estamos en paz, respirando en nombre de aquello que admiramos o amamos.


El deseo, entonces, tiene que ser feliz y amoroso. Tiene que ser un deseo que acepte cualquier vía de realización. Debe admirar su objeto sin esperarlo, sin buscar exigencias sobre él, sin caer en la tristeza o la angustia de su ausencia. Para que el deseo movilice al alma, tiene que convertirse en fe en que conseguirá su objetivo -de este modo evita el deseo paradójicamente unido a la ansiedad-.


El deseo pacífico tiene que poseer aquello que desea, sin tenerlo, porque es el único modo de trabajar por ello. Tiene que ser una concepción, más que un deseo: concebir completamente aquello que se quiere poseer y perfeccionar esa idea, cultivándola, rindiéndole su amor, su admiración. Movilizar el afecto a favor de lo que se desea, evitando a toda costa cualquier emoción no relacionada con la satisfacción del deseo.


Un deseo en paz. That is the question!

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