Trabajo y pasión
Simone Weil afirmaba que había en el ejercicio de un trabajo un fondo siempre difícil y complejo, que lo ataba al mal, porque trabajar supone a menudo luchar por arrebatar para nuestro provecho o subsistencia la riqueza, el bien o la vida a nuestro entorno, por lo que algo esencial ponía siempre en inconciliable enfrentamiento nuestra moral y ética y el trabajo. Esta concepción profunda y triste del trabajo como algo negativo, se acompaña más comúnmente de la concepción más religiosa del trabajo como tortura o castigo personal, algo ligado también a la falta de libertad y a la lucha por la subsistencia. Sabemos por Weber que el concepto del trabajo como castigo generó estructuras sociales completas, economías y filosofías de vida. También suscitó revoluciones sociales y económicas que dieron al traste con esa idea profunda pero oscura o penosa del trabajo. Más allá de todo esto, yo quiero defender aquí...