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lunes, 30 de abril de 2012

RELEYENDO A UNA REVOLUICONARIA AUTÉNTICA: SIMONE WEIL Y EL 15-M

Cuando miramos los textos escritos, con urgencia, por los jóvenes que el año pasado se reunieron en la Puerta del Sol de Madrid, lo primero que nos salta a la vista es la poesía densa que se dió en aquellos días, que llevó a muchos a rebautizar calles y plazas, llenándolas de versos, lemas, frases donde la inteligencia se demostraba, el humor se hacía presente, pero sobre todo, donde la visión poética de la realidad era dueña de todo. Me acuerdo de aquellos cartelones enormes que adornaban con publicidad de cosméticos las fachadas con andamios de Sol, y que fueron reutilizados por la gente del 15-M colocando palabras y recortes encima hasta transformarlos en slógans y leyendas con significados profundos.

 

El 15-M fue una efusión poética inaudita en un país como España, bien cargado de poetas ignorados y abandonados por todos. Basta echar un vistazo a Moguer, o a la casa de Vicente Aleixandre. Basta ver los períodicos españoles para notar que España es un país que da la espalda a la poesía. Sin embargo, el 15-M mostró una generación de poetas: poetas sociales, poetas de la vida económica, poetas urbanos. gente capaz de convertir todo un fenómeno de protesta e indignación en un efluvio de densa poesía. ¿Y por qué? Parece pura coincidencia, puro romanticismo. ¿Es así?

 

En absoluto. La poesía es la forma más intensa de revolución posible, aquella, como decía Simone Weil, que no puede convertirse en una traición a sí misma o en un estupefaciente corrompiendo su impulso. La poesía es el fin último de la indignación política y obrera, porque nada proporciona un mayor valor en la vida del trabajador más humilde, de las clase social más depauperada, que la atención maestra a la existencia que la visión poética regala. El pueblo tiene necesidad de poesía como de pan, decía Simone Weil, en su texto Condición primera de un trabajo no servil, que traduje hace unos años:

http://www.ucm.es/info/per3/nueva_web_eva/weil.pdf

El 15-M fue intensamente poético porque fue un fenómeno de elevación moral en un país depravado y depauperado moralmente. Fue una inyección intravenosa de poesía en estado puro, que iluminó para siempre la Puerta del Sol, donde, algunos profetas del verso ya dijeron que el 15-M se celebraría algún día como fiesta nacional. Yo así lo creo también.

El impulso poético que hizo presentarse a tantos corazones al desnudo en Sol es el impulso revolucionario más auténtico, y si queréis saber por qué, leed a Simone Weil, cómo explica que la única fuerza que puede anonadar el stréss, la miseria laboral, la desesperación humana, es la fuerza de la atención intuitiva que nos conecta con la maravilla de la existencia y con la fuerza creadora primordial. Ello gracias precisamente al carácter supeditado y doliente del trabajo, o de la miseria,  que constituyen verdaderas puertas para acceder de manera privilegiada a la belleza de la existencia, sentida de la manera más densa posible. El proceso es muy complejo, pero sigue siendo la más cierta visión de la felicidad en el mundo. La poesía no es sino una necesidad fundamental que redime al ser humano de todas las situaciones nefastas que existen en nuestra sociedad.

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