El ser humano necesita a toda costa hacer cosas de importancia en su vida. Vivir sin hacer esas cosas parece algo insoportable, vano, desierto, descorazonador. El ajetreo, el afán ansioso, la búsqueda desaforada de cosas con sentido, que realicen a la persona, y la hagan sentir que su vida tiene un rumbo, y está completa, ha sido valiosa, y que puede descansar tranquilo habiendo vivido, es la energía secreta que mueve el mundo y a la humanidad. Somos como hormigas que ansían encontrar ese algo que hacer, que no es cualquier cosa: no es divertirse simplemente, ni sentirse inmerso en un rebaño, familia o urbe, no es envolverse en oro, ni en prestigio, ni agotarse en esfuerzos o deportes, ni en trabajos o misiones que estructuran el tiempo del que se aborrece. Si miramos vida a vida las cosas que la gente hace, veremos un devaneo de intentos, muchos de ellos frustrados, de encontrar un sentido a su vida, mediante amores, libros, hijos, imaginaciones. Pero lo que realmente n...