André Malraux afirmaba que el hombre y la mujer no son sino dos especies humanas distintas. Y conforme voy cumpliendo años, voy comprobando hasta qué punto es cierta esta afirmación, contrastada por la experiencia y por la capacidad de penetración que la misma va proporcionando. Efectivamente, hombres y mujeres somos absolutamente diferentes, tanto, que el conocimiento de nuestras diferencias de raíz es la clave de una auténtica comunicación, que pasa por el reconocimiento de la radical diferencia entre hombres y mujeres. Bien es cierto que gracias a lo que Baudelaire y los demás autores de la sabiduría perenne llamaban las "correspondencias", es posible que nos entendamos, igual que lo hacemos con las otras especies o mediante diferentes medios y códigos de traducción de nuestras lenguas. Si pudiéramos adoptar el tono relajado necesario para que no se nos exalten las personas que defienden el credo esencial de la igualdad atributiva, podríamos describir cuáles son lo...